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La Crisis Militar o
López Hidalgo contra Baduel

por Manuel Malaver
domingo, 15 mayo 2005

 

Ya no hay forma de ocultar la crisis que acelerada e inconteniblemente corroe la Fuerza Armada Nacional, bomba de tiempo en la cual la división de la alta jerarquía juega un papel tan irresponsable como ominoso, pero  que igualmente señala que la indisciplina,  la deserción y la politización disuelve al personal de tropa, como preludio de que estaríamos frente al colapso de una de las instituciones más necesarias, consustanciales y emblemáticas de la República.

El anuncio del ministro de la Defensa, general Jorge Luís García Carneiro, de que una lista publicada en Gaceta Oficial a comienzos de semana de 24 oficiales de la Armada que serían pasados a retiro en julio porque habían cumplido sus 30 años de servicios, “era falsa” y  “solo  por descuido” se había oficializado y entregado a los medios, no es sino otro, entre muchos escándalos, que obligan a pensar que una fracción de la alta oficialidad empuja por salir de la otra y hacerse del dominio total de la institución y sus componentes.

No era, sin embargo, una irregularidad nueva, ya que hace 2 meses  un oficial del Alto Mando  anunció igualmente que el general, Julio Quintero Viloria, “pasaba a retiro por años de servicio”, pero solo para ser desmentido a solo tres días del anuncio por el propio presidente, Chávez, quien declaró que el presunto retirado continuaba en la FAN y pasaba a ser jefe de la reserva nacional.

Y como estas, se cuentan de a cientos las órdenes que se oficializan a lo largo y ancho de la estructura de la FAN para luego ser desmentidas y revertidas en lo contrario; los oficiales que ascienden y después se enteran  que todo fue un error y vuelven a sus puestos anteriores; o los que son destituidos y mandados a sus casas para luego ser llamados y colocados en una posición superior; o los acusados de corruptos que son transfigurados en honestos, o viceversa, en una danza de las equivocaciones o de las probabilidades que tiende a minar la moral, estabilidad y confianza que son insoslayables para que una institución como la FAN mantenga su apresto operativo.

Las preguntas son: ¿Se trata de una política deliberada o simplemente es resultado del desorden que priva en la FAN y en el resto de instituciones del estado venezolano? Si es lo primero ¿quién o quiénes, por qué y con qué fines promueven el caos? Si es lo segundo ¿por qué no se le pone coto? ¿Estamos frente a una guerra entre facciones o de unas individualidades  que aprovechan su influencia para perjudicar a otras?  ¿Chávez es enterado de los cambios, y por qué si los sabe, se apresura a revertirlos? ¿Sencillamente porque juega entre las facciones y simula favorecer a una cuando realmente está interesado en debilitarla? ¿Más bien otra de las debilidades de un comandante en jefe que no se atreve a respaldar las decisiones de sus hombres de confianza cuando se enfrenta con los afectados? ¿Qué papel juegan en todo esto los generales, José Luis Pietro y  Melvín López Hidalgo o los asesores cubanos?

Incógnitas que en su mayoría quizá permanezcan “por ahora” sin respuestas, pero que pueden comenzar a ser despejadas si se confrontan con los hechos, con algunos hechos, y a ser cruzadas con datos que resultan tan significativos como las listas que se publican en Gaceta por error y son rectificadas cuando Chávez, o cualquier otro jefe, decide revertirlas y volverlas al punto original.

Así, por ejemplo, ya se sospecha que el desorden que se armó en la Plaza Bolívar de Caracas en la celebración del 19 de abril, cuando grupos afectos a los alcaldes Barreto y Bernal se enfrentaron por los resultados de las primarias municipales, no se dirigía solo a las protestas de un alcalde contra otro, sino básica y fundamental a boicotear al general Raúl Baduel, quien había sido designado por el Concejo Municipal del municipio Libertador para pronunciar el discurso conmemorativo de tan magna fecha.

Instantes absolutamente traumáticos y desintegradores para un oficial cuya lealtad, no solo ha sido esencial para la supervivencia del experimento chavista, sino que jamás pensó verse envuelto en una caimanera o guazábara entre caudillos políticos locales, donde es fama que los tomatazos, las pedradas y los insultos le salpicaron el uniforme.

