1. El Papa en Turquía: tratando
de apaciguar al Islam
El viaje “pastoral” del Papa a Turquía tenía aparentemente el
propósito de reforzar los lazos del Vaticano con la Iglesia
Ortodoxa griega, que se separó del Catolicismo hace un milenio y
tiene ahora unos 300 millones de fieles en el mundo, mayormente
en Grecia, Rusia, Europa Oriental y los países Balcánicos. Pero
detrás de esa intención, estaba el intento papal de sanar las
heridas dejadas por su polémico discurso en Alemania.
Justamente, la cita que ofendió a los musulmanes provino de un
emperador bizantino del siglo XIV basado en Estambul, de modo
que la visita sirvió –irónicamente- para recordar esas palabras
inapropiadas, que criticaban al Islam por “difundir la fe a
sangre y fuego”, algo que –en el fondo- todas las religiones han
hecho en el pasado.
La ubicación de Estambul también
recordó las Cruzadas, que debían pasar forzosamente por la vieja
Constantinopla para dirigirse a Tierra Santa, siendo la
acusación más fuerte que le hacen los extremistas islámicos a
Occidente, la de emprender “una nueva cruzada”para dominarlos,
como fue la costumbre europea por un tiempo y ahora se repite
con coaliciones lideradas por EE.UU. Obviamente a Washington le
interesaba que el Papa aliviara un poco las tensiones entre la
cultura judeo-cristiana y la musulmana, que algunos eruditos han
llamado -con cierta razón- un “choque de civilizaciones”, y que
muchos creen está al fondo del antagonismo y el consecuente
terrorismo islámico.
El viaje del Pontífice fue
estimulado también por Turquía por motivos políticos y
económicos, ya que deseaban el apoyo de la influyente Iglesia
Católica al ingreso de la nación turca a la Unión Europea. Pero
mientras Benedicto XVI estaba en Estambul, la Comisión Europea
decidió aplazar “por ahora” cualquier discusión del tema, en
vista de la renuencia de Ankara a permitir el comercio con
Chipre, miembro de la UE. Tampoco se puede olvidar que Turquía
es un miembro activo de la OTAN desde tiempos de la guerra fría,
de modo que la presencia turca en la UE tiene ribetes militares.
Justamente, mientras el Papa llegaba
a Turquía, el premier turco Erdogan viajaba a la una cumbre de
la OTAN en Riga, donde se analizaba la guerra contra el
terrorismo. Allí Bush criticó a sus socios atlánticos por eludir
sus obligaciones en Afganistán e Irak, algo que se explica por
las presiones políticas internas en los países europeos, que
están dejando solo a EE.UU. ahora que las cosas van mal. Otro
gallo cantaría si la naciente democracia iraquí se hubiera
consolidado y no hubiera tanta violencia sectaria o insurgente.
Un recordatorio de que la derrota es huérfana y que la lealtad y
la solidaridad son conceptos algo esotéricos en las relaciones
geopolíticas, con cada país defendiendo sus propios intereses a
la hora de las chiquitas.
2. Bush en Vietnam frente a la historia
Tratando de olvidar la reciente derrota republicana en las
elecciones legislativas, George W. Bush aprovechó el viaje al
oriente asiático para “cambiar de ambiente”. Pero no pudo haber
escogido un peor escenario que Hanoi, pues allí está presente el
fantasma de la única derrota estadounidense en una guerra,
cuando en 1975 las tropas de ese país fueron obligadas a salir
de Vietnam del Sur por los contingentes rebeldes del Viet Cong,
asistidos por Vietnam del Norte, la URSS y China. La presencia
de Bush en Hanoi debe haber sido tanto más dolorosa cuando fue
una administración republicana la que presidió sobre la
humillante retirada de Raigón, luego rebautizada como Ciudad Ho
Chi Minh, el líder rebelde que inició la contienda
descolonizadora.
En Hanoi, Bush no pudo evadir la
pregunta lógica de los periodistas, sobre el parecido entre
Vietnam e Irak, estando EE.UU. tan empantanado en este último
país como lo estuvo en Vietnam hace tres décadas. Ciertamente
hay ciertas diferencias importantes, ya que en Irak hay serios
problemas étnicos y religiosos, con una virtual guerra civil,
mientras las tropas de ocupación tienen que combatir contra
insurgentes y terroristas a la vez, siendo reacias a servir como
policías del orden público y sujetas a atentados con explosivos
o francotiradores. También está el resentimiento de los sufridos
citadinos, que han llegado hasta a añorar el brutal régimen de
Hussein, con tal de tener un poco más de seguridad.
En Vietnam, EE.UU. parecía haber
aprendido que su formidable aparato militar es poco útil cuando
se combate una guerrilla que se confunde entre la población
civil, dándole una obvia ventaja en la lucha asimétrica, máxime
cuando hay activistas determinados a propinar otra humillación a
EE.UU., confiando en que la opinión pública obligará a retirar a
las tropas estadounidenses, como lo hizo en Vietnam hace 31
años. Así, un Bush que no participó en Vietnam, está aprendiendo
a golpes que no se puede invadir impunemente un país sin pagar
un costo elevado en vidas humanas y popularidad. Mientras tanto,
la factura de Irak -que gira alrededor de un billón de dólares--
recuerda a diario a EE.UU. que estas aventuras militares no son
rentables, por más loable que haya sido el derrocamiento de
Hussein.
Ciertamente había otras intenciones
geopolíticas como la de controlar los suministros petroleros
iraquíes y el de rodear a la belicosa Irán con regímenes
“amigables”, teniendo ahora en Afganistán un gobierno a su favor
y siendo un aliado circunstancial de Pakistán. Pero como todo se
basó en un pretexto formal de “eliminar las armas de destrucción
masiva” de Irak, luego inexistentes, ahora Bush trata de
justificar la presencia de EE.UU. con la intención de “construir
naciones democráticas”, en una región que conoce muy poco de
democracia y que resiente las décadas de colonialismo europeo.
El desconocimiento de la cultura y realidades del Oriente Medio
ha sido, precisamente, la causa del error de Bush en decidir la
invasión de Irak, desoyendo a voces al contrario de sus aliados
europeos.
Ahora se teme que el pesado fardo de
Irak que llevará John McCain, el probable candidato republicano
a la presidencia en 2008, será nuevamente la causa de la derrota
de ese partido, ya que es difícil que logre extricarse de Irak
para entonces, dada la situación perder-perder que impera allí,
especialmente después que un equipo de “expertos” recomendó como
mejor solución la de mantener la actual política de Bush de
consolidar el gobierno iraquí y prepararlo para que se defienda
solo. Así que el trauma de Irak seguirá perjudicando al partido
Republicano, aunque McCain haga alarde de una honrosa hoja de
servicio militar…justamente en Vietnam. Ironías del destino.
rpalmi@yahoo.com
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Artículo publicado originalmente en el semanario ZETA |