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Profano
por Liko Pérez
domingo, 3 febrero 2008


Lo único bueno que Chávez está haciendo (sin darse cuenta) con la exhumación del manoseado halo sagrado de Bolívar, es devolvernos su simple y digna condición profana.

Bolívar era laico, secular, seglar, lego, mundano, carnal, temporal, civil y militar. Y en ningún momento pudo haber sospechado que la historia le arrebataría su verdadera identidad profana para convertirla, fabulosamente, en todo lo contrario: en un icono mágico profundamente divorciado de su pragmático discurrir.

Las razones del presidente están posiblemente relacionadas con la necesidad de “impactar” (violar, hollar, manchar, mancillar, mofarse, envilecer, degradar, corromper, quebrantar), en aras de alcanzar o hacer suyas las victorias de Bolívar. En consecuencia, le trastoca la imagen sagrada para convertirla de nuevo en la de un mortal de carne y hueso. De esta manera, Bolívar aparece más vulgar y cercano, mientras que él, que ha de tocar sus huesos, presume investirse de la identidad mítica del Libertador.

En realidad, lo que está haciendo “el vengador” de los supuestos asesinos del Libertador, es matar de nuevo a Bolívar, única sombra que enturbia su “gloriosa” vanidad.

La excesiva actitud narcisista del Presidente no sólo lo va arrastrando al suicidio de su propio yo sino que, mucho peor, nos arrastra a todos los que seguimos aceptándolo como parte de nuestra realidad.

Si bien es cierto que desmitificar al Libertador es una necesidad para lograr trascender su fabulada identidad y recuperar su lucidez pragmática, no es saludable el hacerlo desde una plataforma más mítica que el propio mal.

Evidentemente, no nos gobierna (como pretende) la reencarnación de Bolívar, sino un orate embrollón de carne y hueso que más que tras las rejas, debería estar entre las cuatro paredes de un bien vigilado sanatorio mental.
 


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