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La resolución conjunta de la coyuntura
por Teódulo López Meléndez  
lunes, 15 enero 2007


La necesidad de una madre protectora

Algunos venezolanos parecen haber regresado a una edad infantil. Parecen muchachitos a los que salió un padre regañón y violento y que necesitan urgentemente una madre que los ponga en el regazo y les pase la mano por la cabeza diciéndoles, “no mijito, esos coscorrones no me le van a doler más”. Hay un desamparo que uno entiende, pero que no justifica. Unos compatriotas que no desarrollaron criterio político se encontraron de golpe frente a una situación que no entendieron y quisieron resolverla de manera infantil, con su “combo de la oposición” y a los gritos “Uh, ah, Chávez sí se va”. Y resulta que Chávez no se fue y salen a votar con la convicción de que van a ganar las elecciones, craso error, porque jamás hubo la menor oportunidad de obtener un resultado favorable. Reaccionan, entonces, buscando culpables y gente que “vendió la victoria”. A su debido momento les dije que Chávez ganaba. No entendieron que lo que seguían era una línea política –que no voy a discutir ahora- que apostaba a consolidar una fuerza de oposición de alrededor del 30 y pico por ciento. No había más, nunca hubo más.

Ahora están en el desamparo. Y uno los entiende, pero no los justifica. Ahora quieren que les vuelvan a decir como salir de Chávez ya y no se logran meter en la mollera que de Chávez no se puede salir ya. No logran entender las complejidades de un proceso ni las actitudes políticas convenientes y oportunas. Rechazan todo, porque supuestamente proviene del Diablo, cuando deben entender que los cambios vienen y que no se trata de combatirlos con golpes de pecho. Quieren tirar golpes al aire, “hacer sombras” a la manera de los boxeadores, no saben de esperar propuestas o hacer contrapropuestas, de ir al encuentro del momento exacto para combatir ni mucho menos saben que es una defensa. Y Chávez, que es especialista en asustar a Caperucitas Rojas, pega cuatro gritos y nadie se recuerda del cuento de los cochinitos a los que el lobo les derribó la casa a punto de soplidos, menos al que se la construyó con ladrillos. Eso es lo que tienen que hacer, construir la casa con ladrillos y no con paja.

Los venezolanos tienen que generar dirigentes, no madrecitas bondadosas que les soben las cabezas ni tíos peleones que llegan con cuatro palos en la cabeza a buscar camorra, camorra de embuste, camorra como aquél personaje de Radio Rochela que se la daba de guapetón de barrio hasta que llegaba la mujer y se lo llevaba a escobazos. Los venezolanos tienen que aprender historia, empaparse de ideas, dejarse de esa práctica infame de despachar el problema con un “nos jodimos”. Tienen que aprender a tener criterio y eso no se compra en botica. Eso se obtiene con estudio, deteniéndose a pensar, conversando con los otros, entendiendo a un país del cual nunca se ocuparon.

Y ya empiezan las argumentaciones necias sobre la eventualidad de votar o no en una reforma constitucional. “Con ese REP no voto…con ese CNE no voto”. Miren, ¿ustedes saben como es la cosa? Si lo correcto es votar en esa ocasión habrá que hacerlo con ese REP y con ese CNE. Si hay un par de millones de nacionalizados express en el REP déjenme decirles que ya no son extranjeros, ahora son venezolanos, comen lo mismo, trabajan igual, andan por las calles con nosotros, piensan lo mismo, de manera que a ellos debemos dirigirnos con respeto como al resto de los venezolanos y hacerlos reaccionar como queremos que reaccionen todos nuestros compatriotas. Y si la línea correcta es votar votaremos con la señora Tibisay y su combo. No acepto conclusiones previas.

Ya está bueno de buscar madrecitas bondadosas o de dejarse influir por tíos camorreros. Lo que les hace falta es desarrollar criterios. Si se trata de una regresión a la infancia deberemos designar como líder a ese estupendo psiquiatra que es Delgado Senior. Si se trata de convertirnos en una sociedad madura pues crezcan mentalmente. Sólo las sociedades maduras generan líderes, las inmaduras se la pasan jerigonceando y jeremiqueando.

Las cosas no están tan mal

Una observación global de lo que sucede nos demuestra que las cosas no están tan mal. Buena parte del país comienza a reaccionar adecuadamente. Ya, por ejemplo, se está hablando de una Democracia Social del Siglo XXI. A mí no me gusta ponerle apellidos a la democracia, me bastaría llamarla democracia del siglo XXI, pero puedo resignarme al apellido, por la sencilla razón de que los planteamientos son correctos. En efecto, se ha entendido perfectamente la necesidad de la organización horizontal, se ha comprendido que los Consejos Comunales son de una importancia vital, se ha entendido que allí debe irse a participar, se están disipando –en relación a la reforma político-territorial- esas expresiones obtusas predeterminadas que apuntan a que se quiere eliminar la descentralización para concentrarlo todo en el poder central. En suma, se está comprendiendo que no hay que salir a la carrera, sino meterse.

