El
mero tiene la boca muy grande. El pescador bisoño hala el
cordel a la primera suave mordida creyendo que lo tiene y
el pez se escapa. Algunos menos bisoños halan a la segunda
mordida del mero y el pez se escapa. Los pescadores
experimentados saben que es a la tercera mordida del mero
que deben halar, cuando el anzuelo se ha hundido en el
esófago del pez. Aprender a pescar meros cuesta trabajo,
como cuesta trabajo en política mantener la serenidad y
una agenda.
Una política reactiva no es conveniente. El político que
ha aprendido a pescar meros debe imponer la agenda. La
primera cosa que hay que hacer es dejarse de andar
proclamando que ha llegado la hora de la desmovilización
por la Navidad. Hagamos todos los que hacemos en estos
días, con la familia y los amigos, pero sin bajar la
guardia. Hay que imponerle al gobierno una agenda. Esa
agenda pasa por la exigencia de una actividad
parlamentaria aprobando leyes de beneficio social y
pidiendo la renuncia de los diputados. La segunda, ir a
comer hallacas abajo, con el pueblo, el único que encarna
el poder constituyente. La tercera es montarse ya sobre el
trabajo de las elecciones regionales de agosto. La cuarta
es ir sobre la Asamblea Nacional, bastión de la
ineficacia, de la tozudez y del ridículo, haciendo
evidente el estado de repudio popular bajo la cual se
encuentra y mostrándola – vaya esfuerzo que hay que hacer
para lograrlo- como prueba irrefutable de la mediocridad y
del desatino de este régimen. Si yo fuese dirigente de
algo tendría pintado el país con la consigna “AN:
Renuncia”.
“Por la boca muere el pez”, no es suficiente. El
ex-gobernador de Miranda, Diosdado Cabello, quien
“trabaja” preaviso (“trabaja” entrecomillado porque nunca
ha hecho nada por “su” estado a no ser fastidiar) puede
distraerse pensando como le pone la mano a la candidatura
presidencial del PSUV (si es que por fin logran dejarse de
“batazos” entre ellos). En iguales condiciones está Reyes
Reyes, en mi estado natal de Lara. El ex-gobernador de
Carabobo, al entregar la gobernación cuando termine su
preaviso, soltará un estupendo eructo. El de Táchira
estará pensando en toda la gente que hizo meter presa
cuando le rasguñaron la residencia oficial. Para ver tan
interesantes espectáculos hay que seguir la consigna:
trabajo político y más trabajo político. Sobre cada estado
hay que hacer un minucioso examen de las condiciones de
los establecimientos hospitalarios, del déficit de
viviendas, de la situación del abastecimiento, estudiar el
estado del transporte público, es decir, precisar las
condiciones de vida de nuestros compatriotas venezolanos
en todos sus aspectos. Lo mismo municipio por municipio.
Hay que hablar con conocimiento de causa, sin
improvisaciones, ofreciendo respuestas concretas y a
años-luz de la demagogia. Candidato sin programa y sin una
visión exacta de las necesidades de la gente llevará plomo
en el ala.
Todas esas cosas les tocan a los activistas y dirigentes
políticos, los que van a ser candidatos o dirigirán
campañas. A nosotros los políticos que no somos dirigentes
ni seremos candidatos, nos toca otra tarea, la de pensar y
conformar un cuerpo de ideas para decirle a los
venezolanos que le ofrecemos un proyecto de país. Porque
el proyecto de país es indispensable, no como piensan
algunos que primero hay que salir de esto. Es al revés:
para salir de esto hay que tener una oferta de sustitución
clara y precisa.
Es evidente que la primera oferta debe ser colectiva,
puesto que el tiempo político exigirá un gobierno de
unidad nacional. Luego –y desde ahora- cada quien debe
desarrollar sus propias concepciones, entre nosotros desde
la centroderecha que encarna “Primero Justicia” hasta el
gran partido de centroizquierda que se ve venir centrado
en el socialismo democrático, y demás variantes, desde la
socialdemocracia de “Un nuevo tiempo” hasta la
socialcristiana. Así será, pero la oferta inicial, la de
todos, debe tener principios que compartamos. Quizás
podamos elencar un rechazo absoluto contra los
dogmatismos, el desarrollo de una política de
oportunidades sentada sobre el reconocimiento (uno de los
males de la democracia son los excluidos de todo tipo), un
planteamiento signado por propuestas de cambios y de
marcha hacia una solidaridad social, el mantenimiento de
la movilización que hemos logrado contra la pretensión
totalitaria ahora dirigida a una lucha contra la pobreza y
por el cambio de los paradigmas, un cambio radical en los
símbolos y las representaciones y un proyecto concreto de
lucha contra la marginalidad. Eso sólo lo puede hacer un
liderazgo sensible basado sobre un planteamiento de menos
ideología y más ideas. Está claro que montado todo sobre
un Estado Social de Derecho donde se respeten las normas
de la convivencia civilizada, como la separación e
independencia de los poderes, un modelo que recoja con
certeza y sin dudas la voluntad popular y mecanismos
permanentes, más allá de lo electoral, para medir y
valorar la voluntad de lo que insisto en llamar Poder
Ciudadano y sobre el que insisto también se le deberá dar
rango constitucional. Hay que ser eficientes en resolver
los problemas prácticos, los de la cotidianeidad, como
salud, vivienda y trabajo. Esto último ya estaría signado
como Programa de Gobierno, pero sin la aceptación de las
líneas básicas encontraría serios obstáculos. El detalle
clave es declararnos en guerra contra la desinformación,
contra la falta de educación y contra la incultura; esto
implica grandes esfuerzos económicos, grandes esfuerzos de
transformación del mensaje y grandes esfuerzos de entrega
del conocimiento con mecanismos eficaces.
No estoy contando los pollos antes de nacer, hay que estar
listos desde el punto de vista conceptual. Hace tiempo que
se resolvió el enigma de quien fue primero, si el huevo o
la gallina. Resulta que fueron simultáneos.
A estas altura que nadie me venga con el reclamo de que no
les he dicho como pescar al mero. ¿Cómo qué no?
Simplemente hay que esperar su tercera mordida.
tlopezmelendez@cantv.net