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Néstor, Cristina y Hugo: Un triangulo
no precisamente platónico
por Manuel Malaver  
domingo, 16 diciembre 2007


La confesión del empresario venezolano-gringo, Guido Antonini Wilson, a autoridades norteamericanas de Miami, de que unos 800 mil dólares que trató de introducir ilegalmente en Buenos Aires en agosto pasado “era una contribución del gobierno venezolano a la campaña de la entonces candidata presidencial, Cristina Fernández de Kirchner”, permite despejar algunas de las incógnitas que quedaron pendientes al momento de conocerse e investigar cómo era que, además, de bonos basura rioplatenses, contratos en la relación de negocios PDVSA-ENARSA, discursos, folletos y sermones chavistas, y leche y vaquillas de las pampas, en los aviones privados donde se cruzaban los altos funcionarios de una y otra administración también viajaban maletines con cientos de miles de dólares contantes y sonantes.

Porque es que desde el primer momento resultó sospechoso que, no siendo funcionario oficial ni del gobierno bolivariano ni del justicialista, el empresario binacional viajara de Caracas a Buenos Aires en un Cessna Citation X matrícula N° 5113, contratado por la petrolera estatal argentina ENARSA, y en compañía de su presidente, Ezequiel Espinoza; del director del Organismo de Control de Concesiones Viales, OCCOVI, y mano derecha, del ministro de Planificación, Julio de Vido, Claudio Uberti, y de Daniel Uzcátegui, hijo del vicepresidente de PDVSA-Argentina, Diego Uzcátegui.

O sea, un hombre de empresa advenedizo, anónimo, y sin militancia política bolivariana o peronista, pero al parecer de mucha confianza entre los hombres de PDVSA, ENARSA y de los dos gobiernos, puesto que entró a la nave sin que nadie se extrañara ni le pidiera identificación, y que seguramente hizo el largo recorrido de 7 horas escanciando escoceses de 25 años de data, catering de los mejores chefs de Caracas y Buenos Aires, rociados de champaña y vino de las mejores marcas y cosechas a que son tan aficionados los entrepreneurs chavistas y socialistas que en Venezuela también se conocen como boliburgueses.

Pero quizá con lo que más impresionó Antonini a sus anfitriones de ruta, fue contándoles su participación y hazañas en los Rally Gumball 3000-carreras fuera de clasificación que organiza la Ferrari para los felices propietarios de sus modelos para aficionados- y donde el “Gordo”, haciendo equipo con Carlos Kauffman y los hermanos Durán, participaba habitualmente con su Spider 360 de 300 mil dólares, que exhibía orgullosamente una calcomanía con el slogan revolucionario y chavista de: “Ahora Venezuela es de todos”.

Pero eso, suponiendo que fuera la primera vez que se encontrara en las nubes con Espinoza, Uberti, y Uzcátegui, ya que al analizar la data del curioso viajero en vuelos Caracas-Buenos Aires y Buenos Aires-Caracas, periodistas del diario “La Nación” se encontraron con la información sorprendente de que hasta 16 ingresos, con sus respectivas salidas, tenía Antonini a la capital del Plata en la primera mitad del año.

Y aquí las preguntas vienen solas: ¿Qué atraía tanto de la ciudad de Borges y Piazzolla a un venezolano de Tejerías sin aficiones conocidas por la literatura de ciencia ficción, ni el tango sinfónico? ¿Acaso las exquisitas carnes del Cabaña Las Lilas (según Mark Bittmann, el legendario crítico gastronómico de The New York Times, “el mejor restaurant de carnes del mundo” y donde también son habitués el presidente de PDVSA, Rafael Ramírez y sus equipos), o las pastas del Parolaccia, o el cordero a la Patagonia del Piú, o el concurso de tangos que noche a noche se disfruta en el Café Tortoni (el favorito de Gardel), o los campeonatos de Polo, o algunas comisiones a pagar o recibir de empresarios públicos o privados, o las fabulosas laundrys que ya son célebres en la Argentina de los Kirchner, o las tentaciones de los tráficos ( de todos los tráficos) que desde los tiempos de Onasis tienen en los mapas del delito a la también conocida como ciudad-luz del populismo latinoamericano y mundial?.

