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Chávez en la encrucijada
por Antonio Sánchez García
 
sábado, 21 julio 2007


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            Cuando la diputada Desirée Santos Amaral pide que se encarcele a la abogada Mónica Fernández, representante del Foro Penal, por sus actividades legales en defensa de cuatro estudiantes universitarios detenidos por repartir panfletos a las puertas del Estadio Olímpico, parece creer, verdaderamente, que la asamblea de diputados a la que se dirige expresa de verdad a la totalidad del país. Y que ella, la vicepresidenta de ese cuerpo legislativo, se halla investida de tan alto magisterio por voluntad de los 16 millones de venezolanos con derechos ciudadanos.

 

            Olvida, o pretende olvidar, que esa asamblea fue electa por el 16% de esa ciudadanía. Y que prorrateado ese 16% por el número de diputados que hacen vida en ese foro da cifras de electores verdaderamente patéticas. Ni ella representa al país, ni esa asamblea descansa sobre la unanimidad política de la nación. Es la construcción política más frágil, arbitraria e írrita que la república haya tenido en toda su historia. Asunto que de estar grabado en algún frontispicio de la sala de sesiones podría iluminar a sus miembros con una elemental cordura y una mínima discreción.

 

            Lo mismo puede decirse, sin excepción alguna, de todos los actuales poderes del Estado. La honda, la profunda y terrible crisis porque atraviesa el país reposa en ese hecho: la nación está dramáticamente dividida. Y de todas sus instituciones públicas, sólo la presidencia de la república cuenta con legitimidad electoral, si bien gravemente cuestionada ella misma por manejos dolosos en que se encontraría incurso el propio organismo encargado de cautelar la limpieza de nuestros procesos electorales. La sombra del fraude ronda sobre Miraflores.

 

            De manera que tanto la diputada Desirée Santos Amaral, como la Sra. Cilia Flores, y todos los diputados que hacen vida en ese foro, penden de la legitimidad presidencial. No fue por mera camaradería que Fidel Castro le aseguró a Hugo Chávez lo que éste hiciera público en la asamblea que sostuviera en el Poliedro de Caracas con los miembros de su recién inaugurado partido político, el PSUV. Según el presidente, Castro le habría asegurado que desaparecido del panorama nacional, la revolución bolivariana desaparecería como por arte de encantamiento. “Sin ti, a esa revolución se la lleva el viento”, cuenta que le dijo. Y si lo contó tal cual es no sólo porque él mismo lo sabe mejor que nadie y está completamente de acuerdo. Es porque, además, lo teme. Y lo que es infinitamente peor: porque posiblemente no encuentre remedio.

 

            Como bien lo sabemos todos por su historia, no es el presidente de la república hombre de acero templado como para enfrentar con entereza y estoicismo grandes adversidades. Ha tenido siempre la fortuna a su favor, a sus enemigos postrados por genética minusvalía y el campo abierto y como dispuesto a complacerle todos sus caprichos. Esa situación ha cambiado dramáticamente.  Hoy se encuentra en el centro de un huracán. Como para no alquilarle las ganancias.

  

2

 

            No es necesario disponer de la información altamente secreta y confidencial de que dispone el agonizante líder cubano acerca de lo que sucede en las alturas del poder de este frágil y caprichoso edificio que es el chavismo gobernante para deducir la absoluta pertinencia y veracidad del apodíctico señalamiento. Esta revolución se sostiene con pinzas y su estabilidad y supervivencia depende más de  la incapacidad de la élite política opositora en dotar de un convincente liderazgo al poderoso y mayoritario movimiento opositor de la sociedad civil - más viva que nunca - que de las propias fuerzas del régimen. Y en cuanto al régimen mismo, se sostiene en lo esencial sobre  la suculenta chequera de su líder, no sobre alguna construcción ideológica, un partido político o una gestión admirable. Tal cual dijo Castro: desaparecido el líder, se evapora su revolución.

 

            Basta imaginar tal desaparición para concluir en la más espantosa de las pesadillas: al término de este gobierno el país despertará de un macabro sueño de verano. Infinitamente más pobre que antes de que subiera al poder el Primerísimo. Muchísimo más destartalado, quebrado y arruinado que antes de los golpes de Estado que iniciaran su andadura en 1992. Bastante más fracturado en su arboladura moral y con los tradicionales poderes del Estado hundidos en la mayor de las debacles.

 

            Su única obra: haber situado a los sectores populares y más desvalidos en el primer plano de las preocupaciones presidenciales y haberles asistido tanto y en tan gran medida como lo creyó posible, no habrá dejado tras de si nada que no sea un amargo despertar de una fenomenal borrachera sin final feliz. Esos sectores no se han superado cultural, educacional, profesionalmente. No han ascendido en la escala social. Despertarán sobre los mismos lechos de las mismas viviendas en que se encontraban cuando salieron hace ocho años tras el delirio del caudillo. Tendrán las manos vacías. Y una frustración tan gigantesca, que puede dar lugar a los peores desmanes y tropelías. Tan legítimas y justificadas como las cometidas el 27 de febrero. Pero infinitamente más graves y mayores.

