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Chile: La violencia del 11 septiembre
¿señales de estallido social?

por Andrés Benavente Urbina
miércoles, 13 septiembre 2006

 

Como en años anteriores, el 11 de septiembre hubo movilizaciones agitativas, pero ellas han ido perdiendo el sentido de conmemoración de un golpe de Estado protagonizado hace 33 años. 

Los que evocan la figura del presidente Salvador Allende son cada vez menos y se circunscriben a algunos actores de la izquierda tradicional, como el Partido Comunista, y a personas vinculadas a movimientos de derechos humanos. En cambio, son cada vez más, los elementos jóvenes no provenientes de orgánicas partidistas y que tienen como eje articulador no a figuras del pasado, sino el protestar en contra del sistema económico e institucional vigente, del que forma parte por lo demás, el partido Socialista, en que militara Allende. 

No se puede, entonces, analizar los hechos de violencia del día 11 con una óptica del pasado. No son una respuesta tardía al quiebre institucional de hace tres décadas, sino que constituyen, por el contrario, un indicador de alerta temprano de lo que podría llegar a ser un estallido social tal cual como se conoce en otras partes de nuestra región. 

Las características centrales de las movilizaciones son: un fuerte incremento de la violencia agitativa, donde en sectores periféricos se llegó a usar – solo como expresión intimidatoria por ahora – armamento automático; violencia que en sectores comerciales se dirigió en contra de instalaciones financieras y empresas de servicios de origen norteamericano que operan con el sistema de franquicias; participación de jóvenes que no tienen vinculación con los actores de la izquierda tradicional y que se agrupan en diversas nuevas denominaciones tales como la Corriente Revolucionaria Anarquista y los Grupos de Acción Popular, etc.; la expresión de un discurso anti neoliberal, anti globalización y anti política como es de común ocurrencia en las expresiones del populismo revolucionario; y ciertamente la concurrencia de lumpen que se suma a estas movilizaciones perpetrando saqueos a establecimientos comerciales. 

En cuanto a los alcances de las movilizaciones pueden ser leídas desde dos enfoques: uno de corto plazo, reducido a la coyuntura, y que apuntará a que se trata de acciones episódicas y que no mantienen una permanencia en el tiempo como para configurar un ambiente que afecte a la gobernabilidad. Si se privilegia el presente como  lo medular del enfoque éste resulta plenamente válido.  

Una segunda lectura es la que se puede hacer desde una perspectiva de futuro, enfatizando el riesgo político involucrado. Son grupos que actúan incorporando violencia a diversas movilizaciones sociales, como fue la estudiantil de hace algunos meses y que en la eventualidad de que el país se viera afectado por un escenario de crisis económica y social cobrarían singular fuerza y persistencia. Dejarían de ser episódicas para ser un activo factor de tensión en la gobernabilidad.  En las movilizaciones sociales violentas del 11 de septiembre hay, pues, un inequívoco germen de rupturismo. 

Otro factor a considerar en el análisis es la capacidad de respuesta del gobierno.  Si bien lo puntual de las manifestaciones violentas no lo sitúa en posturas contestatarias, claramente las asume con una lógica de corto plazo tratando de bajarle el perfil en lo político y en lo comunicacional. No se advierte una voluntad política de actuar con severidad dentro de la ley para restablecer el orden (como por ejemplo explorar, y perseguir judicialmente si es el caso, si acaso concurre la figura de asociación ilícita terrorista) a fin de no facilitar la reproducción de estos movimientos contestatarios en una articulación rupturista en un eventual escenario de crisis. 

No es suficiente que los partidos políticos -de derecha a izquierda – repudien los hechos de violencia,  porque hay experiencias como la boliviana en que los partidos terminaron siendo desbordados por los movimiento sociales. Es necesario actuar con la firmeza que da la legitimidad democrática a fin de que mañana la autoridad no sea desbordada.

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Politólogo, Investigador Escuela de Postgrado, Facultad de Economía y Empresa,
Universidad Diego Portales.

 
 
 
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