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La economía en recesión
por José Guerra
domingo, 30 agosto 2009


A comienzos de este año,  el 27 de enero de 2009, advertimos que la economía venezolana entraría en recesión más temprano que tarde, no solamente como resultado de la crisis económica global que sacudía a los mercados financieros sino principalmente como producto de la errática política económica aplicada por el gobierno nacional. Y más que ello, por el agotamiento de un modelo económico que concibe al Estado como eje de toda la actividad económica, en desmedro del sector privado, sin el cual no hay crecimiento económico sostenido. Al lado de la recesión persiste la inflación para configurar una situación de estanflación que no se veía en la economía venezolana en al menos veinte años.

Según las cifras del BCV, la economía venezolana se contrajo 2,4% en el segundo trimestre de 2009 respecto al segundo trimestre de 2008. Con ello se rompe el ciclo de crecimiento que se inició en 2003. La víctima más visible de este bajón de la actividad económica fue la industria manufacturera con una caída de 8,5% a la que se sumó la contracción de  la producción de petróleo de 4,2%. No se trata exclusivamente de que le economía haya entrado en un ciclo recesivo sino también de la destrucción de la capacidad productiva, del tejido económico capaz de producir bienes y servicios. La economía está sufriendo un daño severo al afectarse muy seriamente su sector manufacturero el cual es el único que puede liderar la diversificación económica de Venezuela mediante una política que promueva las exportaciones no petroleras. Para que el país pueda emprender el camino del crecimiento sostenido su mercado es la economía mundial, donde se asientan todas las posibilidades de expansión. Ninguna economía moderna crece exclusivamente con base en su mercado interno, salvo el caso de Estados Unidos en virtud de las dimensiones de su poder adquisitivo.

La industria manufacturera de Venezuela está sometida a un cuadro de hostilidad por parte del gobierno, mediante el uso de la fuerza bruta, como las que ejecutan los ministros Eduardo Samán y Félix Osorio, quienes han declarado la guerra a la industria mediante ocupaciones de las fábricas y las amenazas de expropiaciones. Pero también, está estrangulada la industria por un conjunto de regulaciones de precios, controles de cambios, limitación en el acceso a las divisas, por un sistema cambiario que incentiva las importaciones y castiga las exportaciones y en general por una percepción desfavorable de quienes diseñan y aplican la política económica. El resultado de estas acciones ha sido la destrucción de capacidades productivas, el traslado de los capitales al exterior y el  retraimiento de la inversión. Un caso patético fue el de la producción de alimentos que disminuyó en el trimestre reseñado 6,3% lo que evidencia el rotundo fracaso de las medidas contra el sector privado orquestadas por el Ejecutivo.

La oferta exportable proviene de tres sectores principales, petróleo, manufactura y la agricultura. El estado lamentable de esta última la descarta como palanca para el desarrollo diversificado de la economía y por tanto todo va a depender del petróleo y la manufactura. Con el petróleo ocurre que la producción decae o está estancada, de forma tal que todos los ingresos de Venezuela dependen de los precios, los cuales suelen ser volátiles y, por tanto, apostar todo al alza de los precios más que un riesgo es  una irresponsabilidad. El gobierno pareciera tener cifradas todas sus esperanzas en un incremento de los precios del petróleo, descuidando la aplicación de políticas que estimulen la inversión y la producción. Por todo lo anteriormente expuesto, la industria manufacturera emerge como una actividad decisiva para la recuperación firme y permanente del progreso económico de Venezuela.

Un examen de las cifras del BCV refleja una importante disminución del consumo. En efecto, el consumo de los hogares declinó 2,7% en el segundo trimestre de 2009, situación que no se apreciaba desde el tercer trimestre de 2003. Por su parte la inversión de contrajo 2,4%. Todo esto conforma un cuadro de deterioro económico inocultable. Consistente con la reducción del consumo está la baja que experimentaron las remuneraciones de los trabajadores las cuales cayeron 8,6% en el segundo trimestre de 2009.


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