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Frente al futuro
por Antonio Sánchez García
 
sábado, 15 diciembre 2007


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            Venezuela y el mundo han tomado debida cuenta de la trascendencia que para nuestro futuro y el de la región tendrá el triunfo de la oposición democrática en el referéndum-plebiscito del pasado 2 de diciembre. Joaquín Castañeda, ex ministro de relaciones exteriores durante el gobierno de Vicente Fox, escribe en un importante artículo de opinión publicado en el influyente semanario norteamericano Newsweek de un “turning point”: un punto de inflexión. La historia de Venezuela y muy posiblemente el de la región entera, como también lo señalara recientemente durante su breve estadía en Caracas el historiador mexicano Enrique Krauze, se abre hacia nuevos derroteros. Y todo parece indicar que ese giro hacia una nueva realidad política en Venezuela y el continente será para mejor. Dios lo quiera para siempre.

 

            Es de vital importancia que la sociedad venezolana y especialmente sus élites comprendan el significado de este hecho de tantas proyecciones. Y luego de comprenderlo a cabalidad asuman sus responsabilidades de liderazgo con la consciencia de la trascendencia histórica del momento. La hora exigir abandonar hábitos, mañas y taras de la politiquería tradicional – las mismas que nos empujaran a este abismo del que aparentemente comenzamos a salir –, renunciar a las mezquindades políticas y extraer de nuestro reservorio de experiencias y actitudes lo mejor de nosotros. Es hora de abandonar el aldeanismo político y mirar a ese mundo ancho y magnífico de la modernidad, que todavía nos es ajeno. Recuperando esa Política con mayúsculas, de que hicieran gala nuestros mayores en las horas más esplendorosas de la fundación de nuestra democracia, hace ya cincuenta años.

 

            No es, pues, la hora de cacicazgos, de jefaturas aldeanas, de clientelismos bastardos, de ambiciones mezquinas. No es la hora de partidismos espurios. No es la hora de parcelas, ni mucho menos de caudillismos. Es la hora de la Política con Mayúscula para reiniciar nuestra andadura tras la realidad de una Patria con mayúsculas.

 

            El 2 de diciembre, contrariamente a lo que imaginan la intolerancia, la estupidez y la prepotencia gobernantes, el pueblo venezolano superó la gran prueba de su madurez democrática. Supo separar la paja del trigo, la simpatía de la responsabilidad, la adhesión de la conciencia, los intereses individuales de los destinos colectivos. Ese pueblo no sólo está suficientemente maduro para asumir sus responsabilidades históricas. Clama por un liderazgo generoso, responsable, ecuánime y  patriótico. Que esté a la altura de sus circunstancias.

 

            Tres de cada cuatro venezolanos expresaron su voluntad de oponerse al totalitarismo. Ahora exigen que sus élites los acompañen en la construcción del futuro. Definirlo, programarlo y prepararse desde ahora mismo para convertirlo en realidad se convierten en un imperativo ineludible. Es el desafío del momento.

 

2

 

            Ciertamente: ese futuro, en lo inmediato, ya ha sido definido. Quienes le dijeron NO a la Reforma Constitucional – porque atinaron en la comprensión de los gravísimos males que acarreaba para la República  -  apuestan por la paz y la convivencia pacífica. Por la reconciliación nacional y el entendimiento entre quienes han estado hasta ahora cruelmente divididos. Por la seguridad ciudadana, el derecho a la vida, el respeto a las instituciones. Por la honestidad en el ejercicio de las funciones públicas. Por la decencia y honradez de nuestros dirigentes – en actos y palabras, en gestos y actitudes. Por la protección a los desvalidos y el amor a la patria. Por la solidaridad para con nuestros pueblos hermanos. Pero sin descuidar ni menospreciar a nuestro propio pueblo. Y por sobre todo: por el cuidado material y espiritual de quienes deben vivir en permanente zozobra, angustiados por la carencias ante sus más básicas necesidades: seguridad, pan, salud, trabajo, techo y abrigo. Libertad, justicia e igualdad: nuestros ancestrales valores ciudadanos. Y respeto sacrosanto a sus vidas. En una palabra que es preciso reinventar en todo su magnífico esplendor: democracia.

