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Péndulo
El presidente Chávez y la inquietante idea

de una solución militar

por Rafael Poleo
viernes, 17 noviembre 2006

 

     Al borde mismo de unas elecciones presidenciales que pudieran ser las más importantes de su Historia, los venezolanos se enfrentan a temores tan graves como el de un fraude electoral, una rebelión popular, y una intervención militar de dimensiones y consecuencias impredecibles. El Gobierno ha perdido el control de esta situación. Son baldíos sus esfuerzos por negar la existencia de estas posibilidades que de todos modos siguen presentes para el ciudadano común, no importa a cual de las dos mitades en que el país se divide pertenezca ese cuitado personaje. La demostración más deplorable de este descontrol son las amenazas brutales, como las que el ministro de Energía contra un auditorio de empleados de PDVSA y las morisquetas intimidatorias contra los periodistas que nos limitamos a dar noticia de esta palpable realidad.

La atmósfera de crispación que el régimen como estrategia ha cultivado y que ahora se vuelve contra él bajo la forma de furia colectiva, hace difícil el análisis sereno, pero al mismo tiempo lo vuelve indispensable. ¿Cuáles son las posibilidades reales de fraude? ¿Cuántas la de rebelión popular? Y la Fuerza Armada, ¿es roja como dice el Presidente o democrática y hasta conservadora como la experiencia ha dicho hasta ahora? Esta crónica intentará encontrar respuestas serias a esas interrogantes.

 

La posibilidad de fraude electrónico 

 

Quien con mayor autoridad ha sostenido la presencia del fraude es Rosalio Castillo Lara. El cardenal, ahora dizque retirado en la aldea venezolana donde nació, es un político de vasta experiencia que en el Vaticano ascendió al círculo donde se toman las más delicadas decisiones políticas de la Iglesia Católica y en un momento de su vida decidió regresar a la patria para enfrentar a un régimen al cual califica de híbrido entre el comunismo y el fascismo. A Castillo Lara se le conoce como uno de los pocos, no más de cinco, que prepararon la elección del actual Sumo Pontífice, y con ella la orientación, por varias décadas, de esa enorme fuerza ecuménica que es el catolicismo.

 

En octubre del año pasado, Castillo Lara convocó a una reunión en la cual solicitó a los venezolanos utilizar el arma de la resistencia civil consagrada en el Artículo 350 de la Constitución. Se trataba de defenderse del fraude electoral que en su opinión se preparaba para las elecciones parlamentarias. Pese a los patéticos esfuerzos del régimen, entre un 74% (versión del CNE) y un 83% (versión de los observadores extranjeros) de los electores, siguieron la recomendación de Castillo Lara.

 

Ahora Castillo -ese “Castello” sobre quien los romanos hace diez años hacían chistes alusivos a su enorme poder en el Vaticano-, tiene una recomendación distinta para el mismo diagnóstico. Considera que el régimen hará fraude igual que en el Revocatorio y en la elección de gobernadores, pero asegura que “si todos salimos a votar, Chávez pierde el 3 de diciembre... y después de matar el tigre no hay que tenerle miedo al cuero”. Por si esta metáfora, reveladora de un origen campesino, pudiera ser obscura, aclara que “Si todos salimos a votar el 3 de diciembre y defendemos el voto, será muy difícil hacernos trampa. Y si la hacen, hay que denunciarla de inmediato, salir a la calle y desconocer al Gobierno, con el artículo 350 de la Constitución en la mano”.

 

La mejor respuesta a estas suspicacias no la ha dado el Gobierno, sino el rector Vicente Díaz, solitario vigilante de la Oposición frente a los cuatro representantes del Gobierno en el Consejo Nacional Electoral. En El Universal del lunes 13 de noviembre, mismo día que Castillo Lara declaraba a El Nacional, Díaz sostuvo que en el Registro Electoral hay sólo “errores administrativos que no afectan el resultado de  los comicios. De manera que hay una garantía de que van a votar sólo los venezolanos que deben votar. El segundo aspecto que interesa al elector es que su voto se cuente y que su voto elija. Y pueden tener la seguridad de que el 100% de los votos se cuenta”.

