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La OEA y el castrismo
por Elizabeth Burgos
viernes, 10 julio 2009


El 30 de abril de 1948, veintiún países del continente americano reunidos en Bogotá, adoptaron la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA), en la que afirmaban su compromiso con las metas comunes y suscribían la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, - la primera expresión internacional de principios de derechos humanos. No obstante, desde sus inicios la OEA se vio confrontada a los estremecimientos cíclicos de los avatares de la vida política latinoamericana. Su fundación coincidió con uno de los momentos más violentos de la historia contemporánea del continente cuyas secuelas todavía se hacen sentir en Colombia, sede del evento. Ese acto fundacional, altamente simbólico, surgió en medio del estremecimiento de la ola de violencia que desencadenó el asesinato aún no totalmente esclarecido, del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril. Ola de violencia que se le dio el nombre de Bogotazo, de la cual Colombia sigue sufriendo hoy las consecuencias. Por cierto, el joven estudiante cubano, Fidel Castro, se encontraba presente en Bogotá durante esos acontecimientos.

 

Otro momento de tensión fue durante la Octava Cumbre en Punta del Este, el 31 de enero de 1962, cuando la OEA hubo de asumir la decisión de excluir a uno de sus miembros, a Cuba, tras la queja que elevara Venezuela por la responsabilidad directa de La Habana en la ola violencia que había estallado en el país cuando sectores de la izquierda venezolana, pese a que el país acaba de estrenar un régimen democrático, quiso implantar en Venezuela el sistema cubano. Venezuela había llevado las pruebas de esta intervención presentando las armas que habían sido introducidas en territorio venezolano que llevaban el sello de Cuba. Desde entonces, la guerra de Fidel Castro contra la OEA no ha cesado. Gracias a la presión de los gobiernos latinoamericanos actuales, en complicidad con Castro, Cuba fue reintegrada a la OEA, tras lo cual Fidel Castro respondió con desprecio declarando que Cuba jamás entraría en el seno de semejante institución. Su sed de venganza fue consumada.

 

Sin embargo, en época reciente, la OEA ha dado muestras de apartarse cada vez más del rigor  institucional que le corresponde a un ente de su naturaleza y en los últimos tiempos, se aúna la contaminación de la influencia de la dinámica desencadenada por el petropopulismo de Hugo Chávez, teleguiado por sus asesores cubanos. En lugar de darse su puesto  y garantizar su papel de arbitro neutro, ha demostrado fallas en las misiones que le son inherentes ante los métodos anti institucionales y anti democráticos que afectan a la región.

 

No expulsó al Perú tras al autogolpe de Estado perpetrado por Alberto Fujimori (1992) cuando anuló la constitución apoyado por el ejército. Tampoco aplicó sanciones al Ecuador luego del derrocamiento de los presidentes constitucionales que presidieron a Rafael Correa: Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad. Tampoco se conmovió la OEA ante el derrocamiento de Lucio Gutierrez en 2005 que  al igual que Zelaya en Honduras, fue secuestrado por militares, y ambos casos fue patente la participación, como hoy en Honduras, del presidente de Venezuela Hugo Chávez.  Menos aún, se mostró indiferente ante el reciente fraude electoral perpetrado por Daniel Ortega en Nicaragua.

 

El ascenso de Rafael Correa, - que sin el más mínimo vestigio de vergüenza, fue uno de los abanderados que se propuso como voluntario de la comitiva para restituir a Zelaya en el poder -,  se debe a que formara  parte de los que derrocaron a Lucio Gutierrez  y luego fuera miembro del gabinete golpista de Alfredo Palacios, reemplazante de Gutierrez, tras la ruptura constitucional.

 

Pero la ligereza de las posturas de la OEA se han hecho más patentes desde que el chileno José Manuel Insulza (mayo 2005) ocupa el cargo de Secretario general de la OEA. Con respecto a Venezuela, en donde las múltiples violaciones de los derechos humanos y su intervencionismo desestabilizador en los Estados de la región, se han convertido en una política de Estado, el Secretario General es sordo y ciego ante las violaciones flagrantes de las normas de la democracia y de los derechos humanos en ese país. En cambio, la OEA se movilizó de inmediato para aplicarle  sanciones a Honduras por el derrocamiento de Zelaya. Tampoco nunca ha elevado la menor crítica ante las violaciones flagrantes del Estado de derecho y de la democracia en Bolivia ni en ninguno de los países que integran el eje Chávez/Castro.

 

Lo más patético de la historia es que quines hoy abogan por que la OEA imponga la legalidad democrática, son aquellos quienes la violan constantemente.

