El
control de zonas completas de Caracas por grupos políticos
armados, con la anuencia del gobierno, que no solamente le
proporciona el armamento, sino que se hace de la vista
gorda con sus actividades, provoca cada vez situaciones
mas peligrosas.
Ejercen un control social que
no les corresponde. Los vecinos están en sus manos, les
vigilan entradas y salidas, relaciones, gastos y como en
todo este tipo de cosas, los habitantes del 23 de enero
están sufriendo bajo la égida de personas que no son
funcionarios públicos y están armados, electos por ellos
mismos.
Se acusa a las distintas
organizaciones que hacen este tipo de cosas: Alexis Vive,
Los Tupamaros, La Piedrita, de controlar el tráfico de
drogas y que sus continuas peleas obedecen a la lucha por
zonas más o menos lucrativas de ese negocio. Ya en sus
continuos enfrentamientos han salido heridos muchos
inocentes y hay un muerto, por lo menos, hijo de uno de
los líderes de esos “colectivos”.
Pero también intervienen en la
vida política del país. Firman remitidos de apoyo a favor
de líderes políticos, como lo hizo Alexis Vive con la
candidatura de Juan Barreto, el día antes de que
renunciara a postularse.
También son utilizados por
dirigentes como Lina Ron, como grupos de acción directa,
para hacer tomas como la de la Catedral o para amenazar a
grupos políticos desarmados, opositores o no, confundiendo
los deseos particulares de las fracciones de la ultra
chavista con los fines de una supuesta revolución que se
supone debemos calarnos todos los venezolanos.
Gozan de su fama mediática,
haciendo gala de su poder. Pero en cuanto perciben que su
imagen se está poniendo negra, riegan por todo el 23 de
Enero, papeles con la foto y los datos de los periodistas
que conocen y los han entrevistado, porque ahora son unos
traidores, objeto de su castigo.
Ya se produjo un incidente
armado en donde fueron heridos 16 policías, porque se
atrevieron a cruzar la frontera de su territorio.
En el pasado , los colectivos
que se dedicaron a invadir apartamentos en el este de
Caracas, comandados por la “ comandante” Yasmín Manuitt,
condujeron al gobierno a una situación insoportable y no
solamente porque hubo resistencia visible a las invasiones
y rechazo popular, sino porque los salvadores sociales, se
dedicaron a pelearse por los edificios , es decir, por el
dinero que obtenían cobrándole a los sin casa y llegaron
varias veces al asesinato.
No hay en este momento una
reacción visible por parte de las autoridades. Y es
necesaria, porque podemos empezar a ver como réplicas de
estos grupos modifican el entorno ya de por sí violento de
nuestras grandes ciudades, para hacerlo mucho más
agresivo. No es la primera vez que se vive en
Latinoamérica este tipo de hechos, en los que pandillas de
jóvenes, que integran las "maras" centroamericanas y
gringas controlan barrios enteros. También se vivió en
Colombia, donde en la frontera, había pueblos controladas
totalmente por los paramilitares o por la guerrilla,
sometidos a jueces ad hoc y a las ocurrencias de estos
señores de la guerra. Con ellos no hay discusión. La
relación entre la brutalidad y el desamparo, sólo permite
órdenes y empujones o tiros.
Es tan increíble la situación
que sobre estas cosas no hay pronunciamiento no sólo de la
policía, tampoco de la Defensoría del Pueblo, ni de la
Fiscalía. Es el crimen perfecto. Te armas y te declaras
chavista para que te dejen operar a tu antojo en una zona
que tú decidas. ¿Que nos diferencia del siglo XIX? ¿Que en
esa época no había lanzagranadas ni armas de alta
potencia?
No me parecenuna buena idea mantener vivos a estos grupos.
Y no creo que la solución sea no hablar de eso porque uno
no vive en el 23. No quiero que toquen a mi puerta. Hay
que desarmarlos.
lucgomnt@yahoo.es