El
país tiene la soga al cuello y se ríe cada vez que se la
aprietan. La anarquía, la inopia, la falta total de
sindéresis y la más inusitada capacidad de equivocarse
están sembradas en los cerebros de los “líderes
partidistas” de oposición, y lo entrecomillo porque las
últimas encuestas dicen que todos juntos tienen el
respaldo del 9 por ciento de la población. Aún así ocupan
los pocos espacios que van quedando en los medios y llevan
la voz cantante, una anarquizada, de escurrir el bulto, de
ganar tiempo. Unos alegan que pedirán se vote cada punto
de la reforma por separado, para que el país decida si
Chávez se queda (al parecer lo demás no les interesa),
vano esfuerzo por mantenerse en un equilibrio para decidir
después (¿?) si se inclinan para la abstención o para ir a
votar o para jugar con la falta de coraje para tomar
posición. Otros piden una Asamblea Constituyente, como si
esto se tratara de un asunto de derecho y no de hecho,
como efectivamente se trata, pues aquí lo único que queda
por decidir es si se vota o no se vota ante un
planteamiento contundente que no admite escapes jurídicos.
El articulista más histérico de todos acusa e insulta.
Otro columnista dice “No, no y no”, como un niño pequeño.
La señora de la ONG dice que la reforma ya está aprobada,
se vote o no se vote, pero que ella sigue formando
ciudadanos; uno se pregunta si para ser esclavos. El otro
partido insulta a todos los demás y los manda a formar
parte del partido oficialista en vías de construcción
aplazada. Esto es anarquía.
La gente abarrota las tiendas de electrodomésticos y los
restaurantes, apenas masculla resignación, entrega,
impotencia y quizás alguna frase contra los partidos y
sigue la fiesta, “mientras se pueda”. Los de la extrema
sifrina se decidan a decir las mismas sandeces de siempre;
si Luis Miquilena habla contra la reforma le llueven los
insultos. No saben hacer otra cosa, zopencos, seguramente
envueltos en alcohol de la última discoteca, incapaces de
entender que Miquilena es un aliado. Uno no concibe porque
salen a defender la Constitución del 99, una que en su
momento despreciaron y menos entiende que hayan olvidado
que esa Asamblea Constituyente que la aprobó estaba
presidida precisamente por Miquilena. Esto es anarquía,
esto es un país a la deriva, embobado, entregado,
idiotizado. Este es un país que no termina de comprender
lo que se le viene encima ni que no habrá más fiesta, que
la soga al cuello continuará apretando hasta la asfixia.
Los políticos partidistas que hablan son cadáveres
insepultos, dirigentes sin nadie. La prensa escrita se
cuida. Los medios radioeléctricos se dedican al
“maletinazo” o al “atunazo” ya incapaces de seguir
imponiendo una línea de opinión o de poner a los políticos
a comer en su plato, entre otras razones porque dirigentes
no hay. El país está en terapia intensiva, entubado,
desahuciado. No hay ninguno que hable para decir una
palabra sensata. Son fantasmas del pasado, apariciones
espectrales, voces de la nada. En este país parece no
haber nadie, sólo vemos la soledad aterradora de un
desierto, los cactus melancólicos amarillentos ya por no
poder esperar una gota de agua. La reserva civil debe
despertar.
Se distraen en pendejadas en lugar de explicarle a la
gente en que consiste la avalancha. Se dedican a hablar
del supuesto malestar que existe en la Guardia Nacional
por su inminente desaparición. Al parecer a los Guardias
sólo les preocupa su propia suerte, no el resto de lo que
se nos viene encima. Así andan todos, en el bonche
frenético, en la desidia, en el cuido de los propios
intereses. Ya ese clima psicológico fue vivido en otras
partes, pero, al parecer, nadie aprende en cabeza ajena.
“Sálvese quien pueda” o “el último que apague la luz”,
parece ser lo único capaces de borbotar. La reserva civil
debe despertar.
O el país reacciona o se muere. Es necesaria la
insurgencia de un grupo de gente brillante (la reserva
ética, intelectual, capaz) dispuesta a la inmediata
constitución de una Junta Patriótica para que asuma la
orientación de la inmensa masa opositora, de los millones
que languidecen a la espera de ver un oasis. Esa Junta
Patriótica debe estar formada por personas de coraje y de
prestigio personal e imponerse por encima de los enanos
partidistas que mal copan la escena. La reserva civil (la
única admisible frente a la reserva armada en guardia
pretoriana), para que se dirija al país con un mensaje
claro y una posición absolutamente delineada, que asuma el
liderazgo y los riesgos, la conducción y el espíritu de
una república negada a morir.
He hecho a la nación un planteamiento concreto: salir a
explicar, con fuerza y organización popular. E ir a votar
bajo protesta y con un pañuelo en la nariz. Cuando digo
con un pañuelo en la nariz no estoy construyendo una
imagen literaria. Estoy hablando de una operación de
hecho. Sí, en las colas los votantes deberemos llevar un
pañuelo en la nariz, todos, mujeres y hombres, para que se
sepa de nuestro disgusto por el REP y el CNE y para
demostrar que somos mayoría, para que lo registren las
cámaras de televisión venezolanas y extranjeras, para que
lo vean los observadores foráneos, para que el mundo sepa
que millones plenamente identificados salimos a votar No.
Y nadie venga con que el voto es secreto porque aquí ya no
hay nada secreto. Qué nadie venga a decir que es un
riesgo, pues los riesgos se corren. Si los que llevamos el
pañuelo en la nariz somos agredidos, pues bien eso
producirá consecuencias. Si el ejército molesta y no deja
votar a quienes llevemos el pañuelo en la nariz pues eso
producirá consecuencias. Si nos llevan presos por llevar
un pañuelo en la nariz pues que nos lleven presos por
millares y eso producirá consecuencias. Falta saber si en
este país todavía quedan cojones para asumir esta actitud.
Y luego, a las ocho de la noche, o a la hora en que se
cierren las mesas de votación, todos sentados e las
aceras, en ciudades, pueblos y barrios, en las aceras para
evitar que se nos aplique el Código Penal que castiga con
altas penas a quienes “obstruyan el tráfico”, sentados a
esperar el escrutinio a ver si se atreven a hacer el
fraude. Sentados por millones, a la espera.
Ojalá contásemos con una Junta Patriótica conformada por
la reserva moral, intelectual y ética de la república
dispuesta a asumir la conducción de la lucha. No olvido,
no dejo de lado, no soy tan idiota para borrar de la
memoria que a los intelectuales jamás se nos ha hecho
caso, pero el testimonio hay que lanzarlo a recorrer los
vientos.
tlopezmelendez@cantv.net