Análisis

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 Elizabeth Burgos
 
   

 

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La navidad a la que no llegó el Niño Jesús
 Lucy Gómez
 sábado, 25  diciembre 2004

 

      La cola  de  becarios de las misiones  era casi de dos cuadras y  daba vueltas sobre si misma bajo un sol reconcentrado al mediodía.

 

Hicieron cola durante horas con sus niños  en los brazos, con  sus bolsas, con sus muletas, con su contrariedad, porque ellos son los del gobierno, pero les pagaron  el 23 de diciembre a última hora, sin darles  tiempo sino  para encontrar lo mas caro.

 

Fueron a comprar  con los realitos que les pagaron por fin a  las siete de la noche, los juguetes, la ropa y la comida que sobrevivieron a la marabunta que acabó con las existencias a precios razonables,  después que  dieron utilidades y aguinaldos a los empleados de las empresas privadas, entre finales de noviembre y la primera quincena del mes.

 

Pensé que era una  irresponsabilidad. Una crueldad. Algo horrible. Pero al dia siguiente fue peor. Hubo algunos a quiénes no les llegó nunca el dinero. Y la ira fue llenándoles el corazón. Unos días antes, en el sótano, la mayor parte de los afectados,  se había enterado que no estaba en la nómina de los pagos, ni siquiera en la de la última hora.  Ese dia tiraron Bin Ladens que sonaban a bombas terroristas,  tocaron tambor desaforadamente con  los pipotes de basura, las cabillas convertidas en  redoblantes, exhibiendo una risa falsa,  pesada  y gritona. Mientras, desde los pisos superiores tiraban hacia abajo papeles,  pedazos de cajones, basura. El ruido era infernal. Los comerciantes sólo  pensaban en cerrar lo mas pronto posible.

 

Y como no dieron resultado los Bin Ladens, los tambores, la pancarta roja y blanca que afirmaba el respaldo de los Tupamaros a los  vigilantes, fueron sustituidos a última hora  por otros hambrientos en  los ascensores y en las plantas bajas  de todos los  edificios del gobierno. Fue cuando  decidieron cobrarse  la deuda.  Después de las seis de la tarde sabiendo que no podía ya llegar el Niño,  arremetieron contra los comercios  e iniciaron el saqueo.

 

Las malas lenguas cuentan que inclusive atracaban a quienes pasaban por ahi . Otro,  "amigo" cuenta que además se llevaban las guirnaldas  de las residencias  del complejo, porque " no tenían como adornar su casa".    El motín duró toda la madrugada.

 

El gobierno, preocupado por el bien de la comunidad, llamó a la Guardia Nacional, al  igual que hizo con la revuelta de los buhoneros en el centro de Caracas, un mes antes.

 

Los mismos vecinos que habían recogido dinero para dar algún aguinaldo a los vigilantes  caidos en  desgracia, pidieron que llegara el orden.

 

Y como siempre, al exceso del desorden, prosiguió el exceso del orden.  Como dijo una de las autoridades,  " No habían coreado, una y mil veces, Con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo.  Ahi tienen pues, lo unico que les estaban pidiendo era que pasaran hambre en  Navidad y no fueron capaces. Ahora van presos".

lucgomnt@yahoo.es
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