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No hay discusión entre brutalidad y desamparo
por Lucy Gómez  
sábado, 5 julio 2008


El control de zonas completas de Caracas por grupos políticos armados, con la anuencia del gobierno, que no solamente le proporciona el armamento, sino que se hace de la vista gorda con sus actividades, provoca cada vez situaciones mas peligrosas.

Ejercen un control social que no les corresponde. Los vecinos están en sus manos, les vigilan entradas y salidas, relaciones, gastos y como en todo este tipo de cosas, los habitantes del 23 de enero están sufriendo bajo la égida de personas que no son funcionarios públicos y están armados, electos por ellos mismos.

Se acusa a las distintas organizaciones que hacen este tipo de cosas: Alexis Vive, Los Tupamaros, La Piedrita, de controlar el tráfico de drogas y que sus continuas peleas obedecen a la lucha por zonas más o menos lucrativas de ese negocio. Ya en sus continuos enfrentamientos han salido heridos muchos inocentes y hay un muerto, por lo menos, hijo de uno de los líderes de esos “colectivos”.

Pero también intervienen en la vida política del país. Firman remitidos de apoyo a favor de líderes políticos, como lo hizo Alexis Vive con la candidatura de Juan Barreto, el día antes de que renunciara a postularse.

También son utilizados por dirigentes como Lina Ron, como grupos de acción directa, para hacer tomas como la de la Catedral o para amenazar a grupos políticos desarmados, opositores o no, confundiendo los deseos particulares de las fracciones de la ultra chavista con los fines de una supuesta revolución que se supone debemos calarnos todos los venezolanos.

Gozan de su fama mediática, haciendo gala de su poder. Pero en cuanto perciben que su imagen se está poniendo negra, riegan por todo el 23 de Enero, papeles con la foto y los datos de los periodistas que conocen y los han entrevistado, porque ahora son unos traidores, objeto de su castigo.

Ya se produjo un incidente armado en donde fueron heridos 16 policías, porque se atrevieron a cruzar la frontera de su territorio.

En el pasado , los colectivos que se dedicaron a invadir apartamentos en el este de Caracas, comandados por la “ comandante” Yasmín Manuitt, condujeron al gobierno a una situación insoportable y no solamente porque hubo resistencia visible a las invasiones y rechazo popular, sino porque los salvadores sociales, se dedicaron a pelearse por los edificios , es decir, por el dinero que obtenían cobrándole a los sin casa y llegaron varias veces al asesinato.

No hay en este momento una reacción visible por parte de las autoridades. Y es necesaria, porque podemos empezar a ver como réplicas de estos grupos modifican el entorno ya de por sí violento de nuestras grandes ciudades, para hacerlo mucho más agresivo. No es la primera vez que se vive en Latinoamérica este tipo de hechos, en los que pandillas de jóvenes, que integran las "maras" centroamericanas y gringas controlan barrios enteros. También se vivió en Colombia, donde en la frontera, había pueblos controladas totalmente por los paramilitares o por la guerrilla, sometidos a jueces ad hoc y a las ocurrencias de estos señores de la guerra. Con ellos no hay discusión. La relación entre la brutalidad y el desamparo, sólo permite órdenes y empujones o tiros.

Es tan increíble la situación que sobre estas cosas no hay pronunciamiento no sólo de la policía, tampoco de la Defensoría del Pueblo, ni de la Fiscalía. Es el crimen perfecto. Te armas y te declaras chavista para que te dejen operar a tu antojo en una zona que tú decidas. ¿Que nos diferencia del siglo XIX? ¿Que en esa época no había lanzagranadas ni armas de alta potencia?
No me parecenuna buena idea mantener vivos a estos grupos. Y no creo que la solución sea no hablar de eso porque uno no vive en el 23. No quiero que toquen a mi puerta. Hay que desarmarlos.

lucgomnt@yahoo.es

 
 

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