La
confesión del empresario venezolano-gringo, Guido Antonini
Wilson, a autoridades norteamericanas de Miami, de que
unos 800 mil dólares que trató de introducir ilegalmente
en Buenos Aires en agosto pasado “era una contribución del
gobierno venezolano a la campaña de la entonces candidata
presidencial, Cristina Fernández de Kirchner”, permite
despejar algunas de las incógnitas que quedaron pendientes
al momento de conocerse e investigar cómo era que, además,
de bonos basura rioplatenses, contratos en la relación de
negocios PDVSA-ENARSA, discursos, folletos y sermones
chavistas, y leche y vaquillas de las pampas, en los
aviones privados donde se cruzaban los altos funcionarios
de una y otra administración también viajaban maletines
con cientos de miles de dólares contantes y sonantes.
Porque es que desde el primer momento resultó sospechoso
que, no siendo funcionario oficial ni del gobierno
bolivariano ni del justicialista, el empresario binacional
viajara de Caracas a Buenos Aires en un Cessna Citation X
matrícula N° 5113, contratado por la petrolera estatal
argentina ENARSA, y en compañía de su presidente, Ezequiel
Espinoza; del director del Organismo de Control de
Concesiones Viales, OCCOVI, y mano derecha, del ministro
de Planificación, Julio de Vido, Claudio Uberti, y de
Daniel Uzcátegui, hijo del vicepresidente de PDVSA-Argentina,
Diego Uzcátegui.
O sea, un hombre de empresa advenedizo, anónimo, y sin
militancia política bolivariana o peronista, pero al
parecer de mucha confianza entre los hombres de PDVSA,
ENARSA y de los dos gobiernos, puesto que entró a la nave
sin que nadie se extrañara ni le pidiera identificación, y
que seguramente hizo el largo recorrido de 7 horas
escanciando escoceses de 25 años de data, catering de los
mejores chefs de Caracas y Buenos Aires, rociados de
champaña y vino de las mejores marcas y cosechas a que son
tan aficionados los entrepreneurs chavistas y socialistas
que en Venezuela también se conocen como boliburgueses.
Pero quizá con lo que más impresionó Antonini a sus
anfitriones de ruta, fue contándoles su participación y
hazañas en los Rally Gumball 3000-carreras fuera de
clasificación que organiza la Ferrari para los felices
propietarios de sus modelos para aficionados- y donde el
“Gordo”, haciendo equipo con Carlos Kauffman y los
hermanos Durán, participaba habitualmente con su Spider
360 de 300 mil dólares, que exhibía orgullosamente una
calcomanía con el slogan revolucionario y chavista de:
“Ahora Venezuela es de todos”.
Pero eso, suponiendo que fuera la primera vez que se
encontrara en las nubes con Espinoza, Uberti, y Uzcátegui,
ya que al analizar la data del curioso viajero en vuelos
Caracas-Buenos Aires y Buenos Aires-Caracas, periodistas
del diario “La Nación” se encontraron con la información
sorprendente de que hasta 16 ingresos, con sus respectivas
salidas, tenía Antonini a la capital del Plata en la
primera mitad del año.
Y aquí las preguntas vienen solas: ¿Qué atraía tanto de la
ciudad de Borges y Piazzolla a un venezolano de Tejerías
sin aficiones conocidas por la literatura de ciencia
ficción, ni el tango sinfónico? ¿Acaso las exquisitas
carnes del Cabaña Las Lilas (según Mark Bittmann, el
legendario crítico gastronómico de The New York Times, “el
mejor restaurant de carnes del mundo” y donde también son
habitués el presidente de PDVSA, Rafael Ramírez y sus
equipos), o las pastas del Parolaccia, o el cordero a la
Patagonia del Piú, o el concurso de tangos que noche a
noche se disfruta en el Café Tortoni (el favorito de
Gardel), o los campeonatos de Polo, o algunas comisiones a
pagar o recibir de empresarios públicos o privados, o las
fabulosas laundrys que ya son célebres en la Argentina de
los Kirchner, o las tentaciones de los tráficos ( de todos
los tráficos) que desde los tiempos de Onasis tienen en
los mapas del delito a la también conocida como ciudad-luz
del populismo latinoamericano y mundial?.