 

Abordó el rector Díaz el controversial tema de las máquinas captahuellas, acusadas de amedrentar al elector modesto y/o dependiente del Estado, temeroso de que la trituradora chavista conozca  que él votó contra el régimen y le aplique represalias según los antecedentes de las listas Maisanta y Tascón. “No hay forma ni manera de que se sepa por quién votó un elector”, asegura Díaz. Sin embargo, se declara en contra de las captahuellas “porque generan temor, pero no es verdad que comprometan el secreto del voto”. No hay información acerca de si el rector de la Oposición ha mantenido frente a los cuatro rectores oficialistas este rechazo a las máquinas atemorizantes. Pero es un hecho que en una exposición suya en la Universidad Católica y en respuesta a la pregunta de un conocido empresario, Díaz dijo que las captahuellas son ilegales y un elector puede negarse a pasar por ellas sin que por eso se le pueda negar derecho al voto. Pero él no recomienda esa resistencia, porque ella puede provocar “un bochinche”.

 

Otro ángulo en el tema de las captahuellas lo plantea Freddy Malpica. Este antiguo Rector de la Universidad Simón Bolívar ha explicado que las captahuellas son  monitoreadas por el Gobierno desde una sala instalada en la Universidad Bolivariana, institución controlada por el régimen. Allí pueden ver quiénes no votan y por las listas Tascón, Maisanta y Santa Inés, saber sus antecedentes electorales. En la Sala de Totalización pueden “poner a votar” por Chávez a estos inasistentes. Otros susceptibles de ese tratamiento son el millón 300.000 personas que según la rectora Sandra Oblitas no tienen residencia fija. El ex rector Malpica ha recorrido los medios de comunicación explicando su tesis, sin que nadie haya sido capaz de decirle “Eso no es así”. Por el contrario, ha recibido respaldos calificados como el de Genaro Mosquera, ex decano de Computación en la UCV. 

 

Por otra parte, la posibilidad de manipulación en las máquinas de votación propiamente dichas ha sido descrita por el ingeniero Nelson Rodríguez Caballero, reconocido experto en computación.

 

“El fraude -dice Rodríguez Caballero- no está en las cajas de votación ni en las papeletas. En 30.000 computadoras y 30.000 cajas trampeadas sería imposible ocultar un fraude. La manipulación será en 3 mil máquinas (10% del total) cargables con 2.000 votos virtuales chavistas cada una, para sumar 6.000.000 de votos virtuales”.

 

Si el fraude sería así, ¿cómo evitarlo? Rodríguez afirma que para alterar los registros y tapar los focos de trampa se necesitarán cuatro o cinco horas. A eso atribuye que en el Revocatorio, con resultados listos a las 6 de la tarde, Carrasquero demorara el anuncio hasta la madrugada.

 

Todo este movimiento se produce en la Sala de Totalización. Por eso, la Oposición debería controlar minuciosamente los votos que llegan a esta Sala, en la cual deberían estar cámaras de televisión nacional e internacional, veedores, observadores, periodistas de aquí y de afuera. Se contaría como en un Teletón de la Sociedad Anticancerosa, que en la pantalla se van sumando el dinero que llega y al final se sabe el monto exacto recibido. Así se hizo en Colombia.

 

Pero sobre la Sala de Totalización hay hechos inquietantes. En el Referendo Revocatorio la Oposición tenía 2 de 5 representantes en el CNE. Poco antes de anunciarse el resultado, estos dos representantes, Sobeya Mejías y Ezequiel Zamora, aparecieron fugazmente en televisión, visiblemente azorados, para denunciar que a las 8 de la noche se les había expulsado físicamente de la Sala de Totalización. Allí quedó mandando el experto Miguel Ángel Narváez, quien de ese cargo pasó a ser Director de Inteligencia Electrónica de la Dirección de Inteligencia Militar. La periodista Marianela Salazar dijo en su columna de El Nacional que las funciones de Narváez son tan de confianza chavista como intervenir celulares y correos electrónicos. Agregó que Narváez fue enviado “en comisión de servicio” -es decir, sin abandonar la DIM- para la Sala de Totalización. Luego se dijo que fue a una Sala Situacional. En este punto hay una zona brumosa que ni el representante de la Oposición en el CNE se ha ocupado de aclarar. En la Dirección de la Sala de Totalización ha estado siempre Leonardo Hernández, ex alumno de la Escuela de la Computación de la UCV puesto en el cargo por Jorge Rodríguez, cuya leal militancia chavista es suficientemente conocida.