 

Hoy el desprestigio de la OEA es patente y lo que mayormente ha contribuido a deslegitimarla es el comportamiento de su secretario General, el  chileno José Miguel Insulza quien toma partido por unos y lanza antemas contra otros. Lo demostró al  tomar la temeraria e incomprensible decisión de viajar a Honduras dejando muy claro que no iba a negociar sino a exigir la restitución de Zelaya en la presidencia de Honduras. No deja de parecer extraño que el Secretario General de una organización creada para negociar, entre en la escena de un conflicto blandiendo el arma de la radicalidad y negándose a reunirse con el presidente en ejercicio « para no darle legitimidad ». En lugar de calmar el fuego, su talante se asemeja al de un pirómano blandiendo el combustible de mayor capacidad de fuego.

 

Cabe preguntarse entonces a qué fue el secretario General de la OEA a Honduras. Pregunta que reviste una extrema pertinencia cuando se sabe – y ello entra dentro de lógica de su proyecto político expansionista- que el plan del presidente de Venezuela Hugo Chávez, que desde el principio abogó por una intervención militar, era el de arrastrar a los simpatizantes de Zelaya  a provocar un caos, obligando a las Fuerzas Armadas a intervenir para lograr el número de víctimas que harían olvidar quién fue le verdadero instigador de los hechos. Ya sabemos las consecuencias que habrían tenido esos hechos en la opinión pública internacional. Ni que hablar si hubieran acudido como lo manifestaron al principio, la presidenta de Argentina, el del Ecuador y el del Paraguay. El haber contemplado tamaña irresponsabilidad, merecía que fueran destituidos por considerarlos inaptos a ejercer responsabilidades de Estado.

 

El propio Chávez nunca disimuló su propósito de provocar la violencia. Lo declaró públicamente; dijo que « estaba siguiendo minuto a minuto » el desplazamiento del avión venezolano que llevaba Zelaya a bordo, al punto de no asistir a la ceremonia de conmemoración del 5 de Julio. De no haber actuado con la entereza que demostró el gobierno de Honduras, impidiendo el aterrizaje del avión venezolano con Zelaya a bordo, se hubiera dado la tragedia esperada por Chávez y sus consejeros cubanos expertos en operativos especiales.    

 

Tampoco deja de parecer inverosímil que el representante del régimen más enemigo de los  regimenes democráticos, Raúl Castro, aparezca hoy, con respecto al caso de Honduras, como el adalid de la democracia, llegando al extremo de exigir la intervención del presidente Barack Obama, cuando el régimen castrista lleva medio siglo, denunciando el imperialismo norteamericano y el que más anatemas ha lanzado en contra de la OEA y en contra de la democracia.

 

Prestarse a legitimar un operativo militar de esa naturaleza, que evidentemente estaba en marcha desde Venezuela, demuestra un grado de ingenuidad poco creíble en un responsable político como Insulza que ha ocupado los más altos cargos de gobierno en su país, faltándole la Presidencia de la República, ambición que no disimula.

 

La respuesta de su comportamiento tal vez se encuentre en una entrevista realizada durante su corta estadía en Honduras a  propósito de Cuba y difundida en video http://www.youtube.com/watch?v=d79dDrTvdHAen donde Insulza declara que la « fuente de legitimidad del sistema cubano se llama Fidel Castro » y acota que lo « dice con respeto y admiración por el personaje ». Que el hecho de llevar medio siglo en el poder, ha « determinado como legitimo un régimen como el que existe hoy en Cuba ». Afirma también que en América Latina « no se cuestiona ese régimen, lo que significa que el régimen tiene esa legitimidad ». Aboga por una transición que se dará cuando Fidel Castro ya no este presente, pero que será « un período prolongado, porque prolongado ha sido el proceso que ha existido ». También declara que no cree en una transición con represalias y ofrece como modelo el chileno, en el que no hubo represalias contra aquellos que participaron en el gobierno, pero si contra los que cometieron crímenes contra los derechos humanos. De sus  palabras se desprende que en Cuba no se han cometido crímenes contra los derechos humanos.

 

Cabe preguntarse entonces ¿ cómo una personalidad política chilena, que fue víctima de una dictadura militar, no tan reacia como la cubana, ni tan duradera, es cierto, que además por el hecho de ser chileno está programado, casi yo diría, genéticamente para  practicar la democracia y comportarse como demócrata ¿Qué lo mueve para prodigarle su admiración y respeto a uno de los personajes más nefastos de la historia de América Latina, y a considerar como legítima una dictadura tan cruel como la cubana ?

 

¿Ingenuidad de parte de un político curtido y sagaz? Credo ideológico como si se tratara de un simple militante de base? Ambas posibilidades no parecen factibles.

 

¿Que fuerzas ocultas lo mueven a actuar como si formara parte de un dispositivo que no comparte los principios de la organización que preside destinada a velar por la democracia y el respeto de la instituciones en todos los Estados y no solamente en aquellos que no se adscriben a las simpatías por Cuba ?

 

El poder de “convicción” que la capacidad de chantaje de los servicios cubanos  ha sabido suscitar son infinitos.

 

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 Especializada en etnopsicoanálisis e historia, consejera editorial de webarticulista.net,
autora de "Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia" (1982).
- Artículo publicado originalmente en el semanario ZETA


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