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El expansionismo imperial cubano
por Elizabeth Burgos
viernes, 25 agosto 2007


Cuando el pro-cónsul cubano destacado para atender los asuntos de la provincia asociada de Venezuela, abandona la versión de que la presencia cubana en el país está integrada sólo por expertos en salud y en deporte, e informa la presencia en Venezuela de 30.000 cederistas, está expresando dos cosas: 1 – El gobierno no cuenta con el “pueblo chavista” y de ello se percató cuando al estallar el movimiento estudiantil en el mes de mayo le pidió que bajaran de los cerros a defender su revolución y nadie bajó a arremeter contra los estudiantes. Ante el peligro de la pérdida de la gallina de los huevos de oro, La Habana se decidió actuar y enviar una fuerza anti-disturbios bajo la fachada de simples “soplones” que es lo que son los integrantes de los CDR. 2 – Informar la ocupación del país por fuerzas político-militares cubanas con el propósito manifiesto de ir preparando la opinión pública, tanto nacional como internacional, al hecho de una presencia masiva de personal militar cubano con el objeto de secundar al gobierno del teniente coronel Hugo Chávez, tanto en un posible enfrentamiento entre fuerzas opositoras a su proyecto en el seno de la FAN y del propio gobierno, que como se sabe están divididos entre comunistas y anti-comunistas, como en el conflicto bélico con Colombia al que es un secreto a voces , está abocado el gobierno “bolivariano”. Enfrentamiento que depararía dos ventajas al régimen: la tendencia anti-colombiana del régimen ve en el enfrentamiento una salida al conflicto que divide al régimen entre comunistas y anti-comunistas; - el sentimiento nacionalista actuaría como elemento unificador, borrando las diferencias doctrinarias.

El enfrentamiento deslindaría el conflicto armado colombiano a favor de las FARC las cuales se sumarían al ejército bolivariano revolucionario integrado por las “reservas”; en realidad, las milicias venezolanas ya transformadas en Ejército revolucionario bolivariano, secundado por las veteranas FAR cubanas que gozan de una amplia experiencia como cuerpo expedicionario intervencionista allende los mares como lo han demostrado en Argelia, Angola, Eritrea. La subsiguiente instauración de un gobierno bolivariano en Bogotá, sumaría a Colombia al eje dirigido desde La Habana. Por supuesto que se realizarán elecciones: para ello las FARC cuentan con una modalidad particular que además les hará ganar los favores de la opinión pública internacional, porque borraría de la memoria el método criminal de guerra que más poder les ha otorgado: el del secuestro. Las FARC podrían negociar con algún rehén, particularmente aquejado del síndrome de Estocolmo, o sometido a presiones políticas y afectivas insalvables, su participación a la campaña electoral; por ejemplo, a la vice-presidencia y así se instauraría una réplica del régimen cubano-venezolano en el país vecino que gozaría de una amplia simpatía, en particular en Europa y más especialmente en Francia, “siempre dispuesta a apoyar los movimientos revolucionarios en América Latina”, como lo declaró el teniente-coronel en su discurso de despedida a los becados de la fundación Ayacucho que se disponían viajar a Francia el 27 de julio pasado. Por su lado, el presidente ecuatoriano aceleraría también su marcha bolivariana, y Evo Morales y sus cocaleros, luchan, tratando de impulsar la suya, en un país genéticamente renuente al totalitarismo.

El “bolivarianismo” impulsado por los petrodólares venezolanos no responde ni a una mística, ni a una necesidad profunda; es una simple máscara instrumental del castrismo; un artefacto imaginario cuyo sustento radica en el precio de los hidrocarburos y en la capacidad de emitir palabras de un líder que también compra su liderazgo, por lo que no se le percibe un asidero real, impidiéndole instaurarse como proyecto duradero lo que sólo logrará mediante la imposición de un régimen autocrático. Una revolución virtual, una ficción adquirida mediante el soborno, pero que por su propensión militarista, puede convertir en zona de guerra internacional, un espacio en donde hasta ahora reina la paz.


Cabe preguntarse hasta dónde Europa, que comparte con Estados Unidos el liderazgo en la producción y el comercio armamentista, toma en serio el peligro que representa el proyecto castro-chavista y en su lugar se deje llevar por el sentido de la oportunidad y se disponga a ocupar el vacío dejado por Estados Unidos y participe en la carrera armamentista en la que está abocado el régimen de Caracas el cual no disimula su proyecto de formar parte del club de los países que detentan el arma nuclear de allí su alianza con Irán.

No hay que olvidar que tanto Estados Unidos como Europa armaron a Saddam Hussein. Estados Unidos fabricaron a Bin Laden para oponerlo a los soviéticos. Y hoy Francia, se dispone a negociar con el antiguo Estado terrorista de Libia, la posibilidad de dotarlo de energía nuclear. El mismo Estado que como las FARC, mantuvo secuestradas hasta hace unos días, durante ocho años, sometidas a torturas y vejaciones de toda clase, a ocho enfermeras búlgaras para utilizarlas como moneda de canje, lo que por cierto le dio a Kadhafi excelentes resultados.

Más que la realización del sueño bolivariano de la Gran Colombia, el sueño de Hugo Chávez es la repetición de la crisis de los misiles que puso al mundo al borde de la guerra nuclear (1962) para equipararse con el Padre ideal con el cual sus conflictos de identidad lo han llevado a mantener una identificación patológica.

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 Especializada en etnopsicoanálisis e historia, consejera editorial de webarticulista.net,
autora de "Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia" (1982).
- Artículo publicado originalmente en el semanario ZETA


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