Los acuerdos internacionales
para la protección a diplomáticos ya no amparan a los
representantes que Hugo Chávez y Cristina Kirchner mantienen
en Honduras.
Expertos en derecho diplomático y consular califican como
“limbo jurídico” la situación del primer secretario de la
ahora inexistente embajada de Venezuela ante el gobierno de
Honduras. Tanto Venezuela como Argentina, alegando que
desconocen al gobierno de Roberto Michelettti, han retado al
gobierno de Honduras haciendo caso omiso de la orden de que
su personal diplomático abandonara el territorio hondureño.
La situación de hecho en Honduras es que todos los poderes
constituidos en ese país han reconocido la legitimidad del
gobierno provisional de Micheletti. En consecuencia, el
pedido de que los diplomáticos de Venezuela y Argentina
abandonaran territorio hondureño, desacatada por
instrucciones de Caracas y Buenos Aires, es una orden
emitida por un Gobierno que a los efectos internos es el que
legítimamente representa al Estado hondureño.
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Sólo la buena voluntad del gobierno hondureño es la que
garantiza la permanencia de los diplomáticos venezolanos y
argentinos en Tegucigalpa. Las cancillerías de esos países
han colocado a sus funcionarios en la potencial situación de
poder ser extrañados mediante medidas coercitivas.
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Venezuela no está en una carrera armamentista, sino en un
proceso de rearme cuyos fines exclusivamente defensivos ya
son puestos en duda. Se trata de la opinión compartida por
destacados y diversos analistas de temas militares
regionales.
Lo cierto es que Chávez atravesó la tenue línea que separa
el usual reemplazo de material bélico, para entrar en un
franco proceso de rearme. El sentido meramente defensivo
alegado por Chávez para sus compras bélicas, ha quedado a un
lado ante la compra de sistemas coheteriles tierra - tierra
de fabricación rusa.
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En medios de prensa está de moda hablar de “carrera
armamentista” en Suramérica, especialmente por las
cuantiosas compras bélicas reveladas por Venezuela, Brasil y
Chile. Sin embargo, las adquisiciones de estos países no
parecieran ser respuestas de uno al otro.
Las compras brasileñas buscan potencializar su condición de
país continente y potencia regional con crecientes intereses
estratégicos en su fachada Atlántica (los enormes
reservorios petroleros) e impulsar el rol de productor de
material bélico.
Difícilmente puede considerarse que Chile esté actualizando
su panoplia en reacción a Venezuela. El gasto militar
colombiano, salvo las actualizaciones de sus aviones caza
Mirage, está básicamente orientado a su conflicto interno.
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La ampliación del arsenal venezolano oficialmente se
corresponde a la retomada hipótesis de guerra contra la
vecina Colombia y las nuevas hipótesis de un conflicto
contra una coalición encabezada por EEUU.
Así las cosas, la inexistencia de un país vecino que esté en
la tónica de incrementar notablemente su arsenal en directa
respuesta a Venezuela, niega que se esté en presencia de una
carrera armamentista, sino de un rearme unilateral por parte
de Chávez.
Venezuela está jugando sola al juego de incrementar su
parque de guerra, incorporando equipos que cambian la
doctrina de defensa del país, en una simbiosis de doctrina
de guerra convencional con guerra de resistencia. Al menos
eso es lo que pregona la teoría oficial.
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Hasta ahora el gobierno Chávez ha argumentado que sus
compras bélicas buscan el reemplazo de material obsoleto,
así como de aquel para el cual no cuentan con repuestos como
consecuencia del embargo impuesto por EEUU. En sus arengas
antiimperialistas, Chávez asegura que sus cuantiosas compras
recientes de equipos de guerra tendrían como propósito lo
que expertos suelen llamar “una modernización disuasiva”
ante un eventual ataque de EEUU vía Colombia. Pero la
cantidad y tipos de armas adquiridos por Chávez a Rusia,
cuya compra fue anunciada el fin de semana pasado, cambian
radicalmente la posición militar venezolana.
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En una curiosa demostración de poco dominio del listado de
armas compradas y de sus particulares especificaciones de
uso y capacidades, el presidente Chávez mostró en su
programa dominical de radio y TV del 13 de septiembre,
láminas con fotos de armas por él ordenadas a Rusia durante
su más reciente visita a Moscú. Aparte de una centena de
tanques de guerra T72 y una cantidad no revelada de
transportes blindados para tropas, Chávez resaltó su compra
de sistemas misilísticos y coheteriles.
El primero en ser anunciado por Chávez fue el Smerch S-300,
el cual no es un sistema antiaéreo como equivocadamente lo
reseñaron diversas agencias de noticias. El Smerch es un
sistema móvil con múltiples lanzadoras de cohetes (no
misiles!!!) y alcance de 90 kilómetros para hacer impacto en
blancos situados en tierra. Difícilmente puede considerarse
este armamento como meramente defensivo.
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Según reveló el propio Chávez, Venezuela habría adquirido
tres tipos de sistemas móviles de defensa antiaérea.
**La versión actualizada del Pechora ruso con misiles
capaces de dar en un blanco aéreo a 20 kilómetros de
distancia. Ese sistema puede utilizar misiles de vieja
tecnología de los cuales Cuba pudiera contar en su arsenal.
**El Buk M2, un sistema lanzador de misiles antiaéreos con
radio de acción de 30 kilómetros.
**La joya de la corona de las compras de Chávez es el
sistema Antey 2500 el cual, según la propaganda de sus
constructores, puede abatir aviones a 200 kilómetros de
distancia y misiles balísticos a 2500 kilómetros.
Estas adquisiciones se suman a la previa incorporación de
sistemas antiaéreos (de cortísimo alcance de 6.000 metros)
Igla-S, mostrados en el desfile del 19 de abril del 2009 en
Caracas. Estas armas Igla-S de uso personal, pudieran
corresponder a criterios de la “guerra de resistencia”
incluida en la actual doctrina militar venezolana.
Debe tomarse en cuenta que Venezuela desde el 2007 ha
enviado cadetes a Bielorrusia para realizar sus estudios
militares, especializándose en sistemas de defensa anti-
aéreos. Además, Chávez anunció el envío a Rusia de personal
militar a entrenarse en el uso del escudo antiaéreo con el
cual contaría Venezuela y para cuyo manejo se requiere
formación especializada.
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El presidente Lula da Silva, en declaraciones dadas el
viernes pasado en Porto Alegre, explicó que Chávez compraba
armas como reacción ante el “golpe de Estado” del 2002.
Un día antes, el Ministro de Defensa, Nelson Jobim, en
comparecencia ante la Comisión de Relaciones Exteriores y
Defensa del Senado, aseguró que Chávez había hecho compras
“de supermercado”. Jobim igualmente restó relevancia a la
dotación de aviones caza Sukhoi-30 en manos venezolanas,
augurando que se quedarán sin mantenimiento como ya ocurrió
con los MIG que posee Perú.
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Artículo publicado originalmente en el diario El
Nuevo País |