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El control del superbloque
por Lucy Gómez  
sábado, 5 abril 2008


El presidente Chávez los compara con los grupos de la ultra que dominaron la escena en Chile y que hicieron peso para identificar al régimen de Allende con la anarquía y la escasez, provocando su caída. Así nuestro Presidente se iguala de paso con Allende y admite la condena insoportable que siente, llevando adelante un régimen que sabe que fracasará.

Pero lo que mas me interesa, no es la referencia al fenómeno chileno, sino las acciones del colectivo La Piedrita, de los Tupamaros y las reacciones que consiguen en el escenario ciudadano. De como el clima de amenazas, la violencia descarada, la ausencia de referentes legales en sitios y horas de la Caracas marginal, se intentan imponer a toda la ciudadanía, que tipo de éxito tiene en lograr intimidar y presionar a las autoridades y al ciudadano común. Que nos proponen las armas largas y los pasamontañas de estos peligrosos vecinos. Y cual debe ser nuestra respuesta.

En principio, han tenido pequeños éxitos. Han obtenido el terror y la sumisión de su entorno inmediato. Han podido controlar socialmente a sus superbloques y también tienen el reconocimiento mediático. En otras palabras, salen en televisión prácticamente cuanto les da la gana.

Pero su crecimiento, lógico en otras sociedades, fraccionadas y divididas por largas guerras o sometidas a hambrunas, como en los casos de la ex Yugoslavia, Somalia y Colombia en la época de la guerra del gobierno contra los carteles de la droga , aquí no ha progresado con la rapidez que quisieran. Mas bien, los pininos de los grupos paramilitares del 23 de enero en el bombardeo de objetivos, simbólicos y militares como la estatua de George Washington en El Paraiso y la sede de Fedecámaras no expandieron su campo de acción, sino los expusieron a la persecución de las policías y los hicieron retirar a sus cuarteles en el del 23.

Además, tienen un pésimo olfato político. No se les ocurrió nada menos que tomar las oficinas del Arzobispado el mismo día que Chávez quería para sí el Prime Time cuando el rescate de los 4 secuestrados colombianos. Otra gaffe, ha sido hacer ver que el militante que murió poniendo una bomba en Fedecámaras es un chavista incomprendido, al mismo tiempo que Interpol busca evidencias de ese mismo tipo de hechos conectados con el gobierno venezolano en las computadoras de Raúl Reyes, con lo cual los miembros de los dos colectivos podrían ser convocados como testigos ( hostiles o no) en un juicio contra Chávez en la Corte Penal Internacional, ya que son el link perfecto del gobierno con el terrorismo ciudadano puro y duro. Un poco atrasado y chapucero, pero consciente de su valor para alcanzar la revolución mundial.

Ahora ¿que hacemos nosotros con ellos?. Pienso que lo que hacemos los periodistas, por ejemplo, es correcto. Fotografiarlos, tomarles declaración, verlos como son. Si los detallamos bien, son un espejo de nosotros, de nuestros miedos mas profundos, de nuestros resentimientos, desesperaciones, iras, confusiones y humillaciones. Es saludable ver de cerca como sería nuestra sociedad, si no tuviéramos que sufrirlos sólo cuatro horas, durante un paro armado, sino todos los días. Si nos tuviéramos que relacionar con ellos para desarrollar nuestra pequeña y vulgar vida cotidiana. Si sus pasamontañas y sus armas de guerra fuera la imagen que viéramos cada mañana en la puerta de nuestra casas.

Sí, ellos son un pequeño ejército ilegal que quiere que todos nosotros les prestemos atención, pleitesía y obediencia. Nuestros policías y jueces deberían reducirlos a un comportamiento ciudadano. Pero si no lo hacen, rechacemos con firmeza su propuesta de no dejarnos vivir en paz, de hacer de nuestros hijos unos asesinos o unos muertos. Y llevemos luz hasta el último rincón de las relaciones peligrosas de estos violentos con nuestro gobierno.

lucgomnt@yahoo.es

 
 

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