Pues no, definitivamente no y no, ya que los viajes de Antonini a Buenos Aires eran por horas.

O sea, que llegaba, entregaba o recibía algo y se venía con la misma, sin siquiera un matahambre en el estómago, y quizá para volver a cargar y regresar.

¿Y cual sería esa mercancía tan valiosa que justificaba el costo de viajes tan largos y frecuentes? ¿Acaso diamantes, oro, heroína, uranio, cuadros de Van Gogh o Picasso, o dólares contantes y sonantes y en cantidades suficientes como para sufragar los gastos de una campaña electoral que estaba entrando en la fase en que se invierte o se pierde?

Porque las cintas de grabación de la seguridad del aeropuerto que existían y desaparecieron misteriosamente en manos de la policía bonaerense no mienten, y hablan de un “Gordo” taciturno y silencioso que pasa siempre sin control frente a los scanners, sale con un maletín lleno y regresa después con el mismo maletín…¡pero vacío!.

Otro dato interesante que surge de la investigación de la prensa bonaerense ( que no de las autoridades argentinas que en el caso del “Valija Gate” se han revelado especialmente torpes) y que contribuye a despejar otra incógnita del sonado escándalo si las declaraciones del empresario gringo- venezolano resultan confirmadas, es que el “Gordo Errante” entraba y salía siempre por el Aeroparque Jorge Newberry de Ezeiza, un aeropuerto de tráfico casi oficial y donde los pasajeros venezolanos empleados del gobierno o de PDVSA, no eran sometidos a los chequeos que por ley se les hace a los transeúntes que ingresan a la capital del Plata y a sus valijas.

De modo que el “Gordo Errante” entraba a Buenos Aires día por medio, para estadías de apenas 4, 6, 8 o 12 horas y nadie, absolutamente nadie en Ezeiza, ni en Buenos Aires, se interesaba en preguntarse por qué tantas idas y venidas y por qué llegar siempre con un maletín que, de entrada, parecía lleno y de salida, vacío.

Y aquí terminamos con la tercera incógnita a despejar si es que Antonini está diciendo la verdad y sus acusaciones se comprueban y es ¿por qué ni las autoridades del aeropuerto que descubrieron los dólares en el maletín, ni los fiscales que conocieron el informe de las autoridades, ni los jueces que recibieron el informe de los fiscales, procedieron a detener y enjuiciar a un ciudadano que estaba introduciendo ilegalmente en un país extranjero la bicoca de 800 mil dólares?

O lo que es lo mismo: que mientras en todo el mundo se habla y se toman medidas contra el lavado de dinero y el narcotráfico, se combate el crimen organizado y la corrupción que se cubre con todos los disfraces y pretextos para delinquir, en la Argentina de la pareja Kirchner, un delincuente convicto y confeso pasa el control de un aeropuerto, se pierde en la noche sin rumbo conocido y después abandona el país como si no hubiera roto un plato.

Situación que habría continuado en espera de una hipotética extradición de Estados Unidos que en un año haría olvidar a Antonini, los 800 mil dólares y su repleta valija, permitiendo a los esposos Kirchner continuar su triángulo no precisamente platónico con Chávez, mientras despotricaban de los medios y gritaban que llegaban para unirse a la causa de la redención de los pobres de Argentina, Venezuela y América latina.

Que para eso su alocado socio venezolano tiene muchos petrodólares que regalar y repartir, y se presta a integrar un ménage á trois donde es posible que falte vergüenza, honestidad y legalidad, pero revolución, populismo y socialismo … NUNCA.

 
 

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