La necesidad de una madre
protectora
Algunos venezolanos parecen haber regresado a una edad
infantil. Parecen muchachitos a los que salió un padre
regañón y violento y que necesitan urgentemente una madre
que los ponga en el regazo y les pase la mano por la
cabeza diciéndoles, “no mijito, esos coscorrones no me le
van a doler más”. Hay un desamparo que uno entiende, pero
que no justifica. Unos compatriotas que no desarrollaron
criterio político se encontraron de golpe frente a una
situación que no entendieron y quisieron resolverla de
manera infantil, con su “combo de la oposición” y a los
gritos “Uh, ah, Chávez sí se va”. Y resulta que Chávez no
se fue y salen a votar con la convicción de que van a
ganar las elecciones, craso error, porque jamás hubo la
menor oportunidad de obtener un resultado favorable.
Reaccionan, entonces, buscando culpables y gente que
“vendió la victoria”. A su debido momento les dije que
Chávez ganaba. No entendieron que lo que seguían era una
línea política –que no voy a discutir ahora- que apostaba
a consolidar una fuerza de oposición de alrededor del 30 y
pico por ciento. No había más, nunca hubo más.
Ahora están en el desamparo. Y uno los entiende, pero no
los justifica. Ahora quieren que les vuelvan a decir como
salir de Chávez ya y no se logran meter en la mollera que
de Chávez no se puede salir ya. No logran entender las
complejidades de un proceso ni las actitudes políticas
convenientes y oportunas. Rechazan todo, porque
supuestamente proviene del Diablo, cuando deben entender
que los cambios vienen y que no se trata de combatirlos
con golpes de pecho. Quieren tirar golpes al aire, “hacer
sombras” a la manera de los boxeadores, no saben de
esperar propuestas o hacer contrapropuestas, de ir al
encuentro del momento exacto para combatir ni mucho menos
saben que es una defensa. Y Chávez, que es especialista en
asustar a Caperucitas Rojas, pega cuatro gritos y nadie se
recuerda del cuento de los cochinitos a los que el lobo
les derribó la casa a punto de soplidos, menos al que se
la construyó con ladrillos. Eso es lo que tienen que
hacer, construir la casa con ladrillos y no con paja.
Los venezolanos tienen que generar dirigentes, no
madrecitas bondadosas que les soben las cabezas ni tíos
peleones que llegan con cuatro palos en la cabeza a buscar
camorra, camorra de embuste, camorra como aquél personaje
de Radio Rochela que se la daba de guapetón de barrio
hasta que llegaba la mujer y se lo llevaba a escobazos.
Los venezolanos tienen que aprender historia, empaparse de
ideas, dejarse de esa práctica infame de despachar el
problema con un “nos jodimos”. Tienen que aprender a tener
criterio y eso no se compra en botica. Eso se obtiene con
estudio, deteniéndose a pensar, conversando con los otros,
entendiendo a un país del cual nunca se ocuparon.
Y ya empiezan las argumentaciones necias sobre la
eventualidad de votar o no en una reforma constitucional.
“Con ese REP no voto…con ese CNE no voto”. Miren, ¿ustedes
saben como es la cosa? Si lo correcto es votar en esa
ocasión habrá que hacerlo con ese REP y con ese CNE. Si
hay un par de millones de nacionalizados express en el REP
déjenme decirles que ya no son extranjeros, ahora son
venezolanos, comen lo mismo, trabajan igual, andan por las
calles con nosotros, piensan lo mismo, de manera que a
ellos debemos dirigirnos con respeto como al resto de los
venezolanos y hacerlos reaccionar como queremos que
reaccionen todos nuestros compatriotas. Y si la línea
correcta es votar votaremos con la señora Tibisay y su
combo. No acepto conclusiones previas.
Ya está bueno de buscar madrecitas bondadosas o de dejarse
influir por tíos camorreros. Lo que les hace falta es
desarrollar criterios. Si se trata de una regresión a la
infancia deberemos designar como líder a ese estupendo
psiquiatra que es Delgado Senior. Si se trata de
convertirnos en una sociedad madura pues crezcan
mentalmente. Sólo las sociedades maduras generan líderes,
las inmaduras se la pasan jerigonceando y jeremiqueando.
Las cosas no están tan mal
Una observación global de lo que sucede nos demuestra que
las cosas no están tan mal. Buena parte del país comienza
a reaccionar adecuadamente. Ya, por ejemplo, se está
hablando de una Democracia Social del Siglo XXI. A mí no
me gusta ponerle apellidos a la democracia, me bastaría
llamarla democracia del siglo XXI, pero puedo resignarme
al apellido, por la sencilla razón de que los
planteamientos son correctos. En efecto, se ha entendido
perfectamente la necesidad de la organización horizontal,
se ha comprendido que los Consejos Comunales son de una
importancia vital, se ha entendido que allí debe irse a
participar, se están disipando –en relación a la reforma
político-territorial- esas expresiones obtusas
predeterminadas que apuntan a que se quiere eliminar la
descentralización para concentrarlo todo en el poder
central. En suma, se está comprendiendo que no hay que
salir a la carrera, sino meterse.
