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Los pescadores de mero
por Teódulo López Meléndez  
lunes, 10 diciembre 2007


El mero tiene la boca muy grande. El pescador bisoño hala el cordel a la primera suave mordida creyendo que lo tiene y el pez se escapa. Algunos menos bisoños halan a la segunda mordida del mero y el pez se escapa. Los pescadores experimentados saben que es a la tercera mordida del mero que deben halar, cuando el anzuelo se ha hundido en el esófago del pez. Aprender a pescar meros cuesta trabajo, como cuesta trabajo en política mantener la serenidad y una agenda.

Una política reactiva no es conveniente. El político que ha aprendido a pescar meros debe imponer la agenda. La primera cosa que hay que hacer es dejarse de andar proclamando que ha llegado la hora de la desmovilización por la Navidad. Hagamos todos los que hacemos en estos días, con la familia y los amigos, pero sin bajar la guardia. Hay que imponerle al gobierno una agenda. Esa agenda pasa por la exigencia de una actividad parlamentaria aprobando leyes de beneficio social y pidiendo la renuncia de los diputados. La segunda, ir a comer hallacas abajo, con el pueblo, el único que encarna el poder constituyente. La tercera es montarse ya sobre el trabajo de las elecciones regionales de agosto. La cuarta es ir sobre la Asamblea Nacional, bastión de la ineficacia, de la tozudez y del ridículo, haciendo evidente el estado de repudio popular bajo la cual se encuentra y mostrándola – vaya esfuerzo que hay que hacer para lograrlo- como prueba irrefutable de la mediocridad y del desatino de este régimen. Si yo fuese dirigente de algo tendría pintado el país con la consigna “AN: Renuncia”.

“Por la boca muere el pez”, no es suficiente. El ex-gobernador de Miranda, Diosdado Cabello, quien “trabaja” preaviso (“trabaja” entrecomillado porque nunca ha hecho nada por “su” estado a no ser fastidiar) puede distraerse pensando como le pone la mano a la candidatura presidencial del PSUV (si es que por fin logran dejarse de “batazos” entre ellos). En iguales condiciones está Reyes Reyes, en mi estado natal de Lara. El ex-gobernador de Carabobo, al entregar la gobernación cuando termine su preaviso, soltará un estupendo eructo. El de Táchira estará pensando en toda la gente que hizo meter presa cuando le rasguñaron la residencia oficial. Para ver tan interesantes espectáculos hay que seguir la consigna: trabajo político y más trabajo político. Sobre cada estado hay que hacer un minucioso examen de las condiciones de los establecimientos hospitalarios, del déficit de viviendas, de la situación del abastecimiento, estudiar el estado del transporte público, es decir, precisar las condiciones de vida de nuestros compatriotas venezolanos en todos sus aspectos. Lo mismo municipio por municipio. Hay que hablar con conocimiento de causa, sin improvisaciones, ofreciendo respuestas concretas y a años-luz de la demagogia. Candidato sin programa y sin una visión exacta de las necesidades de la gente llevará plomo en el ala.

Todas esas cosas les tocan a los activistas y dirigentes políticos, los que van a ser candidatos o dirigirán campañas. A nosotros los políticos que no somos dirigentes ni seremos candidatos, nos toca otra tarea, la de pensar y conformar un cuerpo de ideas para decirle a los venezolanos que le ofrecemos un proyecto de país. Porque el proyecto de país es indispensable, no como piensan algunos que primero hay que salir de esto. Es al revés: para salir de esto hay que tener una oferta de sustitución clara y precisa.

Es evidente que la primera oferta debe ser colectiva, puesto que el tiempo político exigirá un gobierno de unidad nacional. Luego –y desde ahora- cada quien debe desarrollar sus propias concepciones, entre nosotros desde la centroderecha que encarna “Primero Justicia” hasta el gran partido de centroizquierda que se ve venir centrado en el socialismo democrático, y demás variantes, desde la socialdemocracia de “Un nuevo tiempo” hasta la socialcristiana. Así será, pero la oferta inicial, la de todos, debe tener principios que compartamos. Quizás podamos elencar un rechazo absoluto contra los dogmatismos, el desarrollo de una política de oportunidades sentada sobre el reconocimiento (uno de los males de la democracia son los excluidos de todo tipo), un planteamiento signado por propuestas de cambios y de marcha hacia una solidaridad social, el mantenimiento de la movilización que hemos logrado contra la pretensión totalitaria ahora dirigida a una lucha contra la pobreza y por el cambio de los paradigmas, un cambio radical en los símbolos y las representaciones y un proyecto concreto de lucha contra la marginalidad. Eso sólo lo puede hacer un liderazgo sensible basado sobre un planteamiento de menos ideología y más ideas. Está claro que montado todo sobre un Estado Social de Derecho donde se respeten las normas de la convivencia civilizada, como la separación e independencia de los poderes, un modelo que recoja con certeza y sin dudas la voluntad popular y mecanismos permanentes, más allá de lo electoral, para medir y valorar la voluntad de lo que insisto en llamar Poder Ciudadano y sobre el que insisto también se le deberá dar rango constitucional. Hay que ser eficientes en resolver los problemas prácticos, los de la cotidianeidad, como salud, vivienda y trabajo. Esto último ya estaría signado como Programa de Gobierno, pero sin la aceptación de las líneas básicas encontraría serios obstáculos. El detalle clave es declararnos en guerra contra la desinformación, contra la falta de educación y contra la incultura; esto implica grandes esfuerzos económicos, grandes esfuerzos de transformación del mensaje y grandes esfuerzos de entrega del conocimiento con mecanismos eficaces.

No estoy contando los pollos antes de nacer, hay que estar listos desde el punto de vista conceptual. Hace tiempo que se resolvió el enigma de quien fue primero, si el huevo o la gallina. Resulta que fueron simultáneos.

A estas altura que nadie me venga con el reclamo de que no les he dicho como pescar al mero. ¿Cómo qué no? Simplemente hay que esperar su tercera mordida.

tlopezmelendez@cantv.net

 
 

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