Pues no, definitivamente no y no, ya que los viajes de
Antonini a Buenos Aires eran por horas.
O sea, que llegaba, entregaba o recibía algo y se venía
con la misma, sin siquiera un matahambre en el estómago, y
quizá para volver a cargar y regresar.
¿Y cual sería esa mercancía tan valiosa que justificaba el
costo de viajes tan largos y frecuentes? ¿Acaso diamantes,
oro, heroína, uranio, cuadros de Van Gogh o Picasso, o
dólares contantes y sonantes y en cantidades suficientes
como para sufragar los gastos de una campaña electoral que
estaba entrando en la fase en que se invierte o se pierde?
Porque las cintas de grabación de la seguridad del
aeropuerto que existían y desaparecieron misteriosamente
en manos de la policía bonaerense no mienten, y hablan de
un “Gordo” taciturno y silencioso que pasa siempre sin
control frente a los scanners, sale con un maletín lleno y
regresa después con el mismo maletín…¡pero vacío!.
Otro dato interesante que surge de la investigación de la
prensa bonaerense ( que no de las autoridades argentinas
que en el caso del “Valija Gate” se han revelado
especialmente torpes) y que contribuye a despejar otra
incógnita del sonado escándalo si las declaraciones del
empresario gringo- venezolano resultan confirmadas, es que
el “Gordo Errante” entraba y salía siempre por el
Aeroparque Jorge Newberry de Ezeiza, un aeropuerto de
tráfico casi oficial y donde los pasajeros venezolanos
empleados del gobierno o de PDVSA, no eran sometidos a los
chequeos que por ley se les hace a los transeúntes que
ingresan a la capital del Plata y a sus valijas.
De modo que el “Gordo Errante” entraba a Buenos Aires día
por medio, para estadías de apenas 4, 6, 8 o 12 horas y
nadie, absolutamente nadie en Ezeiza, ni en Buenos Aires,
se interesaba en preguntarse por qué tantas idas y venidas
y por qué llegar siempre con un maletín que, de entrada,
parecía lleno y de salida, vacío.
Y aquí terminamos con la tercera incógnita a despejar si
es que Antonini está diciendo la verdad y sus acusaciones
se comprueban y es ¿por qué ni las autoridades del
aeropuerto que descubrieron los dólares en el maletín, ni
los fiscales que conocieron el informe de las autoridades,
ni los jueces que recibieron el informe de los fiscales,
procedieron a detener y enjuiciar a un ciudadano que
estaba introduciendo ilegalmente en un país extranjero la
bicoca de 800 mil dólares?
O lo que es lo mismo: que mientras en todo el mundo se
habla y se toman medidas contra el lavado de dinero y el
narcotráfico, se combate el crimen organizado y la
corrupción que se cubre con todos los disfraces y
pretextos para delinquir, en la Argentina de la pareja
Kirchner, un delincuente convicto y confeso pasa el
control de un aeropuerto, se pierde en la noche sin rumbo
conocido y después abandona el país como si no hubiera
roto un plato.
Situación que habría continuado en espera de una
hipotética extradición de Estados Unidos que en un año
haría olvidar a Antonini, los 800 mil dólares y su repleta
valija, permitiendo a los esposos Kirchner continuar su
triángulo no precisamente platónico con Chávez, mientras
despotricaban de los medios y gritaban que llegaban para
unirse a la causa de la redención de los pobres de
Argentina, Venezuela y América latina.
Que para eso su alocado socio venezolano tiene muchos
petrodólares que regalar y repartir, y se presta a
integrar un ménage á trois donde es posible que falte
vergüenza, honestidad y legalidad, pero revolución,
populismo y socialismo … NUNCA.