 

            Entonces querría escuchar a la rencorosa y vengativa periodista in partibus clamar por justicia. Cuando tenga que dar cuenta de las acciones de una asamblea de la que cabe escribir lo que Rómulo Gallegos escribiera en la revista Alborada en 1909, refiriéndose al parlamento que acompañaba a Cipriano Castro:

 

            “Harto es sabido que este Alto Cuerpo en quien reside, según el espíritu de la Ley, el Supremo Poder, ha sido de muchos años a esta parte un personaje de farsa, un instrumento dócil a los desmanes del gobernante que por sí solo, convoca o nombra los que han de formarlo, como si se tratara de una oficina pública dependiente del Ejecutivo y cuyas atribuciones están de un todo subordinadas a la iniciativa particular del Presidente. Naturalmente éste escoge  aquellos delegados  entre los más fervorosos de sus sectarios, seleccionando, para la menor complicación, aquellos partidarios incondicionales cuyo más alto orgullo cifran en posponer todo deber ante las más arbitrarias ocurrencias del Jefe. Estos son los hombres propios para el caso y como además, en la mayoría de las veces, adunan a esta meritoria depravación moral, una casi absoluta incapacidad mental, la iniciativa del Presidente, después de ser posible llega a convertirse en necesaria”.

 

3

 

            Basta reseñar la fría secuencia de los hechos ocurridos desde el pasado 3 de diciembre para destapar el muy conflictivo mar de fondo que sacude al chavismo en este su anno horribilis y tiene al presidente de la república al borde de la desesperación. En términos generales, el desastre económico de su gestión sólo puede ser ocultada por la pertinaz y tozuda alza en los precios del petróleo. Alzas que incluso compensan la sistemática pérdida de la capacidad productiva de PDVSA, al parecer al borde de un terrible colapso. La que fuera una de las más grandes empresas del planeta, es hoy pasto de la iniquidad, la irresponsabilidad y la impericia. Siguiendo la tónica presidencial, en vez de afincarse sobre si misma y resolver sus problemas estructurales y de gestión, decide diversificarse convirtiéndose en una suerte de mercadillo de recetas universales para atacar todos los males y problemas del país.

 

            PDVSA pretende reparar lo que ha sido causado por el desastre del propio gobierno: el país depende de la importación de alimentos más que nunca antes en su historia. Reproduciendo lo que para Uslar Pietri fuera la peor pesadilla venezolana imaginable, nos hemos convertido en parásitos de los ingresos petroleros. Hemos vuelto a ser un país de mercachifles, de comerciantes, de importadores. Una floreciente economía de negociantes reparte el dinero más fácil habido por la república. La producción, en todos sus rubros, se encuentra al borde del colapso para satisfacer una demanda sin otra base que la renta petrolera. La relación entre el dólar libre y el oficial superó el 100%. Podemos estar ante las puertas de una grave crisis financiera y fiscal, mayor que las que nos sacudieran en el pasado y crearan las condiciones para esta multiplicación del desastre.

 

            A esa situación objetiva, sin remedio aparente de persistir el gobierno por su actual cauce – y nada hace prever un cambio de timón – se suman los delirios de un proyecto socialista - marxista  - absolutamente ajeno a la realidad del país, de la región y del mundo. Los resultados no pueden ser más catastróficos para las pretensiones presidenciales. Pretender imponer el socialismo del siglo XXI, reformar la constitución y cerrar medios de comunicación se ha traducido en el rechazo de la opinión pública mundial, el despertar del movimiento estudiantil y la rebelión de periodistas y comunicadores. Apenas la punta de un iceberg que puede aflorar en cualquier momento.

 

            Y como si con toda esa larga lista de problemas no fuera suficiente, ahora nos enteramos de que en el interior de la Fuerza Armada existe una fractura de extrema gravedad. Que se traduce en el rechazo, expresado de manera consistente y muy bien razonada por el saliente ministro de la defensa general Raúl Isaías Baduel, del llamado socialismo del siglo XXI. Al que acompañó, sin medias tintas ni subterfugios, de un panegírico al capitalismo democrático, a la generación de riqueza y al respeto al consenso como forma de dirimir los conflictos que nos aquejan. Si su posición expresa el sentir mayoritario de la Fuerza Armada, estamos ante un muy grave desacuerdo de consecuencias imponderables.

 

4

 

            De pronto nadie quiere retratarse con el presidente de la república. Lula no coge el teléfono cuando recibe sus llamadas. La posible futura presidenta de Argentina no parece desmayar de simpatías y comparte las aprehensiones de la comunidad judía mundial ante el talibanismo del presidente Hugo Chávez. Recomiendo al lector la lectura de la última declaración de Gustavo Cisneros, un muy pormenorizado y prolijo protocolo de la conversación que sostuviera con Jimmy Carter y Hugo Chávez en Fuerte Tiuna. Un intento muy serio y responsable por deslindar responsabilidades. Lo menos que se puede imaginar un simple observador, es que el proyecto del presidente de la república se encuentra ante una grave encrucijada. Tan complejo y difícil parece el panorama internacional y nacional para los afanes expansionistas del Sr. Presidente, que ha debido conformarse con correr a auxiliarse en Irán y ofrecerle regalos imposibles al más desprestigiado y corrompido de sus aliados, Daniel Ortega. En el colmo de la irresponsabilidad le ha ofrecido ciento cincuenta mil barriles de petróleo gratis. De los cuales cien mil para que, refinados en una refinería financiada y construida por Venezuela, los negocie a su gusto, beneficio y discreción. Otra locura de graves consecuencias futuras.

 

            Sin duda: el chavismo vive ante una grave encrucijada. El problema es que a esa encrucijada ha sido empujado el país. Y frente a ella estamos todos. Que Dios nos asista en este grave trance.

sanchez2000@cantv.net

 
 

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