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El país que será
por Eli Bravo

viernes, 8 octubre 2004


      La sonrisa de Al Gore se le congeló en la cara la madrugada del miércoles 8 de noviembre de 2002 cuando la cadena Fox anunció que el ganador de la presidencia de los Estados Unidos no era él, como se había anunciado unas seis horas antes, sino su contendor George W. Bush. Errores de cálculo en los exit polls llevaron a las cadenas de televisión a anunciar la victoria de Gore, para después corregirse e iniciar uno de los capítulos más vergonzosos de la historia electoral estadounidense. Finalmente 537 votos decidieron el resultado. ¿Quién llevó a Bush a la Casa Blanca? El presentador del noticiero de Univisión Jorge Ramos argumenta que bien pudieron haber sido los cubanoamericanos, y además, que algo similar puede ocurrir en noviembre de este año.

            En su libro, La ola latina: cómo los hispanos elegirán al próximo presidente de los Estados Unidos, Ramos ofrece una radiografía de la población hispana y su comportamiento más allá de las elecciones. Con 40 millones de personas que se definen como latinos, y 8 millones de votantes inscritos, el voto hispano podría ser el fiel de la balanza en esta cerrada contienda donde ambos candidatos tienen porcentajes similares en las encuestas. Tanto Kerry como Bush lo han dicho públicamente: el voto latino será vital para ganar estados claves como Florida, Nevada, Nuevo México, Colorado y Arizona.

            Pero el libro tira el anzuelo más allá para mostrar como se latiniza Estados Unidos con el crecimiento astronómico de la población hispana, un fenómeno que obedece a las altas tasas de inmigración y natalidad. “En 1951 el 89% de las inmigraciones venían de Europa y regiones fuera de América Latina, Asia y Africa. Veinticinco años después las cosas han cambiado totalmente: 3 de cada 4 inmigrantes legales (79%) eran latinoamericanos, asiáticos y africanos. Y el grupo más grande era de mexicanos (14.5%)” Cuando se proyecta el número de ilegales, que nadie sabe a ciencia cierta cuántos son, pero que la Oficina del Censo calcula en 7 millones, con casi 400 mil cruzando la frontera cada año, es fácil entender porque Jorge Ramos dice que Estados Unidos será un país hispano. Los datos del censo lo respaldan: para el 2125 el número de latinos será mayor que el de blancos no hispanos. Algunos hablan de la reconquista, otros hablan de invasión. Lo cierto es que la ola parece indetenible.

            Pero ¿qué significa ser hispano? El asunto no es tan sencillo y homogéneo como parece. El escritor Ilan Stavans lo define como una condición cultural producto del mestizaje que determina un modo de ser entre dos aguas y que encuentra su mejor expresión en el spanglish, esa suerte de dialecto bastardo que cada día gana más independencia y reconocimiento. Para Jorge Ramos lo latino es una forma de ser y pensar que esta presente tanto en el descendiente de una familia de Nuevo México que tiene 200 años viviendo en esas tierras, como en el puertorriqueño que viaja constantemente entre Nueva York y San Juan. Ante diferencias nacionales y socio-económicas tan grandes, ciertos elementos son comunes: el uso del español, la importancia que se le otorga a la religión y la preocupación por los temas de educación e inmigración.

            Una de las grandes interrogantes es si los latinos se asimilan a la cultura estadounidense para fundirse en el melting pot. Ramos piensa que los latinos son distintos. “La comunidad hispana ha crecido tanto que suena impensable que pudiera asimilarse a la mayoría anglosajona. La cultura hispana es sui generis y se retroalimenta con cada inmigrante, con cada programa de televisión en español, con cada llamada a larga distancia, con cada remesa enviada a Latinoamérica, con cada libro en castellano”

Este fenómeno irrita pieles sensibles como las de Samuel Huntington quien presagia el fin de los valores anglo-protestantes que han definido a Estados Unidos. Pero una cosa son las tradiciones y otra la realidad: EEUU es el quinto país con la población de habla hispana más grande del mundo. La calidad del español que se habla es asunto aparte, a lo que Ramos salta con una respuesta práctica “hablamos como vivimos y, lejos de denotar falta de profundidad o flojera, nuestro lenguaje expresa a la vez conflicto y una vastísima riqueza cultural”

            Una nación hispana y bilingüe, ese podría ser el futuro de los Estados Unidos. Por ahora la decisión entre un país gobernado por Demócratas o Republicanos parece recaer en buena parte sobre los latinos. Y ya no bastan unas cuantas palabras en español para cautivarlos.                                 Imprima el artículo Subir Página