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Fondo blanco 
por Eli Bravo  
sábado, 20 octubre 2007


Cada vez que me preguntan cómo veo la cosa en Venezuela respondo “como una borrachera a la que seguirá una resaca espantosa”. Las estragos etílicos los conozco bien: mi hígado es cobarde ante el alcohol y más de una vez amanecí anhelando desatornillarme la cabeza. Hoy en día bebo poco y en la fiestas me divierto con los beodos hasta que sus historias repetidas terminan por aburrirme. En el caso de la pea venezolana no encuentro divertimento sino horror, porque a todas luces es evidente que la historia va a repetirse: la promesa de un hombre y un orden nuevo terminará siendo, en el mejor de los casos, un mal sueño.

Esta embriaguez colectiva comienza por la sed de poder del gobierno, pasando por el apetito voraz de dinero circulante que tiene todo aquel con dos bolsillos en el pantalón, y termina en la militancia voluntariosa que ha transformado el culto a la personalidad en un estilo de vida. Desde Miraflores, Hugo Chávez intenta poner orden en la pea pero la tarea no es fácil: por un lado los disidentes le aguan el trago y por otro la realidad le amarga el coctel. Aún así hay que reconocerle sus dotes de barman mayor: ha sido capaz de intoxicar a más de medio país con su guarapita roja, a pesar de los nuevos impuestos al alcohol.

Lo más grave de esta rasca será el ratón inevitable cuando salga el sol. Especialmente el ratón moral, que es el peor de todos. Millones de dólares desaparecidos, una generación desencantada y las ganas de recoger lo dicho en medio de la euforia. Porque amanecerá y veremos que en el pico de la borrachera esa sensación de ser invencible y de estar cambiando el curso de la historia era en realidad la ilusión que arrojaba un caudal de dinero con los bríos de un discurso duro e incendiario.

El descorche de la reforma es una botella más en el camino. Los vapores espirituosos del debate nublan la realidad que por terca terminará revelándose: el Progreso Bolivariano es una reedición de la Venezuela Saudita donde el blanco es ahora granate y si antes la receta era neoliberal, la cartilla de ahora es socialista. Todo con el agravante de que mientras los más zaratacos disfrazan sus excesos bajo una moral revolucionaria, los camaradas de rumba condonan en nombre de la causa todo abuso y corrupción.

Son las dos y media en una enloquecida noche de farra. Amanecerá y veremos.

ebravo@unionradio.com.ve 

 
 

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