Las
batallas son paralelas y con vasos comunicantes, nunca
excluyentes. Tenemos un asunto político coyuntural y un
asunto de igual o mayor trascendencia: la lucha contra un
despotismo de cuño maquillado y la necesidad de construir
un país. Debemos entender que construir un país se integra
a la batalla coyuntural: mientras formemos más ciudadanos
y establezcamos nuevas pautas de comportamiento social más
se debilitará el régimen al que nos oponemos.
No podemos plantearnos primero salir del régimen y luego
comenzar la construcción. Debemos hacer ambas cosas a la
vez. Si miramos a la gesta de 1928 podremos encontrar una
lucha contra la tiranía gomecista y la siembra de una
democracia donde las mujeres votaran, al igual que los
analfabetas, una donde los gobernantes fueran electos por
votación popular y no designados a dedo por quienes
ejercían el poder. Fue precisamente los planteamientos de
construcción de un país distinto lo que dio solidez a la
lucha contra Gómez. La generación del 28 no se planteó que
el asunto era salir del dictador, sino que el asunto
fundamental eran las formas políticas que habrían de
sustituir a lo existente.
Los movimientos de resistencia a un régimen autoritario no
pueden sobrevivir sobre la base de restaurar lo que
existía antes del mismo. Después del régimen totalitario,
especialmente si se disfraza de revolución, no se puede
volver atrás. De manera que el planteamiento de restituir
la democracia en contraparte de este aborto militarista es
uno absolutamente vacío y carente de fuerza como para dar
al traste con la intentona recurrente de perpetuar una
dictadura. La lucha contra la coyuntura implica un paso
adelante, una oferta de establecimiento de una nueva
realidad.
No puede existir una democracia sustitutiva del actual
engendro si la política no es rescatada como valor
fundamental. No puede existir una democracia sustitutiva
del actual engendro si no recolocamos el valor de las
ideas como pináculo y eje de todo un movimiento giratorio.
Debemos admitir que ahora tenemos un país muy diferente al
que teníamos antes de comenzar este período histórico que
terminará. La sacudida ha permitido un despertar
generalizado hacia la participación y el interés en los
asuntos públicos. El tercer escenario es, pues, la
construcción de organizaciones de participación política
con carácter horizontal, lo que significa una sacudida
total sobre las llamadas instituciones intermedias que
sirven de vasos comunicantes entre el poder y la
población. El cuarto escenario no puede limitarse a una
reforma del poder judicial que le devuelva su
independencia, sino un proceso de cambio aún mayor, pues
implica una reformulación del concepto jurídico hacia el
establecimiento de un Estado Social de Derecho que excede,
con creces, a una mera preocupación asistencialista. El
quinto escenario pasa por una reformulación de la teoría
económica limitada a los problemas tradicionales de esta
ciencia (equilibrio macroeconómico, control de inflación,
políticas monetarias, etc.) para ir más allá y llegar
hasta una reformulación del mercado, a la posibilidad de
coexistencia de variadas formas de propiedad y al diseño
de una economía inclusiva, de una que me he permitido
definir como subordinada a la política y no a la inversa
como hasta ahora, en que la política ha estado subordinada
a la economía.
Es lo que denominado una democracia del siglo XXI, una
sustitutiva de aquella que se agotó en el corazón y en las
mentes de los pueblos por su manifiesta incapacidad, por
sus tortuosos vicios, por las corruptelas ahora
maximizadas en el régimen que la reemplazó. Es así como
una lucha centrada sobre la restitución de lo extinto se
hace banal ante el poder comunicacional y represivo de lo
que debemos sustituir. Si paralelamente al combate contra
el régimen no decimos con que lo sustituiremos esta pelea
se eternizará y nos encontraremos, cuando llegue su final,
ante un vacío pavoroso que arropó a nuestros grandes
ensayistas del pasado dejándoles como voces en el
desierto.
Leo expresiones como “ex-país” o “territorio de mineros”
para referirse a lo que tenemos. Una de las razones que
las explican es que nos ha faltado el tiempo para pensar y
la mirada lejana y muchas veces despectiva con que hemos
castigado a los constructores de país, siempre ocupados
los venezolanos a tiempo completo en salir del régimen que
nos acogota y siempre sin tiempo para reflexionar sobre el
porvenir. Si vamos al análisis histórico nos encontraremos
que todo gran movimiento renovador y trascendente se basó
sobre un cúmulo de ideas que inflamaron las banderas de la
libertad e hicieron posible, paralelamente, la caída del
régimen y la apertura hacia el futuro.
En la lucha contra el presente tenemos de aliados a los
representantes y herederos del pasado. En alguno de mis
artículos de los meses anteriores definí la unidad “como
nociva para la salud”; lo que quería significar era que en
la batalla que libramos tenemos aliados provisionales y
circunstanciales. Debemos, es cierto, hacer posible el
cambio para que se manifiesten, al igual que deberán
manifestarse los que saldrán, pero algo que debemos tener
claro es que la democracia debe ser restituida para
derrotarlos. No podemos permitirnos encauzar nuestra lucha
hacia el retorno de los yiddies, por lo que,
paralelamente, debemos saber que los aliados
circunstanciales no son más que eso, aliados
circunstanciales, y que es fundamental, imperioso,
absolutamente imprescindible dar aquí, en este momento, la
batalla de las ideas. Vamos hacia una democracia del siglo
XXI, clara y precisa, transparente y cristalina, una donde
a punta de ideas y acción combinadas derrotaremos las
viejas expresiones y las expresiones enlodadas.
Seguramente gritaremos, junto a los aliados
circunstanciales, “libertad”, pero debemos recordar lo que
para ellos esa palabra significaba y significa
(manipulación, poder ejercido en la trastienda, arreglos
impúdicos, conculcación a quienes no coinciden con sus
intereses económicos, etc.). Para nosotros, los que
debemos hacer la oferta sustitutiva, “libertad” significa
fin de privilegios, claridad y participación, justicia
social e inclusión, en suma, una república de ciudadanos
ejerciendo una democracia del siglo XXI.
tlopezmelendez@cantv.net