Entre
las muchas declaraciones hechas por Ingrid Betancourt
desde que fue rescatada por el ejército colombiano en la
espectacular acción del 2 de julio de 2008 en el Guaviare,
hay algo importante que ella no ha dicho o que no ha
querido decir hasta hoy.
Ella no le
ha pedido al gobierno francés que apoye al gobierno
colombiano en su lucha contra el narco-terrorismo de las
Farc. Ese silencio llama la atención y muestra que estamos
ante una formidable paradoja.
París
celebró la liberación de Ingrid Betancourt como una
victoria propia. Sin embargo, la orientación francesa fue
pedirle siempre a Bogotá que desistiera de todo intento
de rescate militar de la rehén. Ingrid, a su vez,
contribuyó a reforzar el inmerecido triunfalismo de París
al proclamar: “Le debo todo a Francia”[1].
A partir de ese momento, la “operación Jaque” del Estado
colombiano, a la que ella debe, en realidad, su libertad,
dejó de ser para ella un tema.
El equívoco
va muy lejos. Durante los seis años y cuatro meses que
duró el cautiverio de Ingrid Betancourt, el gobierno
francés se creyó autorizado a intentar imponerle al
gobierno colombiano una actitud precisa frente a ese
rapto: Bogotá no debía intentar acción militar alguna para
rescatar a la ex senadora y debía, por el contrario,
acoger la exigencia de las Farc de realizar el llamado
“acuerdo humanitario”, es decir discutir con la banda
criminal y hacerle la concesión que ésta pide: la
desmilitarización de una región del territorio colombiano[2].
Si el
gobierno colombiano hubiera acatado esos consejos, Ingrid
Betancourt y los otros 14 secuestrados seguirían hoy en
poder de las Farc, y éstas se habrían apoderado de los
pueblos Pradera y Florida y de sus 120 mil habitantes, y
constituído un bastión a pocos kilómetros de Cali, la
tercera ciudad de Colombia.
Como
presidente de Francia y presidente de la Unión Europea
durante los próximos seis meses, Nicolas Sarkozy le dio
una extraordinaria acogida a la ex rehén colombo-francesa,
quien al día siguiente del rescate, antes de que el examen
médico de rigor le fuera hecho en Bogotá, optó por viajar
a París con su familia en un avión oficial francés. Las
palabras que ella dijo en el aeropuerto de Villacoublay
fueron recogidas con delectación por el gobierno y la
prensa francesa.
En Bogotá,
Ingrid le había agradecido lacónicamente al presidente
Alvaro Uribe y a las fuerzas militares colombianas la
acción de rescate. Ella hizo también una frase favorable a
la eventual reelección del jefe de Estado. Tal actitud era
apenas obvia. Sin embargo, una vez instalada en Francia,
Ingrid Betancourt olvidó el tema prioritario. Y los
comités “de apoyo”, quienes se dedicaron a hacer política
“antiimperialista” en lugar de ejercer presión sobre las
Farc para que la liberaran, y que desoyeron las
recomendaciones que la misma Ingrid Betancourt había
implorado para su liberación[3],
fueron saludados por ella como verdaderos héroes.
Una sola
sugerencia de Ingrid Betancourt, en el sentido de que
Francia cambie su política actual ante Colombia y ofrezca
un respaldo real a la acción del Estado colombiano, habría
sido vista como una petición lógica y legítima, habida
cuenta del formidable acto de justicia y de
responsabilidad política del Estado colombiano,
cristalizado en la operación del 2 de julio. Ese día, sin
disparar un tiro, quince rehenes “políticos”, los tres
norteamericanos[4]
y once policías y militares, fueron arrebatados a sus
verdugos, un frente las Farc encargado de vigilar unos
narco-cultivos, mediante un golpe de astucia y de audacia
que todo el mundo ha saludado como ejemplar.
A pesar de
la enorme recepción que tienen sus palabras en este
momento, Ingrid Betancourt no hizo tal exhortación a los
responsables franceses. Antes de viajar a París, la ex
rehén solicitó la colaboración de Hugo Chávez, Rafael
Correa y Cristina Kirchner “para lograr la liberación de
todos los rehenes de las Farc y alcanzar la paz en
Colombia”. Pero no hizo ningún llamado a Francia sobre la
cuestión fundamental: el apoyo de ese país y de la UE a
los esfuerzos de seguridad de Colombia.
Si ella no
lo ha hecho, es porque ella no está dispuesta a hacerlo.
En la lucha
difícil y casi solitaria de la democracia colombiana
contra la subversión armada comunista y contra la fase más
aguda y reciente de ese fenómeno, conocida bajo el nombre
de narco-terrorismo, el Estado francés no ha dado respaldo
a Bogotá.
En un
momento dramático, pues la expansión militar de las Farc
estaba en apogeo y los golpes sangrientos contra las
fuerzas del orden se hacían más y más desestabilizadores,
el gobierno colombiano le pidió a Francia y a la Unión
Europea su ayuda urgente. Sin embargo, el Plan Colombia
fue brutalmente rechazado por la Unión Europea el 24 de
octubre de 2000. La UE estaba bajo la presidencia francesa
en ese momento. Un mes y medio después, el Quai d’Orsay
aceptaba la visita de Olga Marín, le hija del jefe supremo
de las Farc.
Desde
entonces, la diplomacia colombiana no contó sino con el
apoyo decisivo de Estados Unidos en ese combate necesario
e inevitable entre un Estado de Derecho latinoamericano y
la organización terrorista más antigua y fuerte del
hemisferio occidental.
