Este
gobierno es un inmenso fastidio. Si no causara profundos
daños con cada anuncio uno podría conseguir unas cuantas
toneladas de vacunas contra el fastidio y obviar la
situación, pero el gobierno se aferra como garrapata. Un
día nacionaliza un aeropuerto con la evidente intención de
acabar con la aviación civil privada, el otro amenaza con
expulsar al embajador norteamericano porque pidió justa
compensación por las empresas estatizadas. Y los aláteres
son peores. Un día sale un funcionario cuya defenestración
fue anunciada por televisión y reorganiza el mapa de la
zona capital a su capricho, eliminando a Vargas,
desmembrando Miranda. Afán de notoriedad, puro afán de
notoriedad ante la evidente patada en el trasero que le
dieron. Cada quien dice la suya, cada vez con mayor
locura, con mayor desparpajo.
La población entra en un estado psicológico que he
denominado “ya ya ya”. No quiere oír, no quiere saber,
cree que la sordera es el antídoto. El sector no oficial
convoca manifestaciones sin darse cuenta del estado
psicológico a que el gobierno ha llevado a la población y
obtiene los resultados: unas 1500 personas –según un
diario nacional- en la del 23 de enero y unas 500 en la de
los educadores. No puede con la guerra psicológica y con
las acciones del gobierno. La población “ya ya ya” está
inerme, busca como nunca el refugio, el escondite. No oye
a los voceros oficiales, pero tampoco a los no oficiales.
Cuando camina por Caracas a uno le parece estar caminando
por Praga o Budapest o Sofia en aquellos tiempos del aire
pesado e irrespirable.
Todos los días una, para mantener la alteración
psicológica, para avanzar en el proceso, para arrinconar y
silenciar. Todos los días una para que los habitantes de
este país parezcan zombis, para que no aprendan a
defenderse. Todos los días una, como el vice-extremista
glorificando a la guerrilla de los años 60, una que fue el
peor error histórico jamás cometido por la izquierda
venezolana, lo que explica que estos incapaces sean los
que nos gobiernen. Todos los días una, para demostrar
capacidad de acción que no hace otra cosa que ocultar la
incapacidad para gobernar.
Este país se ha convertido en una inmensa burbuja de
fastidio y desatino. La destrucción del país es cosa de
cada día, no dejan pasar uno, tiene que ser constante la
acción de desarticular y desmembrar. Todos los días una,
para que se disuelvan las formas de defensa, para que no
se aprendan, para que no quede piedra sobre piedra. Todos
los días un desatino, todos los días una amenaza, todos
los días una acción impositiva y desmesurada. Todos los
días un discurso altisonante y equivocado. Todos los días,
para aplastar a la población, para hacerse dueños de cada
territorio, de cada pedazo de la república, para
implementar el dominio del terrorismo psicológico que haga
innecesaria la represión abierta.
Los estados psicológicos son reversibles. El estado de
letargo “ya ya ya” puede transformarse en un segundo en
una acción arrolladora. Que no se confíe el gobierno
abusador. Si bien los “dirigentes” no saben que hacer el
pueblo venezolano sabe lo que pasa y ese saber lo lleva en
las venas. Hay que tener la paciencia de Job. Están
agotados los viejos métodos de catarsis. Hay que recurrir
a la defensa psicológica y al trabajo organizativo abajo,
silencioso y efectivo. No es la hora de pegar gritos en la
plaza pública, sino de la palabra explicativa y
persuasiva. El pueblo venezolano debe resistirse al
aplastamiento psicológico. Debe analizar y guardar, debe
aprender de los tiempos de la política, no debe cejar un
instante en el seguimiento de la situación y analizar cada
cosa que pasa. Meter la cabeza en tierra equivale a que el
gobierno siga con una cada día, porque le da resultados,
porque oculta su incapacidad, porque se muere de risa de
los venezolanos. Hay tiempos en que los gobiernos se ríen
de sus pueblos, pero hay tiempos en que los pueblos se
ríen de sus gobiernos.
Cada día hay que poner de manifiesto los gazapos
oficiales. Hay que hacer ver, por ejemplo, como un
planteamiento de reordenación territorial concebido sobre
el desarrollo es destruido por un personaje de leyenda o
por otro que habla de cinco vicepresidentes. Esto es
cómico. Este gobierno debe provocar mofa, no miedo. De
este gobierno debemos burlarnos, no atemorizarnos. Tenemos
que resaltar como este gobierno es especialista en
desvirtuar principios correctos, el peor daño que se le
hace a cualquier avance social. Este gobierno es enemigo
de toda mejora de la población porque prostituye las ideas
de crecimiento ciudadano y todo lo reduce al menoscabo. Y
mientras denunciamos abiertamente esta falsificación,
reiteremos los principios, hagamos pedagogía, enseñemos
defensa, organicemos, reiteremos nuestro compromiso con un
avance social profundo organizado en una democracia del
siglo XXI. Por ahora.
tlopezmelendez@cantv.net