Inicio | Editor | Contáctenos 
 

 Webarticulistas

Manuel Malaver

 

Eli Bravo

 

Luis  DE LION

 

Roberto Palmitesta

 

Lucy Gómez

 

Alexis Márquez Rodríguez

 

Ted Córdova-Claure

 

Antonio Sánchez García

 

Aníbal Romero

 

Charles Cholaleesa

 

Agustín Blanco Muñoz

 

 

Líder de papel
por Trino Márquez
jueves, 19 octubre 2006

 

Desde que obtuvo la victoria el 6 de diciembre de 1998, pero especialmente a partir de su cuestionado triunfo en el referendo revocatorio en agosto de 2004, Hugo Chávez ha tratado de convertirse en el líder mundial de la izquierda radical, el antiimperialismo y el anticapitalismo. Con un Fidel Castro disminuido y en el ápice de su vida, el comandante vernáculo vio la oportunidad de tomar el testigo de manos del anciano déspota caribeño. Tras esa quimérica meta ha gastado buena parte de la fortuna que los altos precios internacionales del petróleo le han proporcionado durante los últimos cuatro años. No ha escatimado esfuerzos en dilapidar el dinero de los venezolanos organizando en Caracas reuniones  internacionales en la que congrega a ese minúsculo grupo de la izquierda intervencionista, estatista y atrasada que todavía queda en el planeta, y que, quién sabe cómo se financia, va de Sao Paulo a Seattle, y de Montreal a París, denunciando la globalización, mientras sus militantes se comunican entre sí a  través de Internet, uno de los símbolos más conspicuos de la mundialización a partir de la década de los años 80. Con la misma intención, Chávez oxigena las famélicas economías de Cuba y de Bolivia, le da dólares a ese reducto del jurásico que son las Madres de la Plaza de Mayo, a los sandinistas, al Frente Farabundo Martí y, en general, a una parte significativa de los grupos insurreccionales de América Latina.

         ¿Con ese derroche de recursos Chávez ha construido un liderazgo internacional sólido? No hay dudas de que el hombre de Sabaneta debe de ser uno de los presidentes de la región más conocidos en el mundo. A lo mejor, el que más. Sin embargo, entre exposición pública y liderazgo hay una distancia sideral. Sadam Hussein, por ejemplo, fue durante mucho tiempo el centro de atención de noticiarios televisivos y radiales, portadas de revistas famosas, periódicos de prestigio internacional. Ahora bien, ¿era el sátrapa iraquí un líder reconocido y apreciado? Nada de eso. Al contrario, era un mandatario del que todos los presidentes y dirigentes importantes huían despavoridos, salvo el gobernante venezolano. ¿A quién lidera Illich Ramírez, “El Chacal”, quien fuese durante bastante tiempo el venezolano más conocido de la Tierra?

Chávez es ampliamente conocido en muchos sitios fuera de Venezuela. Periodistas, reporteros dirigentes políticos y sindicales han oído hablar del personaje. Su imagen aparece con frecuencia en medios impresos y radioeléctricos. Sin embargo, de  ninguna manera podría decirse que es un líder en el sentido positivo que contiene la expresión. El liderazgo verdadero se comprueba cuando quien intenta erigirse en tal, sintetiza y coloca todas las fuerzas en la dirección que considera acertada y obtiene las metas esperadas. Chávez está en las antípodas de este modelo. Tanto que, incluso,  podría decirse que es una especie de antilíder o antihéroe, pues a quien toca lo hunde en la derrota. Le da el beso de la muerte, como dice Rosales. Manuel López Obrador, Ollanta Humala, Lula y ahora Rafael Correa,  han sido víctimas de ese halo mortífero que despide el mandatario criollo.  La asociación con Chávez cavó la tumba de esos candidatos que en algún momento despuntaron en las encuestas y aparecieron como firmes aspirantes a obtener la presidencia en sus respectivos países. Del ALBA, con la que se probó la influencia internacional de Chávez,  ni siquiera vale la pena hablar. No le ha prestado atención sino Cuba, y eso por las razones de sobra conocidas.

El último terreno donde se ha medido el supuesto prestigio del mandatario venezolano es el de la elección del miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Venezuela ha sido integrante de ese cuerpo cuatro veces. En todas ellas obtuvo una sólida mayoría desde el comienzo de las votaciones. Eran tiempos en los que en la Cancillería había gente seria, profesional y equilibrada, que con base en sus méritos y conocimientos de la materia, lograban los respaldos necesarios para que el país alcanzara ese escaño. Los presidentes de turno no se declararon antiimperialistas, ni antinorteamericanos, ni coquetearon con regímenes radicales que fomentan el armamentismo atómico. Es decir, hicieron todo lo contrario de lo hecho por Hugo Chávez, quien colocó al frente de los asuntos internacionales a personas que carecen de experiencia diplomática, y no muestran la menor autonomía frente a los desaguisados y enredos en los que el caudillo involucra continuamente a la nación.

Chávez  responsabiliza a Estados Unidos de su fracaso. Después de identificarse con los regímenes de Cuba, Irán y Corea del Norte, y con la guerrilla de Hezbolá, y luego de atacar sin piedad a Bush y al gobierno norteamericano en todos los escenarios posibles, ¿pretendía que el Departamento de Estado apoyara la presencia de Venezuela en el Consejo de Seguridad o que no se opusiera a su inclusión? Lo menos que podía hacer EE.UU. era utilizar todo su peso para bloquear el acceso de Venezuela al CS y evitar relacionarse con un socio tan disparatado en una instancia tan importante del sistema de Naciones Unidas.

Esta  nueva derrota, la más costosa de todas, es otra demostración incuestionable de que  el liderazgo internacional del caudillo populista es de papel, y que ni la montaña de petrodólares, ni los halagos sirven para afianzarse en el plano internacional como un dirigente admirado y seguido por sus aciertos y logros. Lo más lamentable es que la nación en su conjunto ha financiado la megalomanía del presidente de la República, sin que ninguna institución del Estado sea capaz de pedirle rendición de cuentas  por el gasto obsceno que realizó, y por los enormes compromisos contraídos por el país con naciones con las que Venezuela no mantiene ninguna relación comercial significativa. Chávez debería responder acerca de cuántas familias habrían salido de la pobreza, cuántos niños de la calle habrían sido recuperados, cuánto se habría avanzado en el sistema de seguridad social integral, y cuántos hospitales, escuelas, kilómetros de carreteras y autopistas, rieles de ferrocarriles y metros, hubiesen podido construirse con el dinero que repartió para alcanzar una meta que, de paso, mientras la buscaba con las manos la destruía con los pies.

          tmarquez@cantv.net

 
 
 
© Copyright 2006 - WebArticulista.net - Todos los Derechos Reservados.