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La serenidad de Cataluña
por Teódulo López Meléndez  
miércoles, 18 abril 2007


No creo que haya ayudado para nada andar hablando de referéndum de independencia. La política interna de Cataluña parece hacerse a base de apuestas. Y, claro está, pensando en las elecciones que tienen delante.

Un amigo me invita a su casa del barrio 22 arroba, simpático nombre tomado de la web, en las vecindades de la torre Agbar, el emblema moderno de esta ciudad, y me dice que vota a un partido por la sencilla razón de que combate a los nacionalistas con todos los hierros. Pregunto a otros por ese partido y me dicen que es sospechoso, no sé de que. Caminando por Barcelona recuerdo la teoría sobre las nuevas tribus y me viene a la mente la afirmación de Michel Maffesoli sobre la posmodernidad caracterizada y cristalizada en la sinergia entre el desarrollo tecnológico y el retorno de las formas arcaicas.

Presentación de mi libro en la bellísima Capilla de la Universidad de Barcelona. Está terminando un acto previo y se oyen las estrofas de la Internacional. Vaya recibimiento. Todos nos miramos las caras entre sonreídos y sorprendidos. Discursos y recital, con fuerza.

Fernando Clemot es un joven cuentista ya con una veintena de premios. En realidad estamos felices porque la principal agencia literaria de España ha aceptado leer su primera novela. Ligamos que se la acepten mientras funge de guía excepcional por el Barrio Gótico. La Catedral, las callejuelas y subidas del antiguo barrio judío, los restos de la muralla romana, las columnas de Augusto escondidas inverosímilmente entre las casas del vecindario, Santa María del Mar, el Museo de Picasso, la calle de Avignon frecuentada por el genial pintor y que dio origen al famoso cuadro “Las señoritas de Avignon”, en verdad las prostitutas de un burdel de esa calle donde Picasso era cliente asiduo y nada que ver con la ciudad francesa del mismo nombre.

La comparecencia de Zapatero a la TVE apenas aflora. Nos parece que estuvo muy flojo cuando respondió sobre la pobreza crítica. La pregunta sobre el precio de un café tenía como propósito determinar si el presidente del gobierno estaba al día con lo que pasa en la calle. Su respuesta en falso se la siguen restregando. Habrá un programa similar con Rajoy, líder en funciones del PP. Ciertamente mientras los políticos catalanes se enzarzan en los dimes y diretes descritos entre la población no se nota la tirantez. Me pasa por la mente que debería titular este último artículo de esta serie “La serenidad de Cataluña”, serenidad que un escritor extranjero, otra cosa no soy, respira cuando marcha hacia Plaza de España y sube pacientemente los muchísimos escalones que dan al Museo d´Art de Catalunya. De allí al Montjuic un paso, o un teleférico, si es que se desea bajar al puerto de donde parte, desde donde los edificios modernos y los centenares de veleros y yates indican prosperidad y cosmopolitismo. Otra vez al mar, por la Vía Juan De Borbón, a comer con Jon y sus amigos, a conversar con la gente de Ekaré (sí, existe Ekaré de España), a estar un rato sentado en la playa a verificar una escena que ya se nos hace cotidiana: un padre ocupándose de sus hijos.

La serenidad de Barcelona es la de una bella dama que se refocila con Europa en las aguas del Mediterráneo, segura de lo que hace. La política catalana no es un buen ejemplo, lo es la ciudad misma clavadas sus uñas en la difusa posmodernidad. Ya hemos saludado a Gaudí, el emblemático. A un restaurante a comer algo en esta medianoche. Un camarero ecuatoriano reconoce nuestro acento venezolano y jocoso nos grita “Viva Chávez, rojo rojito”. No hay duda: el viaje ha terminado.

tlopezmelendez@cantv.net

 
 

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