 

 A la gente común le cuesta entender el silencioso desempeño del representante de la Oposición en el CNE. En realidad, el propio equipo de Rosales no se muestra preocupado por tantas denuncias. Se ha dicho que los técnicos socialcristianos y otro equipo, independiente, le entregarán a Rosales un informe. Todo esto se mantiene en reserva, lo cual permite aventurar que el propio candidato de la Oposición no cree en la posibilidad de fraude, lo cual simplemente cancelaría el tema.

 

Intermedio Kafkiano

 

Si a algo le teme Chávez, es al calentamiento de la calle. Por eso se urdió la gruesa trama que sacó del país a Patricia Poleo y se la mantendrá exiliada, y por eso se intimida a quienes como al autor de estas notas erradamente se les atribuye capacidad de convocatoria como para promover una protesta el 4 de diciembre. Este aspecto del problema podemos liquidarlo con la mera reflexión de que la única persona cuyo llamado podría llenar las calles en protesta por un eventual fraude, es Manuel Rosales.

Cerremos este breve intermedio antes de seguir el hilo de esta crónica que más que analítica es informativa, con la información de que este periodista no habla con Rosales desde hace algunos años y seguramente no lo hará por varios más. En cuanto a militares, de los activos no conoce ni a un cabo segundo, y el único militar retirado con quien habla de política es el general Müller Rojas, eminente teórico de la Guerra Asimétrica con quien desde hace décadas mantiene una civilizada amistad controversial. Y continuemos.

 

La posibilidad de rebelión popular

 

La Oposición más radical, segmento que se mide en un 15% de la sociedad -contrapartida del 15% chavista irreductible- ha venido sosteniendo que votará y se quedará en la mesa “para defender su voto”. Esta y otras afirmaciones de parecido énfasis indican que un sector numéricamente importante del electorado se dispone a protestar contra el fraude que considera inevitable.

 

Los antecedentes animan esta percepción negativa. Cuando se conocieron los resultados del Referéndum Revocatorio, los dirigentes de la Oposición aparecieron en televisión denunciando que el conteo hecho por el CNE fue fraudulento. Alberto Quirós Corradi, quien en esa oportunidad representó a la Oposición ante le CNE, dice que en esa oportunidad este organismo engañó a la Oposición y que “ahora el fraude será todavía más fácil”.

 

El partido Acción Democrática ha ido más lejos, sosteniendo ahora la postura abstencionista. Sus razones se ilustran con una frase del secretario general, Henry Ramos Allup: “¿Se imaginan ustedes a Chávez quitándose la banda presidencial y colocándosela a Rosales porque sacó cien mil votos más que él?”

 

En rol de analista, distinto del propósito informativo propio de esta crónica, el autor de esta nota ha compartido la opinión de Ramos Allup en cuanto a la naturaleza del chavismo y la opacidad del sistema electoral. Es parte de la naturaleza del régimen según éste mismo la proclama, ya que el régimen chavista se ha auto-definido como un comunismo a la manera del cubano. Conceptualmente, el comunismo en su versión fidelista es un régimen de partido único, sin libertad de información ni pensamiento, cuyos opositores expresos están en la cárcel, el exilio o la tumba.

