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El AK-47 como arma de destrucción masiva
por Manuel Malaver
miércoles, 28 junio 2006

 

El lunes pasado comenzó en Nueva York la Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre las Armas Pequeñas y Ligeras y el punto más importante de su agenda fue poner en el banquillo de los acusados a uno de los asesinos mejor repartidos, eficientes y populares de la historia: el fusil de asalto Kalashnikov o AK-47.

Más letal que las bombas atómicas que lanzó la aviación norteamericana sobre Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra, que los millones de kilos de explosivos que cayeron sobre Corea durante la guerra civil que dividió aquel país, que los miles toneladas de bombas con que el ejército de ocupación soviético quiso doblegar a Afganistán y que los millones de minas personales que aún acechan por el mundo con su aullido de mutilación, destrucción y muerte.

Pero a pesar de…muy requerido, estimado y solicitado, muy del aprecio de impacientes, fanáticos y violentos que piensan que solo la guerra conduce a la liberación y de gángsteres y delincuentes para quienes la cruzada contra la ley, también podría llamarse “la religión del Kalashnikov”.

Liviano, fácil de usar, inoxidable, artístico y al parecer barato, el AK-47 fue el fusil llevado por los chinos a Vietnam para perpetrar la invasión de finales de los 70; pero igualmente la máquina con que los vietnamitas derrotaron la ocupación; y el de las guerras centroamericanas, y el de las guerras balcánicas; y el de las guerras del Congo, Sierra Leona, Liberia, Irak, Yemen, Colombia y de cuanto conflicto de alta, mediana o baja intensidad se dispara por el mundo, por el Tercer Mundo.

Pero lo peor es que sin necesitad de conflictos, y por el solo hecho de dejar sentada la decisión de matar, hay AK-47 en todos los caminos, cruces y rincones de África, en bosques de la India, selvas de Sri Lanka y Nepal, montañas de América Latina, barrios de Buenos Aires, Santiago, Sao Paolo, Lima, Bogotá y Caracas, y en las calles de urbanizaciones que se preparan para choques que ni siquiera la peor de las pesadillas se atreve a nombrar.

Lo dice el informe que fue discutido en Nueva York en el curso de la Conferencia de Naciones Unidas sobre las Armas Pequeñas y Ligeras, en uno de cuyos capítulos se establece que tanto como 70 millones de AK-47, y otras variantes de su diseño original, están repartidos por el mundo, resultando predecible que para los próximos 20 años continúe siendo el arma más usada en zonas de conflictos.

O sea, toda un arma de destrucción masiva, que deja pálidas a aquellas que por regulaciones de la ONU solo pueden construirse bajo vigilancia, y cuyo uso, en cualquier circunstancia, es objeto de control internacional.

Oigamos lo que dice al respecto, Jeremy Hobbs, director de Oxfam Internacional, uno de los activistas con mayor protagonismo en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Armas Pequeñas y Ligeras:

“El AK-47, que no está sometido a regulación alguna y está fuera de control, está alimentando los conflictos y la pobreza en los países menos desarrollados. Un millón de personas de todo el mundo han apoyado con sus fotos una petición a favor de controles más duros sobre el comercio de las armas. En esta conferencia mundial de Naciones Unidas, los gobiernos deben acordar normas globales para la venta de armas ligeras y ayudar poner fin así a todo este sufrimiento”.

O sea, una advertencia que cae redonda sobre las autoridades de la República Bolivariana de Venezuela, último de los gobiernos del mundo en ser admitido en el club de la muerte que tiene por símbolo al AK-47 y en cuyas filas seguramente hará esfuerzos para distinguirse como miembro de lujo.

Porque es que…¡qué casualidad!..el AK-47, o cualquiera de sus variantes, es el fusil de asalto preferido de los gobiernos forajidos, o en trance de serlo, ya que, aparte de su “ligereza”, es también el que circula con más profusión entre organizaciones y bandas delictuales que pueden hacer de la posesión de los mismos un intercambio caliente, incontenible y sin fronteras.

Por eso es tan importante una iniciativa para el control de su fabricación, venta y uso, por eso es tan importante evitar que siga siendo el arma preferida de los dictadores que hacen aprestos para someter a sus pueblos a sangre y fuego.

 

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  Artículo publicado en el vespertino El Mundo, 28 junio 2006

 
 
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