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Estados Unidos: una batalla memorable
por Teódulo López Meléndez  
jueves, 10 enero 2008


Esta batalla entre Hillary y Obama por la candidatura demócrata es memorable y trascendente. Conozco bien New Hampshire. Tuve, hace más años de los que quisiera recordar, la oportunidad de seguir a un candidato demócrata a la Cámara de Representantes por la geografía de ese estado norteamericano fronterizo con Canadá. Se trataba de un joven y promisorio abogado. Tanto yo como mis acompañantes estuvimos preocupados por su suerte y cuando nos llegó la noticia de su derrota lo lamentamos de veras. Éramos cinco dirigentes estudiantiles de la UCV invitados por el Departamento de Estado para familiarizarnos con el proceso electoral norteamericano y, en general, con la política interna de ese país. Visitamos alcaldes de diversas ciudades, amén de gobernadores, y pasamos largas horas en el capitolio conversando con senadores y representantes. Vivimos con pasión las primarias de demócratas y republicanos, asistimos a mítines, acompañamos aspirantes, conocimos a los grandes líderes de ambos partidos para entonces. Toda una experiencia que estoy rememorando ahora porque esta batalla entre Hillary y Obama es especial. Mi experiencia de la política norteamericana me hace pensar que los problemas de la señora Clinton han estado en una influencia excesiva de los asesores que la han estereotipado. Habría que recordarle la anécdota de Luis Herrera Campins en campaña por la presidencia de Venezuela, cuando los jefes de su campaña le increparon que estaba haciendo todo lo contrario de lo que los asesores indicaban y le preguntaron que entonces para que los tenían y el bueno de Luis les respondió: “Se tienen para no hacerles caso”. No obstante, la derrota en Iowa hizo que la señora Clinton dejara de ser un estereotipo y se convirtiera en un ser humano, con lágrimas incluidas. Otro detalle que me parece que la afecta es ser la señora Clinton. Si bien su marido es altamente estimado el ex-presidente participó en exceso en las primarias de Iowa. Debe dejarla un poco, permitirle algo de soledad lo que la ayudaría a encontrase a sí misma con mayor claridad.

Por encima de todo, hay que recordar que la batalla demócrata es entre una mujer y un afrodescendiente, caso único en la historia norteamericana y que muestra un cambio profundo, a una Norteamérica muy distinta de aquella que vivimos los dirigentes estudiantiles venezolanos, una donde era imposible pensar en un negro presidente o en una mujer. Eran los tiempos de la discriminación racial y la mujer no había llegado a los grados de igualdad –superioridad diría yo- de que goza hoy. Estados Unidos ha cambiado profundamente, y lo ha hecho para bien. No se ha producido ninguna manifestación relevante de discriminación racial ante la osadía de este joven senador Obama, un auténtico líder que le permite a uno -distante observador- escuchar sus discursos con gran placer. Es una erupción de juventud que ha emocionado a sus congéneres sin que se requieran explicaciones. Todo país se cansa de los liderazgos tradicionales. La señora Clinton misma está haciendo ahora esfuerzos desesperados porque no se le identifique con el establishment. Hay un ansia de nuevos procedimientos y hasta de una brutal sinceridad en el abordaje de los temas públicos.

La lección es que la política se refresca y vive con la irrupción de la juventud y de las mujeres. Recuerdo con agrado la candidatura de Sègolene Royal que seguí con especial interés. Obama es un atrevido que está haciendo posible un sueño y su aspiración hace que Estados Unidos sienta corrientes de aire fresco. Hillary ha hecho despertar a plenitud a las mujeres y la prueba es un análisis detallado de los resultados en New Hampshire, donde hubiese también perdido si las damas no se hubiesen embraguetado bajo el lema de que ahora le toca a ellas.

Si la señora Clinton gana en definitiva la candidatura demócrata va a llegar a la gran contienda muy desgastada por la resistencia de Obama, aunque ningún candidato republicano parece poder hacerle mella. Si Obama se alza con el trofeo va a llegar entero, pues la señora Clinton no le ha hecho daño. El asunto estaría entonces en una gran definición para la sociedad norteamericana: tendría que elegir entre un afrodescendiente o entre un republicano conservador. El otro elemento determinante sería la escogencia de vicepresidente. La señora Clinton podría ofrecerle el cargo a Obama. La gran pregunta es si el gran líder negro y joven preferiría seguir su carrera en el Senado, pues sabemos que el vicepresidente no tiene una influencia determinante si no le es otorgada; el caso más claro es el de la presidencia de Kennedy cuando redujo a la nada al líder sureño que había tenido que integrar a su fórmula por obligaciones electorales y que, por azar del destino trágico, habría de sucederle en la presidencia. Si Obama es el candidato creo que la señora Clinton no aceptaría ser su compañera de fórmula, pero estaría obligado a elegir a una mujer y la gran candidata sería, a mi modo de ver las cosas, la actual presidenta de la Cámara de Representantes.

Juventud y mujeres es la gran lección. Ojalá la aprendiésemos en Venezuela.

tlopezmelendez@cantv.net

 
 

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