 

Sus elecciones son de lista única presentada por el partido único -el Comunista. Allí el elector tacha unos nombres y deja otros. Pero todos los nombres son de dirigentes comunistas presentados por el Gobierno. Sería anti-natural que los representantes venezolanos de esa manera de concebir la política y el poder sean respetuosos de unos resultados electorales. Independientemente del fraude  por el cual se le señala en el Revocatorio y en las elecciones de gobernadores, es público y notorio que el régimen elaboró listas de ciudadanos que votaron en su contra (Tascón, etc.) y que sobre estos ciudadanos se han desatado persecuciones. Se han conocido grabaciones de funcionarios del más alto nivel amenazando a los empleados públicos que no voten por Chávez, y éste ha defendido esa conducta invocando principios de la revolución comunista que suponen un desprecio por los derechos del ciudadano como elector. Las condiciones, impuestas desde el Ejecutivo, en las cuales se realizarán las elecciones del 3 de diciembre, son objetivamente favorables al régimen. Basta decir que de los cinco jerarcas que regirán el proceso, cuatro son chavistas reconocidos. En cuanto al quinto, se ha dicho que no lo es.

 

Objetivamente, hay razones para temer que el proceso no sea un ejemplo de transparencia y pulcritud. Ese temor se despejará, en uno u otro sentido, hacia la medianoche del 3 de diciembre. Para terminar este inciso un tanto subjetivo, el autor de esta nota exhorta, en la medida de su modesta capacidad, a que todo ocurra dentro de la Ley.

 

La amenaza militar

 

Desde que el general Páez impuso en la presidencia al doctor Vargas y el comandante Carujo se alzó contra él, la fuerza militar ha sido determinante en la política venezolana. La mayor parte de nuestra vida republicana ha transcurrido bajo regímenes militares. Ahora mismo y según palabras del ciudadano presidente Chávez, vivimos esa experiencia de un Gobierno sostenido por los militares.

 

Dentro de esta realidad objetiva, el ciudadano común, de uno u otro bando, atribuye a los militares o a la Fuerza Armada como institución, el poder de mantener y por tanto el de modificar el actual estado de cosas. La mitad dominante mira con inquietud cualquier alusión a un tema cuya existencia quisiera borrar. La otra mitad, la sojuzgada por un poder ejercido sin consideración civilizada, no se detiene a pensar que un eventual gobierno militar pudiera ser aún peor.

 

 Debe suponerse que el Presidente de la República ha tenido razón cuando proclama que los cuarteles le apoyan -aunque es ilegal sostener que, como él dijo, los militares son “rojos-rojitos”, pues esto supondría violar el Artículo 328 de la Constitución Bolivariana vigente. Pero también hay margen para que alguien, aunque sea confundiendo deseos con realidades, prefiera suponer lo contrario. La imagen del Alto Mando, presidido por el general en jefe Lucas Rincón, anunciando el 11 de abril de 2002 que había pedido la renuncia al presidente Chávez “la cual (éste) aceptó”, está explicablemente impresa en la memoria colectiva. En cuanto a las lealtades proclamadas, es histórico que muchas de éstas han sido como la del robusto general Rosendo, uno de los más exuberantes proclamadores de lealtad al presidente Chávez, quien ese 11 de abril apareció como el más conspicuo entre quienes repudiaron al Jefe del Estado.

 

La sensibilidad republicana y democrática se siente incómoda con esta realidad histórica y seguramente prefiere que la crisis política actual -en realidad la crisis crónica que el país ha vivido en lo que va de este siglo-  se resuelva de una manera más civilizada. Lamentablemente,  antecedentes históricos que incluyen los dos golpes militares del año 1992, las condiciones de crispación y el antagonismo entre las dos mitades en que el país se ha dividido, hecho de cuya responsabilidad no puede escapar un político llamado Hugo Chávez, crean las condiciones para que el eterno fantasma de la intervención militar abrume el ánimo de los venezolanos. Cualquier observador bien intencionado, aún a riesgo de pasar por ingenuo, tiene que desear rectificaciones que nos libren por fin de ese factor retrógrado. Pero esas rectificaciones no puede ejecutarlas sino el hombre que hoy tiene todo el poder en Venezuela, quien maneja según su personal criterio el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial y el Militar, además de la mayoría de los medios de comunicación. En las  manos de Chávez están la paz o la violencia.

 

 

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  Artículo publicado originalmente en el semanario ZETA

 
 
 
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