Rafael
Follonier es el hombre clave en las relaciones entre el
Palacio de Miraflores y la Casa Rosada. Actuando casi
siempre tras bambalinas, su nombre ha saltado esta semana en
los medios políticos de Buenos Aires, como una de las causas
que motivaron la renuncia del canciller argentino
Jorge Taiana.
Follonier
quien formó parte del gabinete de Néstor Kirchner y
actualmente es “Coordinador de Asuntos Técnicos” en la
Presidencia de la señora Cristina Kirchner, actúa como el
directo operador en las relaciones con Hugo Chávez y los
demás aliados políticos continentales. En la práctica es un
canciller en paralelo a quien los presidentes de Venezuela y
Ecuador llaman de “tocayo” y de “Rafa”. Junto al ministro
Julio De Vido, Follonier es la pieza que engrana a los
gobiernos de Argentina y Venezuela. En el pasado, incluso ha
sido el organizador de eventos políticos de masas para
Chávez en Argentina.
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Diversas fuentes coinciden en
que la salida de Taiana fue propulsada por el escándalo del
cobro de comisiones a empresarios argentinos en sus negocios
con el gobierno venezolano. Taiana autorizó la comparecencia
del
embajador Eduardo Sadous a la Comisión de Relaciones
Exteriores de Diputados para que formalice sus denuncias
sobre actos de corrupción en los negocios entre Venezuela y
Argentina. A las pocas horas, Taiana presentó su renuncia y
desde la Presidencia se filtró la dudosa versión según la
cual la dimisión respondería a diferencias por un tema
sobre las relaciones con Uruguay.
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Mensajes y
guiños entre Caracas y Bogotá se han estado produciendo en
las últimas semanas, luego que el 29 de mayo se
materializara una mayoría de votos a favor de Juan Manuel
Santos en la primera vuelta presidencial en Colombia.
Desde ese día
Santos y el presidente Álvaro Uribe sacaron de sus agendas
las usuales advertencias contra la ingerencia de Hugo Chávez
en la política colombiana. También durante su programa
dominical de TV de ese día, fue la última ocasión en la cual
el mandatario venezolano mencionó el tema colombiano y sus
usuales ataques contra Santos.
Según fuentes
del alto gobierno venezolano, debe esperarse un período de
reacomodo de las relaciones entre Caracas y Bogotá. El tema
de las bases militares facilitadas por Colombia a EEUU
seguirá como telón de fondo en las relaciones, pero en
Miraflores estarían prestos a cambiar de tercio con
Colombia. Otro tanto han ofrecido personalidades vinculadas
a Santos.
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La amplia
ventaja obtenida por Santos en la primera vuelta ha hecho
que el llamado “sonajero ministerial” (el ejercicio para
adivinar el nombre de los ungidos) comenzara a sonar
temprano en Bogotá. Pero la lista de eventuales miembros del
gabinete de Santos se hace particularmente difícil de
predecir en razón de la multiplicidad de alianzas políticas
que rodean el éxito de su candidatura.
La autonomía
de Santos ante Uribe, o del “destete” como alguno lo ha
calificado, era el tema recurrente en las últimas horas
antes de las elecciones. Incluso el propio candidato Antanas
Mockus utilizó como argumento contra su contendor en los
últimos debates, una “esperable traición” de Santos a Uribe.
En todo caso, el desmarque de Santos con respecto a Uribe
comenzó temprano con la selección del ex sindicalista
Angelino Garzón, ajeno al uribismo, como compañero de
fórmula.
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No es un
secreto que Santos ha ido armando una estructura de alianzas
que van más allá de Uribe y que arropan incluso a grupos y
personalidades abiertamente enfrentadas con el actual
Presidente. Es un hecho que el “Uribismo sin Uribe”
comenzará a gobernar el próximo 07 de agosto, para lo cual
Santos aspira construir una plataforma de apoyo que ponga
fin al cruento enfrentamiento político e institucional que
ha caracterizado el segundo mandato de Uribe.
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Santos quiere
puentes firmes hacia el liberalismo lo cual podría
representar, a mediano plazo, el regreso del Partido Liberal
como tal a funciones de gobierno. La carta de apoyo del
expresidente Cesar Gaviria Trujillo a Santos, divulgada esta
semana y que generó escozor en la Casa de Nariño, sería una
prueba pública de esta tendencia. Incluso, se especula que
la primera batalla entre Uribe y el “Uribismo sin Uribe” ya
está cazada: sería a propósito de la elección el próximo 20
de julio del presidente de la Cámara de Representantes,
puesto al cual aspira Simón Gaviria Muñoz, hijo de Gaviria
Trujillo. Ya Uribe vetó a Gaviria: habrá que esperar la seña
que a ese propósito haga Santos la cual pudiera dibujar la
ruta del próximo gobierno colombiano.
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Rumores provenientes de Buenos
Aires y Caracas hacen sospechar que la ex embajadora de
Uribe en Caracas,
María
Ángela Holguín, podría ser figura importante en el gobierno
de Santos. La señora Holguín fue pieza relevante durante la
primera campaña electoral de Uribe (2002) y manifestó
públicamente su decepción al no ser escogida para el cargo
de Ministra de Relaciones Exteriores del primer gabinete.
Sus buenas relaciones con el para entonces embajador de
Chávez en Bogotá, Roy Chaderton, hicieron creer a Uribe que
ella podría llevar una relaciones distendidas con el
gobierno venezolano. Ahora su nombre se mueve en el
“sonajero” bogotano sin precisarse cuál podría ser su
figuración.
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Otro nombre
que muy probablemente ingrese a la lista gubernamental
colombiana será el de Ingrid Betancourt. La historia de
cercanías políticas entre Santos y Betancourt no se limita a
la operación que la liberó de las Farc: se remonta a sus
tiempos de común militancia en el Partido Liberal y a su
oposición al gobierno de su conmilitante Ernesto Sampero
Pizano.
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Como parte de
las nuevas sanciones aplicadas por el Consejo de Seguridad
de la ONU a Irán, Rusia anunció su decisión de no
suministrar a Teherán unidades del sistema misilístico de
defensa antiaérea S-300. El S-300 es un sistema móvil con
capacidad para detectar blancos aéreos, lanzar misiles y
controlar su trayectoria con alcance de hasta de 200
kilómetros. La venta a Irán de tres decenas de S-300 fue
formalizada en el 2007, pero a finales del 2009 trascendió a
la prensa los reclamos hechos por Irán a Moscú ante un largo
retraso en la entrega de estas armas. Anatoli Isaikin, el
director general de la empresa rusa Rosoboronexport
encargada de las ventas militares al extranjero, había
asegurado en enero pasado que Rusia cumpliría su compromiso.
Con la
aprobación del cuarto paquete de sanciones a Irán a
principios de junio, que incluyen la prohibición de que Irán
desarrolle misiles con capacidad de transportar armas
nucleares, Rusia inicialmente afirmó que el S-300 no formaba
parte de la lista de armamento vetado a Irán. La posición
rusa cambió rápidamente y Moscú hizo pública su decisión de
no entregar a Irán los ya negociados sistemas misilísticos
anti aéreos.
Simultáneamente, el propio Anatoli Isaikin se apresuró a
confirmar la entrega de sistemas S-300 pactada con
Venezuela. En cortas declaraciones distribuidas por la
agencia Ria Novosti, la cabeza del monopolio ruso de armas
confirmó que "La ejecución del contrato con Venezuela
continúa sin ningunos contratiempos".
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Artículo publicado originalmente en el diario El
Nuevo País |