El
presidente Chávez los compara con los grupos de la ultra
que dominaron la escena en Chile y que hicieron peso para
identificar al régimen de Allende con la anarquía y la
escasez, provocando su caída. Así nuestro Presidente se
iguala de paso con Allende y admite la condena
insoportable que siente, llevando adelante un régimen que
sabe que fracasará.
Pero lo que mas me interesa,
no es la referencia al fenómeno chileno, sino las acciones
del colectivo La Piedrita, de los Tupamaros y las
reacciones que consiguen en el escenario ciudadano. De
como el clima de amenazas, la violencia descarada, la
ausencia de referentes legales en sitios y horas de la
Caracas marginal, se intentan imponer a toda la
ciudadanía, que tipo de éxito tiene en lograr intimidar y
presionar a las autoridades y al ciudadano común. Que nos
proponen las armas largas y los pasamontañas de estos
peligrosos vecinos. Y cual debe ser nuestra respuesta.
En principio, han tenido
pequeños éxitos. Han obtenido el terror y la sumisión de
su entorno inmediato. Han podido controlar socialmente a
sus superbloques y también tienen el reconocimiento
mediático. En otras palabras, salen en televisión
prácticamente cuanto les da la gana.
Pero su crecimiento, lógico en
otras sociedades, fraccionadas y divididas por largas
guerras o sometidas a hambrunas, como en los casos de la
ex Yugoslavia, Somalia y Colombia en la época de la guerra
del gobierno contra los carteles de la droga , aquí no ha
progresado con la rapidez que quisieran. Mas bien, los
pininos de los grupos paramilitares del 23 de enero en el
bombardeo de objetivos, simbólicos y militares como la
estatua de George Washington en El Paraiso y la sede de
Fedecámaras no expandieron su campo de acción, sino los
expusieron a la persecución de las policías y los hicieron
retirar a sus cuarteles en el del 23.
Además, tienen un pésimo
olfato político. No se les ocurrió nada menos que tomar
las oficinas del Arzobispado el mismo día que Chávez
quería para sí el Prime Time cuando el rescate de los 4
secuestrados colombianos. Otra gaffe, ha sido hacer ver
que el militante que murió poniendo una bomba en
Fedecámaras es un chavista incomprendido, al mismo tiempo
que Interpol busca evidencias de ese mismo tipo de hechos
conectados con el gobierno venezolano en las computadoras
de Raúl Reyes, con lo cual los miembros de los dos
colectivos podrían ser convocados como testigos ( hostiles
o no) en un juicio contra Chávez en la Corte Penal
Internacional, ya que son el link perfecto del gobierno
con el terrorismo ciudadano puro y duro. Un poco atrasado
y chapucero, pero consciente de su valor para alcanzar la
revolución mundial.
Ahora ¿que hacemos nosotros
con ellos?. Pienso que lo que hacemos los periodistas, por
ejemplo, es correcto. Fotografiarlos, tomarles
declaración, verlos como son. Si los detallamos bien, son
un espejo de nosotros, de nuestros miedos mas profundos,
de nuestros resentimientos, desesperaciones, iras,
confusiones y humillaciones. Es saludable ver de cerca
como sería nuestra sociedad, si no tuviéramos que
sufrirlos sólo cuatro horas, durante un paro armado, sino
todos los días. Si nos tuviéramos que relacionar con ellos
para desarrollar nuestra pequeña y vulgar vida cotidiana.
Si sus pasamontañas y sus armas de guerra fuera la imagen
que viéramos cada mañana en la puerta de nuestra casas.
Sí, ellos son un pequeño
ejército ilegal que quiere que todos nosotros les
prestemos atención, pleitesía y obediencia. Nuestros
policías y jueces deberían reducirlos a un comportamiento
ciudadano. Pero si no lo hacen, rechacemos con firmeza su
propuesta de no dejarnos vivir en paz, de hacer de
nuestros hijos unos asesinos o unos muertos. Y llevemos
luz hasta el último rincón de las relaciones peligrosas de
estos violentos con nuestro gobierno.
lucgomnt@yahoo.es