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Houston, tenemos problemas
por Eli Bravo  
jueves, 8 febrero 2007



Lisa Novak es una mujer de 43 años con tres hijos que hace siete meses orbitó la tierra a 28 mil Km./h. para manejar el brazo robótico del transbordador Discovery con la misma precisión que demostraba al batir tortas en su ayudante de cocina. Una persona que perdió el control al confundir amor con obsesión. Manejar 900 millas vistiendo pañales de adulto y aparecer en el aeropuerto de Orlando con un plan para presuntamente secuestrar y asesinar a la Capitana Colleen Shipman, su rival por el corazón del Comandante William Oefelein, fue una estupidez como las tantas que alimentan con pasión y sangre las páginas rojas de los diarios.

Pero Nowak es una astronauta y para los que no pasamos de volar a 30 mil pies en clase económica, si alguien tiene el temple de subirse a un vehículo espacial con 25 años de antigüedad que ha demostrado sus fallas y está propenso a terminar en llamas, entonces no puede quemarse en el fuego de una pasión enfermiza. Los astronautas no son solo héroes del imaginario terrícola, son unos robots programados por el epítome de la eficiencia en el planeta como lo es NASA. Pero como Nowak nos recordó, los astronautas también sufren, lloran, pagan sus cuentas y van al baño. El Dr. Jon Clark, quien perdió a su esposa Laurel en la tragedia del Columbia en 2003, aclaraba a la prensa que el drama contemporáneo de millones de mujeres obligadas a balancear sus vidas profesionales, maritales y de amas casa era igualmente un reto para las astronautas. A diferencia de sus contrapartes masculinas – dice Clark por experiencia propia- ellas no llegan a casa y encuentran todo listo para la cena.

Una heroína convertida en criminal, una historia apetecible que ha nutrido ese animal voraz como es la prensa. Una noticia que además, como apuntó el comediante Jon Stewart en su Daily Show, permitió salir del aburrimiento en una semana donde todo giraba en torno a más civiles muertos en Bagdad, 10 millardos de dólares perdidos en la reconstrucción de Irak, el presupuesto pantagruélico de la Casa Blanca que recorta planes sociales mientras aumenta el gasto militar y un Super Bowl pasado por agua donde los comerciales no arrancaron el júbilo de los televidentes.

Al final, la historia de Nowak nos toca más cerca. No vestiremos trajes espaciales, pero alguna vez hemos cometido una pequeña estupidez por amor.


ebravo@unionradio.com.ve 

 

 
 

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