Hay una primera reacción correcta en los partidos, esta vez en COPEI, nombre que deberá desaparecer. Allí se habla de reformar estatutos, de ir a la horizontalidad, de adecuar los programas y estatutos internos a las nuevas realidades, de reformular los planteamientos doctrinarios. Lo que de allí nazca, que bien puede ser Democracia Cristiana o Partido Demócrata Cristiano, uno que deberá hacer esfuerzos ingentes por reunir a los otros dos sectores llamados Convergencia y Proyecto Venezuela, bien podría ser ejemplo de una admisión obvia: se acabó la preponderancia partidista tal como la hemos conocido para retomar una labor de intermediación absolutamente necesaria, una abierta y de efectiva participación ciudadana. La nueva Democracia Cristiana deberá asumir como suya esta nueva democracia del siglo XXI, practicarla y divulgarla, porque aquí nos dejamos poner en la agenda lo que el gobierno quiere y no lo que se debe. Propongo que pongamos sobre el tapete como discusión prioritaria no un socialismo del siglo XXI sino una democracia del siglo XXI o democracia social del siglo XXI, como quieran.

Los intelectuales de izquierda están hablando. Hemos leído textos de Margarita López Maya, Julio Escalona y Edgardo Lander, claros y precisos, donde se notan deslindes importantes del partido único que propone Chávez y de las viejas concepciones del socialismo real, del que conocimos en el siglo XX. El debate está abierto y ellos cumplen con su deber. Todos debemos cumplir con nuestro deber.

Y esta frase de “Marciano” en “Vea: “¿Cómo lograr que el poder de Chávez, producto de la voluntad popular expresada a través del único mecanismo válido que se conoce en democracia, el sufragio, se administre con prudencia, en el marco del Estado de derecho? Es lo que hay que debatir”.

Las cosas que siguen mal


Paralelamente se nota el empeño de micropartidos por querer seguir siendo protagonistas telemediáticos, sin militancia y sin fuerza, cuando se debería marchar hacia fusiones sin pensar en viejas divisiones o diferenciaciones del pasado.

Paralelamente continúa la plaga de “analistas” hablando zoquetadas. Los medios privados radioeléctricos aún no se dan cuenta que al lado de los programas de opinión –necesarios y convenientes- deben abrirse a nuevas programaciones que excedan a la mera opinión, programas de contribución al desarrollo ciudadano, a la organización popular, a unos que contribuyan a la defensa de los derechos, enseñando a la gente como hacerlo.

Aún los aspirantes a líderes lo arreglan todo con una marcha y pronuncian discursos grandilocuentes más atentos a su proyección personal que al interés colectivo. Frases como “si no nos abren las puertas las tumbaremos” deberán desaparecer del léxico cotidiano. Aquí no se trata de que nadie abra las puertas, a no ser las puertas de la gente que son las únicas que interesan y esas se abren con persuasión, con un mensaje claro y preciso contentivo de una oferta.

Lo que debe y no se debe hacer

Aquí no podremos desgastarnos en una discusión vacua de cómo enfrentar la reforma constitucional con la cual se pretende, inconstitucionalmente, refundar el Estado. Deberá prevalecer la voz de la razón, deberá analizarse todo: a) La decisión de ir o no ir a votar aunque el planteamiento sea inconstitucional, por la forma jurídica de meter en una reforma lo que es competencia constituyente; b) Ir a votar o no aunque la propuesta no sea desglosada. c) Eliminar los protagonismos personales y tomar una unívoca posición común desde el inicio. d) Dar una respuesta a cada planteamiento que se haga, una razonada y clara, no una histérica que se limite a gritar “comunismo”; e) incentivar las escuelas de ciudadanos, f) mantener una movilización colectiva sin estridencias, sin catarsis inútiles, pues la catarsis a que incitan a la población lo que hace es ayudar al extremista, al único extremista, uno apellidado Chávez; g) dejar claro que el proceso de cambio continúa y que para ello no es necesaria la reelección indefinida del único extremista y que chavistas y no chavistas deben seguir junto un camino: el de la profundización social, de materializar todos los principios que unen a verdaderos socialistas del siglo XXI y verdaderos demócratas del siglo XXI, pues los verdaderos socialistas también son demócratas; h) hacer entender a todos, chavistas y no chavistas, que debemos deslastrarnos del único extremista, de este que se ha proclamado marxista-leninista, para hacer posible la justicia social en libertad.

Los grandes asuntos son de resolución conjunta de chavistas y no chavistas. Al que le debemos poner límites es al extremista.

tlopezmelendez@cantv.net

 
 

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