Inicio | Editor | Contáctenos 
 

 Webarticulistas

Manuel Malaver

 

Eli Bravo

 

Luis  DE LION

 

Roberto Palmitesta

 

Lucy Gómez

 

Alexis Márquez Rodríguez

 

Ted Córdova-Claure

 

Antonio Sánchez García

 

Aníbal Romero

 

Charles Cholaleesa

 

Agustín Blanco Muñoz

 

 

La información de los dioses
por Teódulo López Meléndez  
lunes, 2 octubre 2006

 

Busco en todos los servidores de Internet  información sobre las páginas Web de los dioses. Las respuestas son negativas, lo que confirma mi vieja afirmación de que los dioses no tienen páginas Web. Busco información individual sobre las más recientes palabras de los dioses de las tres religiones monoteístas y el resultado es el mismo, lo que confirma mi vieja afirmación de que los dioses tienen mucho, pero muchísimo tiempo, sin hablar. Busco información sobre los dioses de las religiones politeístas y el resultado es el mismo. Hay información sobre las religiones y sobre los dioses, pero las religiones no son mi especialidad, apenas soy un lector de Mircia Eliade

Tal búsqueda la hago porque Chávez se persignó en el podium de la ONU, lo que resulta tan insólito como que un jefe de estado musulmán se hubiese puesto allí en dirección a La Meca a recitar las oraciones o que el Primer Ministro de Israel se hubiese dedicado a orar como si estuviese ante el Muro de los Lamentos. El candidato Rosales se dice protegido con agua bendita, dice trabajar conforme a la voluntad de Dios, sabe que cosa son aberraciones y virtudes para los dioses. El presidente invoca constantemente a Jesús, en infinidad de ocasiones parece un pastor protestante norteamericano –en el arte lo debe haber entrenado ese extraño personaje llamado Jesse Jackson-  y su lenguaje de “amor” es asociado a la voluntad divina. En pocas palabras, si uno quiere enterarse de la voluntad de los dioses o, en este extraño caso de religiosidad política, de la voluntad del Dios cristiano,  debe dirigirse a los dos principales candidatos presidenciales venezolanos. Tímidamente uno se atrevería a afirmar que Dios debe estar harto. Pero, más allá, uno podría salir en defensa de Dios y pedirle a ambos que dejen en paz al Señor. Para uno Dios es el primer socialista, el que preanunció su tesis de “socialismo del siglo XXI”; para el otro Dios está detrás suyo y, literalmente, le dicta sus palabras. De manera que Dios termina siendo el inventor del socialismo y de “Mi negra”. 

Tengo el más profundo respeto por todas las religiones, dejo constancia para evitar alguna reacción equivocada. He sentido una profunda emoción en los santuarios marianos que he visitado, sigo considerando el canto que sale de un minarete en la madrugada como una experiencia sublime y puedo pasarme ratos largos escuchando mantras budistas. Aquí no se trata de unas consideraciones sobre la religión ni disquisición alguna sobre si los hombres inventaron a los dioses o los dioses a los hombres. Aquí –toda esta falsa búsqueda en Internet lo demuestra- se trata de hacer consideraciones sobre las relaciones entre religión y política. Y mostrar, claro está, mi molestia por las continuas referencias a Dios en la campaña presidencial venezolana. Dios no votará por ambos, no es ambivalente, pero Dios –considerando su amor infinito- se deja nombrar por ambos. Que ambos lo utilicen para congraciarse con la religiosidad del venezolano me parece una manipulación inaceptable. 

Las relaciones entre política y religión son de vieja data, quizás tan antigua como el mundo mismo. Aunque nunca está de más recordar a Constantino dándose cuenta, como buen político, que asumir el cristianismo podía solidificar su poder y el del Imperio Romano, tal como sucedió, permitiendo al cristianismo su establecimiento definitivo. La separación entre iglesia y Estado comienza en el siglo XVIII, pero en Venezuela lo único que nos falta es que los candidatos presidenciales se alíen directamente con Dios prescindiendo de la Iglesia y suelten una frase como la de “No reinaré sobre herejes”,  tal como Carlos I de España cuando se vio enfrentado a la reforma protestante iniciada por Martín Lutero en sus dominios de Alemania. 

Si de estrategias electorales se trata, pues nos parecemos en mucho al detestado imperio, pues los norteamericanos sostienen en abrumadora mayoría que su presidente debe tener fuertes convicciones religiosas. No tenemos una ética calvinista, lo que para muchos es la base del desarrollo capitalista en el norte, sino una que impide, según muchos estudiosos,  el desarrollo de la riqueza. En cualquier caso los ejemplos de corrupción en el norte son mínimos, mientras entre nosotros son abundantes y grotescos, desde los tiempos mismos de la Colonia, sino miren los llamados Juicios de Residencia contra los administradores españoles. Entre nosotros los comandos de campaña y los candidatos en persona parecen creer que los votantes se preguntarán, como muchos electores norteamericanos, cuál de los candidatos cree más en Jesús para hacerlo depositario de su voto. Parecen pretender aplicar lo de alguna iglesia evangélica que manda “tu fe, tu voto”. 

Ciertamente, este fenómeno de competencia por apropiarse de la palabra de Dios es nuevo entre nosotros. Recuerdo que en la campaña electoral peruana Ollanta Humala aseguró que la homosexualidad era una aberración y contraria a la voluntad de Dios, pero que yo sepa no ha llegado a persignarse ni siquiera en el juicio que se le sigue por violación de los derechos humanos y menos se ha echado encima agua bendita para espantar a los jueces. El asunto de la conexión vía satélite con Dios nos pertenece en exclusiva a los venezolanos. En las creencias ancestrales brasileñas cada quien habrá invocado a los dioses de origen africano, pero en privado, y, al parecer, sin muchos resultados.  En plena crisis de años anteriores caminaba por Altamira una tarde domingo cuando vi a un grupo de señoras portando la imagen de la Virgen María y manifesté mi extrañeza pues no me parecía la  ocasión de alguna fiesta religiosa; se me explicó que se invocaba a la Madre de Dios contra los íncubos de Palacio. Cuando regresé a casa me encontré en la televisión al Jefe del Estado invocando a Dios y asegurando que estaba con él. De manera que la carrera desenfrenada por el voto de Dios tiene antecedentes.  

Quizás la Iglesia Católica local debería decir unas palabras al respecto, pues es el Dios cristiano el que está en disputa. Chávez olvidó que en lugar de persignarse en la ONU ha debido mencionar a Mahoma, pues eso le hubiera producido votos para el Consejo de Seguridad entre su clientela electoral más cercana, pues cada quien debe buscar los votos en donde los puede conseguir, como aseguraría alguno de estos inefables encuestadores que aparte de números además dicen lo que hay que hacer.  

Lo único cierto es que la mezcla de religión y política ha sido lugar común, pero uno explosivo. Esta tarea de “evangelización” electoral que nos está caracterizando puede hacer pasar el poder religioso de las iglesias a los candidatos presidenciales. No faltaría más, dado que la jefatura política pasó de los dirigentes de los partidos a los dueños de los canales de televisión. Si no se le permite a Enrique VIII su voluntad puede terminar el rey siendo jefe de la nueva iglesia.

tlopezmelendez@cantv.net

 
 
 
© Copyright 2006 - WebArticulista.net - Todos los Derechos Reservados.