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De Carlos Blanco a Javier Biardeau
por Teódulo López Meléndez  
martes, 2 octubre 2007


Carlos Blanco tiene mala memoria, qué duda cabe. En un comunicado el “Frente Patriótico” llamó a la abstención con una carga de insultos e improperios contra todo aquel que se atreviese a votar en el referéndum sobre la reforma constitucional. Este texto, al que califiqué de “chavista”, por su tono ofensivo y grotesco, motivó mi artículo “¿Con qué culo se sienta la cucaracha?” que puede ser consultado por los lectores. Ahora Carlos Blanco arremete contra quienes supuestamente “cargan tintas” contra los abstencionistas, pero lo hace con una aparente sutileza al decir que “no va a argumentar este narrador a favor de la abstención…” Después del tono de los abstencionistas Carlos Blanco no tiene ningún derecho a decir que “hay un maltrato” contra estos que, efectivamente, pueden producir la eventual victoria de la reforma.

En mi artículo referido condenaba a quienes utilizaran improperios similares contra quienes, en ejercicio de su libre albedrío, se negaran a votar. Carlos Blanco incurre en simulación cuando habla de insultos contra ellos. No he leído nada que se parezca a tal, mientras de allí siguen hablando ofuscadamente, y en términos groseros, de “oposición colaboracionista” y de “traidores”. Sin embargo, este no es el punto. El punto es este tejemaneje en que incurre Blanco, que por cierto se autodenomina “narrador”, lo que me permito negarle, pues no narra (el castellano hay que utilizarlo bien), sino que opina, que es otra cosa, aunque lo haga considerando a sus lectores una especie de bobos a los que no se les puede decir la valiosa información que maneja, pues asegura por tangente que es posible que tal referéndum no se haga, que la presión cívico-militar es posible que lo impida. ¿Qué es lo que sabe Carlos Blanco que los comunes mortales no sabemos?

En alguna parte mediana razón tiene Carlos Blanco cuando habla de una falla en la comunicación para tratar de explicar el porqué debe votarse. No obstante, me permito recordarle que ya circulan profusamente insultos contra Teodoro Petkoff y Américo Martín precisamente por andar en esa tarea de explicar. Pero Blanco sostiene, como la principal afrenta que se lanza contra los abstencionistas, que sería culpa de ellos si se pierde el referéndum. Es obvio que Carlos Blanco no lee las encuestas o si las lee las mal interpreta o está en otro juego que los comunes mortales desconocemos. Ya ha explayado Blanco una enrevesada tesis cuya comprensión es dificultosa. Que la explique él, y sus asesorados, porque no me toca a mí desenredar la estopa.

Por lo demás Carlos Blanco insulta al calificar de “idiotas” a quienes llaman la atención (todas las encuestadoras) sobre la incidencia de la abstención en los resultados finales. Carlos Blanco decidirá qué hacer cuando se levante el día del referéndum “que no se va a realizar”. Deseo verlo en una cola de votación explicando a los masivos votantes cómo es eso de sus vacilaciones y de sus informaciones privilegiadas.

Rigoberto Lanz tiene a bien enviar por correo electrónico los trabajos que le llegan sobre diversos aspectos de la vida nacional, incluyendo PSUV y reforma constitucional. Yo siempre los leo y respeto a Lanz por enviar opiniones contrastantes y muchas veces polémicas hasta de partidarios del presidente Chávez o simplemente de gente de izquierda que discrepa allí o acá o apoya allí o acá. Allí he visto los artículos de Javier Biardeau que leo con atención, pues siempre me ha parecido un hombre serio. Sin embargo, nunca he considerado tanto a Biardeau como en la entrevista que concedió este pasado domingo 30 de septiembre a un diario de circulación nacional. Y digo por qué: porque Biardeau es un sociólogo, sin embargo produce un análisis de la reforma más profundo, contundente y claro que tanto constitucionalista que se ha sentido llamado al podio con motivo del tema y que se llena de recovecos y floripondios; Biardeau tiene un poder de síntesis sin par y en tres líneas puede decir lo que un constitucionalista dice en quince páginas. En segundo lugar, esas estimables declaraciones, muy bien recogidas por el periodista entrevistador Edgar López, son producidas por alguien que se inscribió en el PSUV y cree en lo que cree, con legítimo derecho, por lo demás. A mí, que estoy en otra acera, y no precisamente en la de los defensores a ultranza del capitalismo salvaje y del libre mercado todopoderoso, me parece que sería un placer sentarse con Biardeau a discutir sobre nuevas formas sociales en procura de la justicia y de la inclusión en una sociedad venezolana de todos.

¿Qué ha dicho Biardieau? Entre muchas otras: que la reforma afecta principios esenciales del texto constitucional (cita la eliminación del Consejo Federal de gobierno); que si hay reelección para presidente y no para gobernadores se viola el principio de igualdad; que con la designación de vicepresidentes a dedo se desconoce la elección popular; “Chávez es un titular ocasional del poder”; no se puede encadenar la revolución al poder unipersonal; “el Poder Popular no puede ser un órgano administrativo del Estado”; “Si la Asamblea Nacional no modifica ni un punto ni una coma…entonces la oposición puede cantar fraude constitucional”; “…vamos hacia un democracia plebiscitaria y no participativa”; sobre el costo político dice “la deriva populista, cesarista de lo que aquí llamamos socialismo del siglo XXI”; “si nos metemos por ese camino, el de la democracia plebiscitaria, el socialismo aquí va a ser estalinista”; “Chávez no es Dios, Chávez se equivoca”: “Es el mismo error que cometió Robespierre que dejó de hacer política de pactos y creyó tener en sus manos la verdad absoluta…el resultado: una revuelta”. Y muchas más, de manera que si usted, amigo lector, no ha leído esta entrevista búsquela.

Claro Javier Biardeau, equilibrista Carlos Blanco. Biardeau no se anda por las ramas, dice su parecer sin importarle las consecuencias sean cuales fueren. Carlos Blanco anda bailando en la cuerda floja. A mí me gusta quien se planta con sus opiniones, no quien anda en procura de “amigos”. Con gente como Biardeau se puede entablar un debate. Con Carlos Blanco –y lo lamento profundamente- uno tendría que sentarse a hablar del agiotaje. Quien se dedica a hacer gestos y a opinar con muecas, es un conocido showman de la “opinión” televisiva. A Carlos Blanco, a quien estimo, no le luce ejercer como maestro de la tautología, campo demasiado extendido y practicado en la Venezuela vacilante.

tlopezmelendez@cantv.net

 
 

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