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No me ames
por Eli Bravo
jueves, 12 octubre 2006

 

            Hay amores que matan, inútil decirlo, así como los hay que enferman, arruinan y deprimen. No es culpa de cupido que el amor se transforme en hambre, cuando en realidad se supone que existe para saciarnos. Pero es que una cosa es el amor y otra la que hacemos los humanos con ese sentimiento. Cuando en nombre del amor destruimos, toca buscarle otra excusa a nuestros desmanes. Por eso, a veces hay que huir del amor antes de caer en sus garras, porque si ese amor nos hace sufrir, y que me perdonen los boleristas, mejor buscarse otra amante.

            Amar con el corazón puede ser delicioso, pero conviene meter la cabeza en el acto: la razón es el contrapeso de esos impulsos pasionales que nos pueden tirar de bruces, así que una dosis de lucidez es el antídoto para los amores que son penas sin glorias. Si después de unos años el amor nos tiene en los huesos, quizás haya que decirle al corazón que recapacite. O como dice el escritor Walter Riso, el amor sin límites es suicida y por ello conviene ponderar a tiempo si conviene o no mantener una relación.

            En estos días Hugo Chávez habla de amor, lo ofrece y lo solicita, nada extraño de este Zelig político, un hombre que se ha abierto paso en la vida vistiéndose para la ocasión, en este caso, con un amor de príncipe azul para seducir a votantes incautos, esos que desfilan por los caminos de la indecisión y podrían decidir las presidenciales. Que sus seguidores lo sigan queriendo, no es de extrañar, habrá quienes lo hacen por amor y otros por interés. Pero que a estas alturas de la relación haya quien escuche sus cortejos, la verdad, denota una candidez pasmosa o un masoquismo crónico. En ambos casos se podría decir que prefieren ser unos malqueridos.

            “Necesito más tiempo”, dice el amoroso candidato en primer plano televisivo, “necesito tu voto, por amor”. ¿Será que esta vez se romperá el hechizo y los venezolanos verán que el emperador está desnudo y viaja en una calabaza? Darle la espalda al amor puede ser el inicio de una nueva vida, una donde reine el amor propio y no el carisma de un hombre que sonríe a conveniencia. Hay amores que es mejor desechar, porque a fin de cuentas, el amor existe para hacernos felices, o al menos, para ahorrarnos desgracias.

ebravo@unionradio.com.ve 

 
 
 
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