Inicio | Editor | Contáctenos 
 

 Webarticulistas

Manuel Malaver

 

Eli Bravo

 

Luis  DE LION

 

Roberto Palmitesta

 

Lucy Gómez

 

Alexis Márquez Rodríguez

 

Ted Córdova-Claure

 

Antonio Sánchez García

 

Aníbal Romero

 

Charles Cholaleesa

 

Agustín Blanco Muñoz

 

 

Viajes reveladores de dos figuras mundiales
por Roberto Palmitesta
jueves, 14 diciembre 2006

 

1. El Papa en Turquía: tratando de apaciguar al Islam

El viaje “pastoral” del Papa a Turquía tenía aparentemente el propósito de reforzar los lazos del Vaticano con la Iglesia Ortodoxa griega, que se separó del Catolicismo hace un milenio y tiene ahora unos 300 millones de fieles en el mundo, mayormente en Grecia, Rusia, Europa Oriental y los países Balcánicos. Pero detrás de esa intención, estaba el intento papal de sanar las heridas dejadas por su polémico discurso en Alemania. Justamente, la cita que ofendió a los musulmanes provino de un emperador bizantino del siglo XIV basado en Estambul, de modo que la visita sirvió –irónicamente- para recordar esas palabras inapropiadas, que criticaban al Islam por “difundir la fe a sangre y fuego”, algo que –en el fondo- todas las religiones han hecho en el pasado.

La ubicación de Estambul también recordó las Cruzadas, que debían pasar forzosamente por la vieja Constantinopla para dirigirse a Tierra Santa, siendo la acusación más fuerte que le hacen los extremistas islámicos a Occidente, la de emprender “una nueva cruzada”para dominarlos, como fue la costumbre europea por un tiempo y ahora se repite con coaliciones lideradas por EE.UU. Obviamente a Washington le interesaba que el Papa aliviara un poco las tensiones entre la cultura judeo-cristiana y la musulmana, que algunos eruditos han llamado -con cierta razón- un “choque de civilizaciones”, y que muchos creen está al fondo del antagonismo y el consecuente terrorismo islámico.

El viaje del Pontífice fue estimulado también por Turquía por motivos políticos y económicos, ya que deseaban el apoyo de la influyente Iglesia Católica al ingreso de la nación turca a la Unión Europea. Pero mientras Benedicto XVI estaba en Estambul, la Comisión Europea decidió aplazar “por ahora” cualquier discusión del tema, en vista de la renuencia de Ankara a permitir el comercio con Chipre, miembro de la UE. Tampoco se puede olvidar que Turquía es un miembro activo de la OTAN desde tiempos de la guerra fría, de modo que la presencia turca en la UE tiene ribetes militares.

Justamente, mientras el Papa llegaba a Turquía, el premier turco Erdogan viajaba a la una cumbre de la OTAN en Riga, donde se analizaba la guerra contra el terrorismo. Allí Bush criticó a sus socios atlánticos por eludir sus obligaciones en Afganistán e Irak, algo que se explica por las presiones políticas internas en los países europeos, que están dejando solo a EE.UU. ahora que las cosas van mal. Otro gallo cantaría si la naciente democracia iraquí se hubiera consolidado y no hubiera tanta violencia sectaria o insurgente. Un recordatorio de que la derrota es huérfana y que la lealtad y la solidaridad son conceptos algo esotéricos en las relaciones geopolíticas, con cada país defendiendo sus propios intereses a la hora de las chiquitas.

2. Bush en Vietnam frente a la historia

Tratando de olvidar la reciente derrota republicana en las elecciones legislativas, George W. Bush aprovechó el viaje al oriente asiático para “cambiar de ambiente”. Pero no pudo haber escogido un peor escenario que Hanoi, pues allí está presente el fantasma de la única derrota estadounidense en una guerra, cuando en 1975 las tropas de ese país fueron obligadas a salir de Vietnam del Sur por los contingentes rebeldes del Viet Cong, asistidos por Vietnam del Norte, la URSS y China. La presencia de Bush en Hanoi debe haber sido tanto más dolorosa cuando fue una administración republicana la que presidió sobre la humillante retirada de Raigón, luego rebautizada como Ciudad Ho Chi Minh, el líder rebelde que inició la contienda descolonizadora.

En Hanoi, Bush no pudo evadir la pregunta lógica de los periodistas, sobre el parecido entre Vietnam e Irak, estando EE.UU. tan empantanado en este último país como lo estuvo en Vietnam hace tres décadas. Ciertamente hay ciertas diferencias importantes, ya que en Irak hay serios problemas étnicos y religiosos, con una virtual guerra civil, mientras las tropas de ocupación tienen que combatir contra insurgentes y terroristas a la vez, siendo reacias a servir como policías del orden público y sujetas a atentados con explosivos o francotiradores. También está el resentimiento de los sufridos citadinos, que han llegado hasta a añorar el brutal régimen de Hussein, con tal de tener un poco más de seguridad.

En Vietnam, EE.UU. parecía haber aprendido que su formidable aparato militar es poco útil cuando se combate una guerrilla que se confunde entre la población civil, dándole una obvia ventaja en la lucha asimétrica, máxime cuando hay activistas determinados a propinar otra humillación a EE.UU., confiando en que la opinión pública obligará a retirar a las tropas estadounidenses, como lo hizo en Vietnam hace 31 años. Así, un Bush que no participó en Vietnam, está aprendiendo a golpes que no se puede invadir impunemente un país sin pagar un costo elevado en vidas humanas y popularidad. Mientras tanto, la factura de Irak -que gira alrededor de un billón de dólares-- recuerda a diario a EE.UU. que estas aventuras militares no son rentables, por más loable que haya sido el derrocamiento de Hussein.

Ciertamente había otras intenciones geopolíticas como la de controlar los suministros petroleros iraquíes y el de rodear a la belicosa Irán con regímenes “amigables”, teniendo ahora en Afganistán un gobierno a su favor y siendo un aliado circunstancial de Pakistán. Pero como todo se basó en un pretexto formal de “eliminar las armas de destrucción masiva” de Irak, luego inexistentes, ahora Bush trata de justificar la presencia de EE.UU. con la intención de “construir naciones democráticas”, en una región que conoce muy poco de democracia y que resiente las décadas de colonialismo europeo. El desconocimiento de la cultura y realidades del Oriente Medio ha sido, precisamente, la causa del error de Bush en decidir la invasión de Irak, desoyendo a voces al contrario de sus aliados europeos.

Ahora se teme que el pesado fardo de Irak que llevará John McCain, el probable candidato republicano a la presidencia en 2008, será nuevamente la causa de la derrota de ese partido, ya que es difícil que logre extricarse de Irak para entonces, dada la situación perder-perder que impera allí, especialmente después que un equipo de “expertos” recomendó como mejor solución la de mantener la actual política de Bush de consolidar el gobierno iraquí y prepararlo para que se defienda solo. Así que el trauma de Irak seguirá perjudicando al partido Republicano, aunque McCain haga alarde de una honrosa hoja de servicio militar…justamente en Vietnam. Ironías del destino.

rpalmi@yahoo.com

 *

  Artículo publicado originalmente en el semanario ZETA

 
 
 
© Copyright 2006 - WebArticulista.net - Todos los Derechos Reservados.