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¡Cobrar el voto!
por Liko Pérez  
jueves, 2 noviembre 2006

 

No nos queda otra alternativa sino la de ir a votar, para obligar al oficialismo a volver a hacer trampa (Y sobre todo hoy, cuando más debilitados se encuentran). 

La reticencia de no ir a votar no se sustenta entonces en la conocida trampa preprogramada por el oficialismo, sino más bien se asienta en el desconocimiento de las posibilidades de hacérselo lo más difícil posible, para que de esa manera, con porcentajes difíciles de maquillar, sintamos una legítima e inalienable razón de salir a cobrar el 4D. 

El ser ni-ni pasa entonces a ser una posición favorable al poder establecido, y en ningún momento una merma a sus posibilidades de supervivencia. 

“Cobrar el voto”, se convierte de esta manera en la piedra principal del único proceso factible que disponemos para desahuciar la permanencia forzada del régimen actual (cueste lo que cueste). ¿Pero cuál voto vamos a cobrar? 

El tuyo, el mío, el de nuestros vecinos, y el de los que calladamente desaprueban la gestión de un gobierno más elitista que cualquiera de los gobiernos de la cuarta república. Un gobierno que no quiso, o no supo, aprovechar la oportunidad de corregir lo que una gran mayoría del país, equivocadamente, se esperaba de él en 1999. 

Ocho años de constatada corrupción e ineficiencia, de sectarismos, de mendingancias, de oprobios, de engaños, de manipulaciones indecentes y de flagrantes atropellos a los derechos humanos, nos indican que ya no podemos dejar de actuar. 

Votar es la última oportunidad que nos queda para manifestar cualquier descontento (por muy recóndito que lo llevemos dentro), y convertir ese sentimiento en algo poderoso, tangible, a través de la potente acción de votar. 

Lo único que podemos esperarnos esgrimiendo una indiferencia democrática (al no votar), es un vacío de posibilidades, una imposibilidad de hacernos sentir, una sumisión total a los deseos totalitarios de un poder elitista y dispuesto a cualquier cosa para mantenerse en las dulzuras de los petrodólares que creímos serían para todos los venezolanos.

Dólares que otros países han disfrutado: como Bolivia, Argentina, CUBA, Uruguay y otros países de África y Asia, o señores como Humala, el Correa ecuatoriano, los Sandinistas, Putin o Zapatero, entre muchos otros, y que probablemente podrán seguir disfrutando a cambio de apoyo por dinero “contante y sonante”; incluyendo también en ese carrusel de repartideras, a los pobrísimos partícipes de las misiones y demás “forzados militantes” de programas dadivosos de migajas demagógicas. 

Lo que vamos a cobrar no es sólo dinero, sino la posibilidad de desarrollarnos para ser independientes de los regalos que cualquier elitismo de turno pretenda repartir a quienes se vean forzados a mendigar. Tenemos que eliminar el acto de mendigar, y eso no se logra con limosnas, sino enseñando a individuos a ser económicamente independientes. 

Votar y cobrar es hoy, sin lugar a dudas, una ecuación indisoluble para corregir estas equivocaciones. 

Pero pretender seguir cobrando (aunque sea fallo, y al estilo bolivariano), es una degradante y narcótica quimera preñada de dolorosa frustración (ya que mientras dure el dinero, este endulzará, aunque sea poco), pero cuando merme, con toda seguridad desaparecerán (se esconderán) los actuales embuchados “bondadosos” que hoy la financian con mano izquierda; con las sobras que ha ido dejando la corrupción.

 
 
 
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