Los
militares colombianos comienzan a sentir una estrategia de
cerco sobre el país, y Chávez es el elemento común en cada
caso.
Históricamente los planificadores bélicos colombianos han
manejado en sus ejercicios teóricos tres hipótesis de
conflicto. Uno de ellos es de la guerra interna que
confronta. Los otros dos se refieren a la disputa con
Nicaragua sobre el Archipiélago de San Andrés (situado en
pleno Mar Caribe occidental)y una disputa con Venezuela ya
sea en razones de los límites en el Golfo de Venezuela o
sobre diversos temas pendientes entre ambos países. En todo
caso, la posibilidad de que los dos conflictos externos se
mezclaran parecía una probabilidad muy remota.
El quemante Golfo de Venezuela
El gobierno Chávez ha tratado el tema de la delimitación en
el Golfo de Venezuela con guantes de seda. Mantiene el
esquema creado por Carlos Andrés Pérez en 1990, de una
comisión negociadora con Colombia sobre cuyos avances en los
últimos ocho años el público no sabe nada.
Cuando Pdvsa decidió en el 2004 entregar concesiones
petroleras y gasíferas alrededor de la Península de
Paraguaná y en las proximidades de La Guajira, incluyó parte
del área en disputa con Colombia como parte del área a
adjudicar en el Golfo. Bogotá activó su aparato diplomático,
exigiendo a Caracas que se retirara este lote de la oferta
internacional. Chávez accedió con lo cual el tema quedó
resuelto inmediatamente, obteniendo Colombia una nueva
confirmación sobre su titularidad en una franja costera
frente a La Guajira. Este episodio daba que pensar que al
igual que en el caso guyanés, Chávez no estaría en
disposición de abrir una acción militar contra Colombia por
razones territoriales. Pero, tal como se comentaba en la
primera parte de este Informe publicado ayer, la “hipótesis
Venezuela” en los escritorios del alto mando colombiano se
ha convertido en la principal posibilidad de un
enfrentamiento.
Tenazas sobre Colombia
Cuando Chávez pintó -a finales del 2004- el mapa estratégico
de su revolución, colocó a Colombia y demás países del
Pacífico suramericano como parte de un eje controlado por
EEUU. Los triunfos electorales en Bolivia y Ecuador de dos
hombre promovidos por el Eje La Habana-Caracas (Evo Morales
y Rafael Correa) dejaron a Chile, Perú y Colombia como las
barajas ausentes en la mano de Chávez.
Los aliados de Chávez han comenzado una sistemática ofensiva
contra Colombia, que en el plano internacional y
especialmente en Washington, tiene consecuencias negativas
contra el gobierno de Uribe.
Simultáneamente, Correa presiona a Colombia para que
abandone las fumigaciones contra la coca en la frontera.
Esto aparte de aspectos ecológicos tiene un directo
contenido militar. Las erradicaciones manuales de matas de
coca que exige Ecuador a Colombia, representan un desvío de
los limitados recursos bélicos con los cuales cuenta Uribe
para enfrentar a la guerrilla. Mandar soldados a cuidar
campesinos que arrancan matas de coca es una reducción
directa del poder de fuego del ejército colombiano.
Otro aliado de Chávez, el comandante Daniel Ortega, revivió
el reclamo del Archipiélago de San Andrés y el caso está en
la Corte de La Haya. Latente la “hipótesis Venezuela” de
conflicto, ahora Ortega ha hecho la “hipótesis Nicaragua” se
dispare.
El 20 de julio, por primera vez en la historia, el desfile
militar por la fecha patria colombiana se realizó lejos de
la capital. Uribe se llevó a San Andrés militares, aviones y
barcos de guerra para mandarle un mensaje a Ortega: Colombia
no se desprenderá de San Andrés, ni para su entrega a
Nicaragua, ni para su declaración como país independiente.
El gesto de Uribe demostró el tenor con el cual los
militares en Bogotá están evaluando el caso nicaragüense:
hay una situación de potencial guerra.
Los tres frentes abiertos
Colombia tiene activadas sus tres hipótesis conflicto, y ha
tenido que sumar a Ecuador como parte de sus potenciales
adversarios.
La situación se presenta en momentos en los cuales la
política interna de EEUU, está provocando una seria caída en
la ayuda militar para Colombia. El Partido Demócrata está
solícito para oír todas las quejas contra Uribe, en materia
de Derechos Humanos y relaciones con los paramilitares.
La dinámica en Washington hace que la aprobación del Tratado
de Libre Comercio EEUU-Colombia, y la ayuda para acciones
del Plan Colombia estén pendiendo del hilo de los caprichos
e intereses electorales del Partido Demócrata.
Guerra con Venezuela
La semana que termina, trajo dos noticias que orientan hacia
la radicalización del conflicto guerrillero interno en
Colombia. Las negociaciones con el ELN sobre su desarme,
terminaron en rotundo fracaso. Y, mediante comunicados
publicados en Internet, las Farc y el ELN informaron que
llegaron a un pacto para actuar en conjunto en la zona
fronteriza del Catatumbo, limítrofe con Táchira y Zulia. A
esto se suma la aptitud retadora que muestran las Farc, más
atenta a su promoción internacional que a unas negociaciones
con el gobierno.
Así las cosas, los militares colombianos está seriamente
preocupados por su incapacidad para atender directamente
todos los frentes de potencial conflicto que se le han
abierto.
Mientras Venezuela está adquiriendo una panopla para guerra
terrestre, aérea y marina, con equipos de nueva generación,
Colombia apenas puede renovar su parque aéreo comprándole
sencillos aviones militares (Tucanos) a Brasil. Esta semana
las fuerzas aéreas de Brasil y Colombia ejecutaron en la
zona amazónica de Leticia, una operación combinada
denominada COLBRA II, diseñada para “consolidar
procedimientos coordinados entre los militares de ambos
países”. Lula y Uribe, silenciosamente, han ido armando una
alianza militar que, en la mente de los militares
brasileños, tiene como propósito detener a la única amenaza
bélica en la región: Venezuela.
Pero el apoyo de Brasil a Colombia siempre será limitado.
Ante la eventualidad de perder San Andrés o de un
enfrenamiento abierto con Venezuela, Bogotá tendrá que
recurrir a EEUU. Esta es una opción que pocos o nadie
quiere, pero que aparece claramente en el horizonte. San
Andrés es un virtual portaaviones en el Caribe, y EEUU no
aceptará que esté en manos de Nicaragua, ergo de Cuba y
Venezuela.
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Artículo publicado originalmente en el diario El
Nuevo País |