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A sangre fría
¿Por qué las encuestas no son creíbles?

por Rafael Poleo
sábado, 25 noviembre 2006

 

Junto a las encuestas más o menos creíbles que por ahí se manejan, sólidos y muy objetivos indicios anuncian una inferioridad numérica del chavismo frente a la alianza nacional que ha convocado en su contra. Estas señales, sutiles y no tan sutiles, de la verdadera intención de voto, tienen especial valor para un periodista que en este país ha cubierto elecciones desde 1958.

No es que (todas) las encuestadoras deformen intencionalmente su trabajo. Es que por más preparado y bienintencionado que un encuestador sea, por más sofisticados y hasta habilidosos que sean sus métodos de interrogación, no podrá penetrar la barrera que el ciudadano común se ha ido creando para protegerse de las brutales y humillantes represalias de un Estado fascista. Esto es válido especialmente en los niveles donde el desempleo y la pobreza creciente convierten al ciudadano en un siervo del gobierno dispensador. También en los niveles donde profesionales y empleados públicos son vigilados por comisarios políticos, y los comerciantes y artesanos viven bajo el temor de inspecciones retaliativas. Y hasta en los de empresarios dependientes de contratos y permisos  que obligan a simular adhesión al régimen.

 

Es así como hasta a las encuestas creíbles, para que sean tales, habría que aplicarles un factor compensatorio de la tremenda presión que un régimen de naturaleza represiva ejerce sobre el encuestado. Ese ejercicio matemático es impracticable, de donde otras muestras objetivas alcanzan especial valoración. No pueden ignorarse las enormes movilizaciones en torno a Rosales y la sorprendente flacura de las concentraciones chavistas, no obstante que éstas se financian "a toda leche" con el Presupuesto Nacional y se respaldan en los procedimientos del fascismo, como la convocatoria por listas a los pobres dependientes de la limosna oficial y la orden terminante a los empleados públicos para que asistan a ellas so pena de castigos aplicados en sus estómagos. Hasta los contratistas del Estado, íntimamente antichavistas, tienen que aplicar éste procedimiento en sus nóminas.

 

Otra muestra creíble es la palpación directa que el periodista de pezuña hace en todos los niveles. Este humilde cronista no se ha inhibido de frecuentar las áreas supuestamente dominadas por el chavismo, en Caracas y en el interior. En todas partes encuentra muestras de respeto, aprecio y hasta adhesión, no obstante que los voceros del régimen, hasta el propio Hugo, de manera por cierto muy torpe se han encargado de difundir, torcido y magnificado, lo que hemos dicho sobre la nula confiabilidad de un CNE dispar y lo que una oposición decidida tendría que hacer para que no la despojen. En bodegas y licorerías de provincia, en colas de autobuses en Caracas, lo que se oye es descontento unas veces con altavoz y otras veces con sordina.

 

Por todo lo anterior y apoyado en la autoridad específica que medio siglo de notorio oficio me han dado sobre el tema, a la clásica pregunta de "Poleo, ¿cómo ves la cosa?" respondo que a Rosales le veo más votos que a Chávez. Si entre gallos y media noche de la jornada  comicial el CNE dice otra cosa, será "pura coincidencia".

 

 

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  Artículo publicado originalmente en el diario El Nuevo País

 
 
 
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