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1898 y el surgimiento del castrismo
por Elizabeth Burgos
viernes, 12 diciembre 2008


Escribo esta nota el 10 de diciembre, cuando se cumplen 110 años de la firma del tratado de París que puso punto final al imperio Español tras la guerra hispano-estadounidense. España, no sólo perdió Cuba, sino que cedió Puerto Rico, Guam, y, Filipinas a cambio de veinte millones de dólares.

Podríamos afirmar que allí está la fuente del calvario que le tocaría vivir a América latina a partir de 1959, porque el castrismo se origina en el trauma que vivieron las tropas independentistas cubanas en 1898 a raíz de haber favorecido la intervención de Estados Unidos en su guerra contra España, de allí que de guerra de independencia de los cubanos contra España, la guerra se convirtiera en guerra hispano-americana.

Por ello, los principales jefes del ejército independentista, que habían tenido, no una guerra de independencia sino tres: La Guerra de los diez años (1868-1879); la Guerra chiquita (1879); la Guerra d Independencia (1895-1898), cansados de tantos años de lucha y conscientes de que la guerra estaba lejos de ganarse pues Occidente estaba en poder de los españoles y los cubanos tenían Oriente : el mismo esquema que se había mantenido durante la “Guerra de los Diez Años”, decidieron favorecer una intervención de los Estados Unidos en la guerra. Incluso, el Presidente de la República en Armas y Tomás Estrada Palma, Delegado del Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí, hicieron gestiones ante un banquero para que convenciera al presiente McKinley de comprar a Cuba o simplemente sobornar a España para que abandonara la isla.

Máximo Gómez, máxima autoridad del Ejército independentista, manifestó su admiración por el “deber de humanidad y civilización” que Estados Unidos estaba llevando a Cabo en Cuba, en una carta que l escribiera al general Blanco. También le dice que le escribió al presidente McKinley y al general Miles para agradecerles la intervención americana. Y, mientras la delegación cubana en Estados Unidos daba la orden de ayudar al invasor, por su parte, ante la cercanía del peligro norteamericano, los españoles solicitaron aliarse con los cubanos para impedir la invasión de Estados Unidos. El rechazo de los cubanos fue rotundo, y lo demostró colaborando con las tropas invasoras.

No imaginaron los cubanos las humillaciones a las que serían sometidos. Primeramente, el ejército norteamericano se negó a reconocer la jerarquía militar de los jefes cubanos. Y pese a que el general Calixto García había jugado un papel fundamental en la acción de tomar Santiago, el ejército norteamericano le prohibió la entrada a la ciudad. Para completar el marco de las humillaciones, Estados Unidos negó cualquier reconocimiento de gobierno cubano en armas o autonomista: el congreso de EE UU sólo reconocía a la Corona española.

Este es el trauma que el infantilismo de Fidel Castro trata de resarcir, declarándole una guerra verbal a Estados Unidos desde hace medio siglo. Se propuso a rehacer la historia, a generar un ciclo histórico a partir de su persona. Mientras tanto, Estados Unidos , pese a todo, continúa siendo la primera potencia mundial y Cuba es hoy un país económicamente, y humanamente arruinado a la imagen del “Líder Máximo”. Nunca como en este caso, el esperpento valleinclaniano se ofrece como la representación fidedigna.

Cuba vivió cuatro años bajo un gobierno interventor americano, luego bajo la Enmienda Platt. Pero, como lo afirma sin ambages el historiador Manuel Moreno Fraginals, pese a significar una nueva dependencia, la ocupación norteamericana significó un avance pues separó Iglesia del Estado, obraron para que se celebraran las primeras elecciones municipales libres, organizaron un sistema de educación pública, rebajaron los aranceles del azúcar y el tabaco, tomaron medidas para mejorar la agricultura, la minería, el transporte, la salud, la higiene, en suma: Cuba vivió una aceleración de modernización.

Cuando Cuba ya se había encaminado hacia un verdadero desarrollo económico, institucional y económico pues contaba con una de las economías más florecientes del continente, llega el castrismo y la hace retroceder a la fase pre republicana echándose en brazos de los soviéticos. La nueva dependencia obliga a Cuba a venderle sus productos a un único comprador, a afiliarse a la ideología marxista-leninista, a enviar miles de estudiantes y de militares a formarse en el pensamiento único de la URSS, a apoyar al imperio tutelar en todas sus aventuras políticas, diplomáticas y militares, a aceptar que cada ministro fuera monitoreado por un experto soviético, a establecer bases militares en su territorio y hasta, hacer constar en su constitución su pertenencia a la “comunidad de países del campo socialista”.

El historiador británico, Hugh Thomas, en su monumental historia de Cuba opina que la guerra entre España y EE U en 1898, fue una prefiguración del choque entre Estados Unidos y la Unión soviética en 1962: la causa de la lucha era Cuba, pero en el momento de la crisis casi se olvidaron de la isla.

Es curiosa esa tendencia a la dependencia del castrismo, pues en el fondo lo que precisamente lo caracteriza, es su dependencia mental de Estados Unidos. Si la economía no funciona no es por su incompetencia, sino por culpa de Estados Unidos; si instauran un régimen totalitario y se niegan rotundamente a la democracia, es para fastidiar a Estados Unidos.

Ahora que los rusos manifiestan de nuevo su legendaria tendencia imperial, los cubanos vuelven de nuevo a comportarse como perritos falderos de ellos, tratando de actualizar la guerra fría. Sin embargo, se le puede otorgar circunstancias atenuantes al castrismo porque ejerce su tendencia a la dependencia con imperios de verdad; lo lastimoso, lo inexplicable es la Venezuela del llamado socialismo del siglo XXI que la han llevado a una dependencia de un sistema dependiente y fracasado.

El modo humillante en que se comportaron los norteamericanos hacia los cubanos, generó en esto últimos un resentimiento infinito. Pero debería llegar el momento de romper con el eslabón del trauma, porque quien le saca el mayor provecho a este estado de cosas, es el totalitarismo castrista quien se nutre del resentimiento pues este significa una legitimidad para su régimen.

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 Especializada en etnopsicoanálisis e historia, consejera editorial de webarticulista.net,
autora de "Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia" (1982).
- Artículo publicado originalmente en el semanario ZETA


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