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Ante el golpe institucional:
No a la enmienda
por Antonio Sánchez García  
domingo, 21 diciembre 2008


Soberano es quien decide del estado de excepción
Carl Schmitt

 

Así parezca contradictorio, lo cierto es que el visto bueno de la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia no hace más que subrayar el carácter anticonstitucional y golpista del proyecto de enmienda y la naturaleza ilegítima de un gobierno que pretende eternizarse en el Poder por cualquier medio. Incluido los seudo legales. Si hubiera actuado apegada a derecho, hubiera desenmascarado el carácter dictatorial del régimen, cosa que ella aprueba por razones propias a una magistratura espuria y bastarda. El Washington Post, en cambio, que no se halla arrodillado ante el ejecutivo como sí lo está el TSJ, lo ha comprendido a cabalidad: no contando con el espíritu de la letra, no tiene el régimen otro recurso que el fraude o la fuerza. Pues además de inconstitucional, la enmienda es impopular. Viola los principios fundamentales de nuestra Carta Magna, violenta los artículos 340 al 345 y pretende imponerse desconociendo la voluntad soberana expresada de manera indiscutible y categórica el 2D, que rechazara el continuismo y la reelección siguiendo una ancestral tradición nacional. Peor aún: vuelve hoy al ruedo a redropelo de la voluntad ciudadana, que la rechaza en una proporción de 3 a 1. Así la Asamblea, otro poder espurio y genuflexo, – expresión del 15% de la ciudadanía – se preste a solicitarla. Por órdenes del presidente de la república, se subentiende. Mayor despotismo, imposible.

Se repite de manera mecánica, impositiva y antidemocrática el improperio jurídico que condujese a la derrota del golpe constitucional del 2D. Entonces lo subrayamos hasta la saciedad: el referéndum viola el espíritu y la letra de la constitución, pues pretende alterar uno de los principios fundamentales de la Carta Magna, cual es la naturaleza alternativa del gobierno, por un medio que le es impropio. Sólo una Asamblea Constituyente tendría la potestad de alterar y modificar tales principios fundamentales. Es más: rechazada una reforma durante un lapso de gobierno, tanto la enmienda como la reforma estipulan que el tema en cuestión no podrá ser replanteado durante el mismo lapso. ¿Por qué, si tanto es el empeño, el presidente de la república no plantea la convocatoria a una asamblea constituyente?

Por una razón muy sencilla: porque el presidente de la república no está dispuesto a poner en juego su propio cargo, ni los asambleistas y magistrados a jugarse el destino en una apuesta de tan alto riesgo. Tanto el uno como los otros son tramposos, malevos y amañados. Y no parecen dispuestos a soltar las ubres de la corrupción y el latrocinio que los alimenta. De allí la verdad que el Washington Post declara a gritos: el gobierno pierde de todas todas. Sólo mediante el fraude y el ejercicio de la fuerza, torciendo el espíritu y la letra constitucionales, puede amañar una victoria tan pírrica como la que pretende. De imponerla mediante sus consabidos artilugios – un CNE amaestrado y un Registro Electoral tan falso como Judas – no le servirá de nada. Será la mampara de una fuerza aparente que no asegura nada, más que el brutal ejercicio de una política sin convencimiento, de una legitimidad ilegal, de un derecho que se acatará, pero no encontrará cumplimiento.

De allí la falsedad del proceso y la intrínseca debilidad del régimen; de allí la verdad opositora y la fortaleza de las fuerzas democráticas. Si gana el régimen, lo hará sobre la sospecha nunca aclarada de su descarada manipulación. Si pierde, no tomará en serio los resultados. ¿O es que el presidente de la república tendrá la grandeza de un De Gaulle y pondrá su cargo a la orden? Fuego fatuo el del teniente coronel. Pura faramalla. Boxea con su sombra. El sol le está arañando sus espaldas.

sanchez2000@cantv.net

 
 

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