Hay una primera reacción correcta en los partidos, esta
vez en COPEI, nombre que deberá desaparecer. Allí se habla
de reformar estatutos, de ir a la horizontalidad, de
adecuar los programas y estatutos internos a las nuevas
realidades, de reformular los planteamientos doctrinarios.
Lo que de allí nazca, que bien puede ser Democracia
Cristiana o Partido Demócrata Cristiano, uno que deberá
hacer esfuerzos ingentes por reunir a los otros dos
sectores llamados Convergencia y Proyecto Venezuela, bien
podría ser ejemplo de una admisión obvia: se acabó la
preponderancia partidista tal como la hemos conocido para
retomar una labor de intermediación absolutamente
necesaria, una abierta y de efectiva participación
ciudadana. La nueva Democracia Cristiana deberá asumir
como suya esta nueva democracia del siglo XXI, practicarla
y divulgarla, porque aquí nos dejamos poner en la agenda
lo que el gobierno quiere y no lo que se debe. Propongo
que pongamos sobre el tapete como discusión prioritaria no
un socialismo del siglo XXI sino una democracia del siglo
XXI o democracia social del siglo XXI, como quieran.
Los intelectuales de izquierda están hablando. Hemos leído
textos de Margarita López Maya, Julio Escalona y Edgardo
Lander, claros y precisos, donde se notan deslindes
importantes del partido único que propone Chávez y de las
viejas concepciones del socialismo real, del que conocimos
en el siglo XX. El debate está abierto y ellos cumplen con
su deber. Todos debemos cumplir con nuestro deber.
Y esta frase de “Marciano” en “Vea: “¿Cómo lograr que el
poder de Chávez, producto de la voluntad popular expresada
a través del único mecanismo válido que se conoce en
democracia, el sufragio, se administre con prudencia, en
el marco del Estado de derecho? Es lo que hay que
debatir”.
Las cosas que siguen mal
Paralelamente se nota el empeño de micropartidos por
querer seguir siendo protagonistas telemediáticos, sin
militancia y sin fuerza, cuando se debería marchar hacia
fusiones sin pensar en viejas divisiones o
diferenciaciones del pasado.
Paralelamente continúa la plaga de “analistas” hablando
zoquetadas. Los medios privados radioeléctricos aún no se
dan cuenta que al lado de los programas de opinión
–necesarios y convenientes- deben abrirse a nuevas
programaciones que excedan a la mera opinión, programas de
contribución al desarrollo ciudadano, a la organización
popular, a unos que contribuyan a la defensa de los
derechos, enseñando a la gente como hacerlo.
Aún los aspirantes a líderes lo arreglan todo con una
marcha y pronuncian discursos grandilocuentes más atentos
a su proyección personal que al interés colectivo. Frases
como “si no nos abren las puertas las tumbaremos” deberán
desaparecer del léxico cotidiano. Aquí no se trata de que
nadie abra las puertas, a no ser las puertas de la gente
que son las únicas que interesan y esas se abren con
persuasión, con un mensaje claro y preciso contentivo de
una oferta.
Lo que debe y no se debe hacer
Aquí no podremos desgastarnos en una discusión vacua de
cómo enfrentar la reforma constitucional con la cual se
pretende, inconstitucionalmente, refundar el Estado.
Deberá prevalecer la voz de la razón, deberá analizarse
todo: a) La decisión de ir o no ir a votar aunque el
planteamiento sea inconstitucional, por la forma jurídica
de meter en una reforma lo que es competencia
constituyente; b) Ir a votar o no aunque la propuesta no
sea desglosada. c) Eliminar los protagonismos personales y
tomar una unívoca posición común desde el inicio. d) Dar
una respuesta a cada planteamiento que se haga, una
razonada y clara, no una histérica que se limite a gritar
“comunismo”; e) incentivar las escuelas de ciudadanos, f)
mantener una movilización colectiva sin estridencias, sin
catarsis inútiles, pues la catarsis a que incitan a la
población lo que hace es ayudar al extremista, al único
extremista, uno apellidado Chávez; g) dejar claro que el
proceso de cambio continúa y que para ello no es necesaria
la reelección indefinida del único extremista y que
chavistas y no chavistas deben seguir junto un camino: el
de la profundización social, de materializar todos los
principios que unen a verdaderos socialistas del siglo XXI
y verdaderos demócratas del siglo XXI, pues los verdaderos
socialistas también son demócratas; h) hacer entender a
todos, chavistas y no chavistas, que debemos deslastrarnos
del único extremista, de este que se ha proclamado
marxista-leninista, para hacer posible la justicia social
en libertad.
Los grandes asuntos son de resolución conjunta de
chavistas y no chavistas. Al que le debemos poner límites
es al extremista.
tlopezmelendez@cantv.net