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El torneo inducido a la república en silencio
por Teódulo López Meléndez  
domingo, 17 septiembre 2006

 

Lo que estamos viendo no es una campaña electoral. Lo que estamos viendo es la prueba de la falta de veracidad de la “democracia” que vivimos. Esto es un remedo de campaña electoral, como esto es un remedo de democracia. Esta campaña electoral es fiel reflejo de la situación en que nos encontramos. Esto no es más que un guardar de apariencias, un juego que se juega por reflejo. 

Aquí lo que se percibe es una lúgubre ceremonia ritual. Aquí no se está viendo una fiesta democrática. Aquí no hay jolgorio democrático. Aquí no hay siquiera propaganda ocurrente. Esto parece la procesión fúnebre de un cadáver sin parientes. Esto es un remedo y remedo es fiasco, apariencia forzada, escenografía deteriorada. En otros tiempos los aviones de la Fuerza Aérea volaban sobre las ciudades llamando a la gente a salir a “cumplir con el sagrado deber”. Ahora se nos dice que si no metemos los pulgares en la captahuellas seremos considerados perturbadores y tratados como tales. Ahora los términos militares, las concepciones militares,  las palabras de cuartel, se han entronizado en lo que es una contienda netamente civil, y así se nos habla de “batallones”, de “pelotones”, de “escuadras”, de órdenes de mando. 

Agudicemos los oídos en el metro, en las busetas, en las calles, en las panaderías, en los abastos y no oiremos una palabra sobre la campaña electoral. Los medios corren tras unas pedradas o detrás de una frase insolente para informar que hay campaña electoral y cada canal transmite 24 horas sobre 24 horas las repeticiones de su preferido para comprobar que hay campaña electoral. Una que existe sólo para los activistas directamente implicados. La respuesta general es de silencio, de absoluta reserva. No se discute, ni siquiera se habla, no se comenta, no se dice nada. Las personas parecen zombis cumpliendo con su rutina, los jóvenes se divierten, las amas de casa abren la boca cuando la cajera del supermercado les dice lo que tienen que pagar.   

Hay quienes se dedican a sacar cuentas de lo que un canal dedica en tiempo y espacio a un candidato y no ve la viga en su propio ojo. Se dictan normas de propaganda y se anuncian sanciones, se hacen ferias con premios para que los jóvenes se inscriban, a diario escuchamos declaraciones sobre pautas y decisiones, se anuncia el inicio –tres meses antes- de la Operación República incluyendo reservistas, pero la parafernalia no causa efecto. Uno mira aquí y allá y sólo en las pantallas del televisor encuentra la campaña electoral, pero no una que esté allí por modernización tecnológica de los procesos electorales, sino una forzada, traída por los cabellos, inducida. 

Este es un país harto, uno cuya cabeza anda pensando en otras cosas, en otras contingencias, en otros derroteros. Esta es una república agotada bajo camiones de verborrea inútil. Esta es una república que ya no quiere preocuparse sobre las inducciones sino sobre las realidades. 24 horas sobre 24 horas se nos dice que estamos en campaña electoral y al buscar los elementos propios de una no se les encuentra. Algún aspirante a Goebbels aparece torciendo y retorciendo, la jefa del guardián electoral luce sus nuevos peinados y sus nuevas vestimentas acordes con la jerarquía de su cargo; los intentos de polémica son aburridos, traídos por los cabellos, insignificantes. 

La entelequia de esta campaña electoral, que se nos dice existe, es igual que la calma chibcha que precede a las tormentas. Esta campaña electoral es ejemplificante de un agotamiento, de un “no más”,  de una desidia transitoria que alcanzará vientos de 200 kilómetros por hora. La entelequia de esta campaña electoral, que se nos dice existe, no es, de parte de la población,  conformismo; equivale a un proceso en formación, a los primeros pilares de una matriz de opinión, a los cimientos de algo significativo. Esta se está convirtiendo en una república deductiva. Incrédula pero deductiva. Silenciosa pero deductiva. Mientras tanto el aire es pesado, seguimos ocupándonos de los concursos de belleza, los temas de las conversaciones son absolutamente inocuos, como corresponden a los tiempos que corren, a las realidades que vivimos, a las verdades que nadie puede tapar induciéndonos a pensar que existe una campaña electoral. Sólo que la procesión va por dentro de esta república.

tlopezmelendez@cantv.net

 
 
 
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