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Alvaro Uribe, la grandeza de un líder
por Antonio Sánchez García  
lunes, 2 junio 2008


“Cuando un Estado democrático se propone derrotar el terrorismo

no hay terrorista que pueda triunfar”

Álvaro Uribe

 

            Coraje y decisión: las dos máximas cualidades que deben encarnar en un líder político parecen haberse hecho realidad en el presidente de Colombia Álvaro Uribe. Está logrando lo que muy pocos creyeron: liquidar a las guerrillas más antiguas del mundo y diezmar un liderazgo que hace apenas unos meses muchos dieron por indestructible. Más importante aún: lo ha logrado luchando contra importantes factores externos  y contando con el casi unánime respaldo de su pueblo, respetando todas las normas del Estado de derecho que impera en la hermana república y haciendo un uso intensivo y extensivo de sus fuerzas armadas, templadas en el patriotismo de la defensa de la soberanía, la absoluta subordinación al mando civil y el irrestricto respeto y obediencia a su alta profesionalidad. De allí que podamos concluir sin un mínimo de duda que la guerra que libra Álvaro Uribe contra la subversión y las narcoguerrillas pasará a los anales de la historia. Como un modelo de grandeza política e integridad militar.

 

            Pero esta obra magnífica de talento político y militar no hubiera sido posible sin un liderazgo a la altura de las circunstancias. Y con ello no me refiero a ese sector del establecimiento político colombiano que no supo enfrentar el horror de las narcoguerrillas en el pasado y ya medra a la sombra de poder volver a asumir la presidencia de la república. Me refiero a quienes no le han mezquinado el apoyo y respaldo a Álvaro Uribe. Me refiero a los medios de comunicación. Y me refiero en particular al ministro de la defensa, de un rigor y una valentía indiscutibles. Y a los parlamentarios que comprendieron que hay circunstancias excepcionales en que la unidad y la cohesión son un arma invencible cuando de enfrentar a los enemigos jurados de la democracia se trata.

 

            Pienso en todo ello mientras observo el triste panorama que ofrece la oposición partidista venezolana ante los desmanes del presidente de la república. Confabulado con el terrorismo y embarcado en una aventura estúpida y absurda, pero aparentemente exitosa ante la inopia de quienes aún no entienden la gravedad de la tragedia que vivimos. Lo resumiría en una sola carencia: falta de patriotismo. Falta de conciencia nacional. Falta de coraje y decisión. La antípoca al comportamiento que muestra Álvaro Uribe ante los aliados y socios estratégicos del chavismo.

 

            Aún no comprenden que de no enfrentarse frontalmente y sin vacilaciones al totalitarismo reinante, sin esperar un segundo más, Venezuela puede caer presa no sólo del totalitarismo ya en desarrollo. Sino en una guerra civil tan cruenta y prolongada como la que vive Colombia desde hace cuarenta años. Anteponer a ese tenebroso panorama los intereses aldeanos y cerriles de una alcaldía, supone una pobreza de miras, una bajeza de propósitos y una estulticia política rayanas en la demencia.

 

            La tragedia de Venezuela no radica tanto en los peligros que la acechan desde el chavismo. Radica en la cobardía, la mezquindad y la inopia de quienes lideran gran parte de los partidos políticos opositores. Como sucediera con todos los totalitarismos, que se impusieran antes por la flaqueza y mezquindad de sus oposiciones que por la fuerza y la grandeza del liderazgo totalitario. Clama el país por un nuevo liderazgo democrático. Está en ciernes: es preciso darle un contundente respaldo.

sanchez2000@cantv.net

 
 

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