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El periodista oficial - por Eli Bravo
 viernes, 26 noviembre 2004


 
         

 

             En mis años formativos en la UCAB, sentado tras la máquina para teclear las primeras notas en clases de redacción con la profesora Nora Uribe,  tratando de emular a Roberto Giusti o Edwald Sharfenberg, en aquellos años 80´s vilipendiados y de incubación del presente, la idea que tenía del periodista era la de una persona que dudaba de todo sin aliarse con líderes o causas. Para estar de acuerdo y apoyar el sistema existía el periodismo institucional, pero ser periodista era sobre todo plantarse frente al poder, y en muchos casos, estar en contra.

            Para el gobierno arrimaban quienes aparecían en la nómina de Miraflores o de los medios oficiales. Pero estar con el gobierno no era necesariamente defenderlo. En muchos casos era cobrar el salario o hacer carrera, pero de ahí a entregarse en cuerpo y alma parecía haber una distancia.

            La primera vez que me sentí periodista fue en el noticiero de 104.5 FM que dirigía Jesús Romero Anselmi. Puedo verlo tras la máquina eléctrica, cigarrillo en mano, desmenuzando la noticia y las tramas del gobierno de Carlos Andrés Pérez. Era la misma época cuando me sentaba junto a Mari Montes (quien decía que el periodismo debía ser el perrro guardian de la democracia) para ver el programa de José Vicente Rangel en Televen, e ilusos los dos, pensábamos que su compromiso era con la profesión y la verdad. Cuando vi en casa de un prominentes adeco dos esculturas de su esposa Ana Ávalos pensé: Cicerón tiene gato encerrado.

            Pueden ser los vapores de la nostalgia o la ingenuidad del recién graduado, pero recuerdo el oficio en aquellos años como un ejercicio de contrapeso. Lejos de la polarización actual, donde hay periodistas que buscan tumbar al gobierno mientras otros buscan sostenerlo, y más allá de las conchupancias, palangres, ollas y demás perversiones de la profesión, la razón de ser del periodista era de cara al público, no a los militantes. Era inconcebible escuchar a un colega decir “yo estoy con el gobierno” de la forma apasionada como hoy en día se escucha “yo defiendo el proceso”

            Tiempo pasados y cada quien es libre de elegir su camino.

            Pero ¿es compatible con la profesión esta defensa del poder?

            Y para que el asunto sea a doble vía ¿es labor del periodista tumbar gobiernos?

            Si algo me ha enseñado el tiempo es que no existen los blancos y negros. Ante la gama de grises que pintan la realidad no basta con avanzar armado de pinzas y una cartilla de principios. Pero sin estos tampoco es posible llegar a algún lado.

            Y un principio que viene atado al periodismo es su alergia al poder cualquiera sea su naturaleza. Este es un oficio que ha surgido para contener los excesos del poder, y más aún, para vigilar al poderoso, pues nada nubla la mente como esa droga pasajera. Porque todo poder es temporal, aunque ilusione al hombre con su permanencia.

            ¿Para qué trabajamos, a quién servimos?

            Tema de sobremesa, o como dicen, food for thought 

            ebravo@unionradio.com.ve             

      

 

 

 

 

 
 

 

 

 

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