Carlos
Blanco tiene mala memoria, qué duda cabe. En un comunicado
el “Frente Patriótico” llamó a la abstención con una carga
de insultos e improperios contra todo aquel que se
atreviese a votar en el referéndum sobre la reforma
constitucional. Este texto, al que califiqué de “chavista”,
por su tono ofensivo y grotesco, motivó mi artículo
“¿Con qué culo se sienta la cucaracha?” que puede ser
consultado por los lectores. Ahora Carlos Blanco arremete
contra quienes supuestamente “cargan tintas” contra los
abstencionistas, pero lo hace con una aparente sutileza al
decir que “no va a argumentar este narrador a favor de la
abstención…” Después del tono de los abstencionistas
Carlos Blanco no tiene ningún derecho a decir que “hay un
maltrato” contra estos que, efectivamente, pueden producir
la eventual victoria de la reforma.
En mi artículo referido condenaba a quienes utilizaran
improperios similares contra quienes, en ejercicio de su
libre albedrío, se negaran a votar. Carlos Blanco incurre
en simulación cuando habla de insultos contra ellos. No he
leído nada que se parezca a tal, mientras de allí siguen
hablando ofuscadamente, y en términos groseros, de
“oposición colaboracionista” y de “traidores”. Sin
embargo, este no es el punto. El punto es este tejemaneje
en que incurre Blanco, que por cierto se autodenomina
“narrador”, lo que me permito negarle, pues no narra (el
castellano hay que utilizarlo bien), sino que opina, que
es otra cosa, aunque lo haga considerando a sus lectores
una especie de bobos a los que no se les puede decir la
valiosa información que maneja, pues asegura por tangente
que es posible que tal referéndum no se haga, que la
presión cívico-militar es posible que lo impida. ¿Qué es
lo que sabe Carlos Blanco que los comunes mortales no
sabemos?
En alguna parte mediana razón tiene Carlos Blanco cuando
habla de una falla en la comunicación para tratar de
explicar el porqué debe votarse. No obstante, me permito
recordarle que ya circulan profusamente insultos contra
Teodoro Petkoff y Américo Martín precisamente por andar en
esa tarea de explicar. Pero Blanco sostiene, como la
principal afrenta que se lanza contra los abstencionistas,
que sería culpa de ellos si se pierde el referéndum. Es
obvio que Carlos Blanco no lee las encuestas o si las lee
las mal interpreta o está en otro juego que los comunes
mortales desconocemos. Ya ha explayado Blanco una
enrevesada tesis cuya comprensión es dificultosa. Que la
explique él, y sus asesorados, porque no me toca a mí
desenredar la estopa.
Por lo demás Carlos Blanco insulta al calificar de
“idiotas” a quienes llaman la atención (todas las
encuestadoras) sobre la incidencia de la abstención en los
resultados finales. Carlos Blanco decidirá qué hacer
cuando se levante el día del referéndum “que no se va a
realizar”. Deseo verlo en una cola de votación explicando
a los masivos votantes cómo es eso de sus vacilaciones y
de sus informaciones privilegiadas.
Rigoberto Lanz tiene a bien enviar por correo electrónico
los trabajos que le llegan sobre diversos aspectos de la
vida nacional, incluyendo PSUV y reforma constitucional.
Yo siempre los leo y respeto a Lanz por enviar opiniones
contrastantes y muchas veces polémicas hasta de
partidarios del presidente Chávez o simplemente de gente
de izquierda que discrepa allí o acá o apoya allí o acá.
Allí he visto los artículos de Javier Biardeau que leo con
atención, pues siempre me ha parecido un hombre serio. Sin
embargo, nunca he considerado tanto a Biardeau como en la
entrevista que concedió este pasado domingo 30 de
septiembre a un diario de circulación nacional. Y digo por
qué: porque Biardeau es un sociólogo, sin embargo produce
un análisis de la reforma más profundo, contundente y
claro que tanto constitucionalista que se ha sentido
llamado al podio con motivo del tema y que se llena de
recovecos y floripondios; Biardeau tiene un poder de
síntesis sin par y en tres líneas puede decir lo que un
constitucionalista dice en quince páginas. En segundo
lugar, esas estimables declaraciones, muy bien recogidas
por el periodista entrevistador Edgar López, son
producidas por alguien que se inscribió en el PSUV y cree
en lo que cree, con legítimo derecho, por lo demás. A mí,
que estoy en otra acera, y no precisamente en la de los
defensores a ultranza del capitalismo salvaje y del libre
mercado todopoderoso, me parece que sería un placer
sentarse con Biardeau a discutir sobre nuevas formas
sociales en procura de la justicia y de la inclusión en
una sociedad venezolana de todos.
¿Qué ha dicho Biardieau? Entre muchas otras: que la
reforma afecta principios esenciales del texto
constitucional (cita la eliminación del Consejo Federal de
gobierno); que si hay reelección para presidente y no para
gobernadores se viola el principio de igualdad; que con la
designación de vicepresidentes a dedo se desconoce la
elección popular; “Chávez es un titular ocasional del
poder”; no se puede encadenar la revolución al poder
unipersonal; “el Poder Popular no puede ser un órgano
administrativo del Estado”; “Si la Asamblea Nacional no
modifica ni un punto ni una coma…entonces la oposición
puede cantar fraude constitucional”; “…vamos hacia un
democracia plebiscitaria y no participativa”; sobre el
costo político dice “la deriva populista, cesarista de lo
que aquí llamamos socialismo del siglo XXI”; “si nos
metemos por ese camino, el de la democracia plebiscitaria,
el socialismo aquí va a ser estalinista”; “Chávez no es
Dios, Chávez se equivoca”: “Es el mismo error que cometió
Robespierre que dejó de hacer política de pactos y creyó
tener en sus manos la verdad absoluta…el resultado: una
revuelta”. Y muchas más, de manera que si usted, amigo
lector, no ha leído esta entrevista búsquela.
Claro Javier Biardeau, equilibrista Carlos Blanco.
Biardeau no se anda por las ramas, dice su parecer sin
importarle las consecuencias sean cuales fueren. Carlos
Blanco anda bailando en la cuerda floja. A mí me gusta
quien se planta con sus opiniones, no quien anda en
procura de “amigos”. Con gente como Biardeau se puede
entablar un debate. Con Carlos Blanco –y lo lamento
profundamente- uno tendría que sentarse a hablar del
agiotaje. Quien se dedica a hacer gestos y a opinar con
muecas, es un conocido showman de la “opinión” televisiva.
A Carlos Blanco, a quien estimo, no le luce ejercer como
maestro de la tautología, campo demasiado extendido y
practicado en la Venezuela vacilante.
tlopezmelendez@cantv.net