Cuentan que el general Baduel pasó días tratando de comunicarse sin resultados con sus jefes inmediatos, el ministro de la Defensa, general, García Carneiro y el presidente, Chávez, para pasarles la novedad, hasta que al fin aprovechó un encuentro casual con el vicepresidente, Rangel, para comentarle los graves sucesos.

Baduel es conjuntamente con el contralmirante Maniglia y el general, Melvín López Hidalgo, candidato para sustituir al general García Carneiro en el ministerio de la Defensa, por lo que las primeras sospechas sobre el incidente de la Plaza Bolívar  recaen sobre sus rivales en la lucha sorda que se libra en los cuarteles por el cargo.

Aunque también podría ser que el general Comandante en Jefe del Ejército, cayera en el fuego cruzado entre los grupos emeverristas enfrentados por el posible antejuicio al gobernador de Guárico, Eduardo Manuit, culpable, según unos, de incurrir en por lo menos 30 delitos  tipificados en el recién reformado Código Penal, y según otros, de ser el jefe de un movimiento, “el Chavismo sin Chávez”, que tiene como candidato presidencial a Baduel.

Lo cierto es que, tal como señala la periodista, Sebastiana Bárraez, en su columna “Sebastiana sin secretos” en el semanario “Quinto Día” del viernes, “…El enigmático general  ha perdido simpatías en una parte del mundo político y gubernamental, pero gana en otra. Subalternos, jefes de grandes unidades reciben órdenes directas de Vietri Vietri y de Uzcátegui Duque. Hasta el comandante Logístico del Ejército hace lo contrario a la política de comando de Baduel. No cumplen órdenes emanadas del Alto Mando…”.

Entretanto, en uno de los titulares de primera de otro semanario, “Las Verdades de Miguel”, del periodista Miguel Salazar, que ha jugado un papel de primer orden en las denuncias contra Manuitt, puede leerse en clara alusión a Baduel: “El chavismo sin Chávez tiene un general”.

Y así, desde distintos medios y por diversas motivaciones, sea por rumores o informaciones que llegan de la política o del mundo militar, parecería en marcha un operativo que busca aislar y desconcertar a Baduel, a prepararlo para que ceje en su aspiración al ministerio de la Defensa, o acepte su nombramiento para un cargo menor, o  irse a casa.

Lo cierto es que el general soporta una ofensiva que llega desde varios frentes y busca sacarlo de juego y convertirlo en otro jarrón chino de la Fuerza Armada Nacional.

¿Por qué? Pues porque según datos que también son abundantes, el general Baduel encabeza  un grupo de oficiales que se opone a la extrema militarización del gobierno, sospecha que no es más que una argucia que, conjuntamente con la constitución de la reserva, conduciría a la desaparición de la FAN, considera sin credenciales a muchos de los generales que pasaron recientemente a ser los validos del régimen y es un crítico feroz de la ola de corruptelas que en componentes como la Guardia Nacional hacen pálidos los tiempos de la llamada Cuarta República.

También es amigo de civiles caídos en desgracia como el gobernador Manuitt, a quien defendió recientemente en un canal de televisión; del gobernador de Aragua, Didalco Bolívar, del cual se dice es otro aspirante presidencial; dicen que tiene buenas relaciones con Juan Barreto, Nicolás Maduro, Cilia Flores, Ramón Márquez  y Luís Tascón, dirigentes no del chavismo sin Chávez, sino del chavismo sin una presencia abrumadora del componente militar que terminaría controlando todo, incluso al presidente Chávez.

Y cuyo jefe no es otro que el general, Melvin López Hidalgo, el cual desde una posición ambigua y relativamente gris pasó a pelear el ministerio de la Defensa, resultó de repente más chavista  que Chávez,  habla de lo humano y lo divino y dice frases como la que presuntamente pronunció hace unos días en el Laguito del Círculo Militar: “Hay una oposición en el MVR que dirigen unos diputados y un alcalde de Caracas que se opone a mis aspiraciones y a la política del presidente Chávez. Pero los barreremos. Los convertiremos en polvo, pero no precisamente en polvo cósmico, sino en polvo de la carretera vieja Caracas-La Guaira, que es la más antigua y destartalada del país”.

 
 
 
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