La política
de París y de la UE ha sido, desde entonces, la de no
apoyar el Plan Colombia, ni los planes subsiguientes, y de
limitarse a lanzar declaraciones sobre la necesidad de un
hipotético “arreglo político” del llamado “conflicto
colombiano”. En consecuencia, todo pedido de ayuda
financiera, militar y diplomática de Bogotá ha sido
rechazado. Francia y la UE dan apoyo a ciertas
Organizaciones no gubernamentales extranjeras que operan
en Colombia. Pero el rescate de los rehenes en poder de
las guerrillas, de extrema derecha y de extrema izquierda,
nunca estuvo al alcance de esos grupos.
No se
trata, pues, de un olvido. Ingrid Betancourt no hace ese
pedido crucial al presidente Nicolas Sarkozy pues sabe que
ello es políticamente incorrecto, pues la orientación del
24 de octubre de 2000 sigue vigente. Es hora, sin embargo,
de que la UE cambie de línea sobre Colombia. Ingrid
Betancourt podría pedirlo, debería pedirlo, como lo ha
pedido varias veces el presidente Alvaro Uribe, sin ser
escuchado. La presidencia francesa actual de la UE es la
mejor ocasión para corregir la injusticia cometida en
octubre de 2000. ¿La política exterior francesa actual de
la “mano tendida”, anunciada con motivo de la nueva
presidencia francesa de la UE, beneficiará a Colombia?
La cuestión
está planteada.
Otra
constatación que salta a la vista en estos momentos es
que, a pesar de los enormes sufrimientos vividos, de las
humillaciones constantes, de la brutal confrontación
cotidiana con la organización terrorista Farc, Ingrid
Betancourt, durante su cautiverio, avanzó muy poco desde
el punto de vista político. Ella sigue pensando las Farc
y sus aliados como las pensaba en 2001.
Ingrid
Betancourt, y los cuatro o cinco centenares de
secuestrados que siguen hoy en poder de las Farc, son las
víctimas de una de las maquinarias de muerte más
eficientes montadas por los soviéticos durante la Guerra
Fría. La liberación de los rehenes en Colombia, y el
desmantelamiento definitivo del proyecto Farc, es uno de
los últimos combates secretos de la Guerra Fría, la cual
pretende perpetuarse en Colombia por un obscuro capricho
de la Historia. Ingrid Betancourt, los llamados comités
“de apoyo” y ciertas cancillerías europeas, parecen no
saberlo. Para Ingrid Betancourt el problema Farc se reduce
a un punto: el de una guerrilla “campesina” que debería
liberar los 25 rehenes “canjeables” que siguen en su poder[5],
para “mejorar su prestigio diezmado” y dar un “primer
paso” hacia un “proceso de paz”, que permita “cambios en
la estructura del Estado”.
Por eso la
ayuda que la democracia francesa debería prestar a la
democracia colombiana para culminar exitosamente ese
combate necesario no es una prioridad para Ingrid
Betancourt.
Ella cree
indispensable, por el contrario, darle lecciones de
ciencia política desde París al jefe de Estado que la
liberó, a quien acusa ahora de tener un “lenguaje de odio”
y de haber “aislado” a Colombia. Obviamente, para Ingrid
Betancourt cuando Colombia se defiende y es amenazada por
la tiranía venezolana aliada de las Farc y por sus títeres
ecuatorianos y nicaraguenses, eso equivale a ir por un mal
camino. Pues la sola salida que tendríamos, según ella, es
doblar la rodilla ante las aventuras antiliberales y
liberticidas del “bolivarismo” chavista.
Esa actitud
lamentable, y su decisión de no participar en Colombia en
las manifestaciones del 20 de julio de 2008 por la
liberación de los rehenes en poder de las guerrillas, ha
chocado la sensibilidad de muchos colombianos. Algunos la
ven como candidata presidencial en 2010. Otros se
preguntan si ella aspira a hacer política en Francia. El
escritor Marek Halter la ve, por ejemplo, en el Parlamento
Europeo. Pero no es fácil saber si la clase política
francesa la acogerá un día para esos menesteres. “¿Qué
lugar ocupa Ingrid Betancourt ahora en la sociedad
francesa?”, le preguntó tímidamente hace poco un
periodista a Bernard Kouchner. La respuesta[6]
del ministro socialista francés de Asuntos Extranjeros fue
muy clara: “Ella ocupará sin duda un lugar en Colombia”.
Notas
[1]
La Vanguardia, Barcelona, 5 de julio de 2008.
[2]
El gobierno francés, por otra parte, le prometió a
las Farc sacarlas de la lista de las organizaciones
terroristas de la Unión Europea si ellas liberaban a
Ingrid Betancourt. RCN, Bogotá, 11 de julio de
2008 ; El Colombiano, Medellín, 13 de julio de
2008.
[3]
En un video que las Farc
entregaron como prueba de supervivencia de Ingrid
Betancourt el 30 de agosto de 2003, ésta se pronuncia
en favor de los rescates militares de los rehenes. Su
familia, los comités “de apoyo” y el gobierno francés
nunca aceptaron esa tesis.
[4]
Son los estadounidenses Thomas Howes, Keith Stansell y
Marc Gonsalves. Ellos participaban en una misión
antidroga a bordo de un avión que tuvo que aterrizar
de emergencia el 13 de febrero de 2003 en una zona
infestada por las Farc.
[5]
Estos son el coronel Mendieta, el
caporal Moncayo, el sargento Arcila, el ex gobernador
Alan Jara, el mayor Duarte, el sargento Beltrán, el
intendente Moreno, el sargento Delgado, el mayor
Murillo, el caporal Martínez, el capitán Gómez, el
sargento Moreno, el intendente Solarte, el intendente
Duarte, el teniente Hernández, el intendente Medina,
el sargento Salcedo, el intendente Peña, el capitán
Solórzano y el parlamentario Lizcano.
[6]
Le Journal du Dimanche, 6 de julio de 2008.