 

            Son valores profundamente afincados en nuestra conciencia histórica, gravemente perturbados y atropellados durante estos nueve años de mal gobierno. Que, como bien ha sido subrayado por las más lúcidas conciencias de nuestro país, no han hecho más que amplificar, agravar y envilecer los peores aspectos de la gestión pública de los gobiernos democráticos del pasado. Culpables de no haber sabido materializar las aspiraciones de modernidad que latían en lo profundo de nuestra sociedad, estableciendo en cambio una economía subsidiada y dependiente de nuestro principal ingreso fiscal – el Petro-estado democrático - y haberlo malversado para comprar conciencias y adhesiones políticas: populismo represor y cacicazgo – El Petro-estado socialista y autocrático.

 

            Nuestra sociedad se debate, pues, entre ambas tensiones: de una parte los anhelos por modernidad, progreso y desarrollo, para lo cual ya existen las condiciones objetivas – el desarrollo material alcanzado durante los últimos sesenta años – y las condiciones subjetivas – un desarrollo educativo y cultural expresado en nuevas generaciones dirigentes, profesionales y empresariales perfectamente capacitadas para dirigir nuestro país y ubicarlo en el concierto universal de las naciones más desarrolladas. Y de otra parte las fuerzas retrógradas y conservadoras, lastradas por prejuicios y males endémicos objetivos – el retraso, la pobreza y la miseria - y subjetivos – la marginalidad cultural de vastos sectores mantenidos al margen del progreso espiritual de la humanidad y el pleno disfrute de los bienes de la cultura y la civilización.

 

            Esa lucha entre regresión y modernidad, entre populismo autoritario y democracia social, entre estatismo y libertad signan la característica esencial de nuestra crisis. El 2D dimos un gigantesco paso al frente  hacia su resolución. Falta lo más difícil e importante: superar las acechanzas del presente y hacernos a la aventura del futuro.

3

 

            El principal desafío del momento radica en la construcción de las bases políticas, ideológicas y sociales que permitan dicho tránsito a la democracia social y a la modernidad de manera pacífica y consensuada. De manera progresiva y contando con el auxilio de todos los sectores sociales y políticos involucrados en ella. Sin traumas ni violencias. Sin exclusiones ni sacrificios. Sin el saldo de sangre y vidas que lastraran desde los comienzos republicanos nuestra vida independiente.

 

            Ello no sólo es posible: es altamente deseable. Es más: lograrlo con éxito es parte de la resolución misma. Dando de paso una lección del altísimo nivel de civismo y madurez política alcanzado por nuestra sociedad en todos sus estratos. Que le permitirían lanzarse a la insólita y desgraciada aventura del arrebato más demencial conocido por la historia del populismo y la demagogia del siglo XX latinoamericano – la triste y desaforada historia del chavismo, un capítulo que muchos atribuyen más a la literatura del realismo maravilloso que a nuestra  historia política – sin sufrir en el intento los graves y trágicos desajustes que pudieron resultar de ello: el montaje de una espantosa tiranía. Como la castrista.

 

            Es esencial no perder de vista que dicha transición, que ya ha comenzado entre nosotros y que tuviera su primera y exitosa expresión con la derrota de la mal llamada reforma constitucional, supone un trabajo de ingeniería política extremadamente difícil y compleja. El comienzo de esta transición, precisamente por constituir el principio del fin de este régimen, está plagado de acechanzas y peligros. Los sectores más recalcitrantes de la regresión y la barbarie siguen afincados en los mandos de todas las instituciones del Estado. No renunciarán de buen grado al sueño de revitalizar las viejas taras del despotismo venezolano.

 

            Van contra la corriente de la historia y aspiran objetivos contrarios a la naturaleza de los tiempos. En tanto que la transición hacia la democracia social y el pleno disfrute de las libertades individuales y colectivas se corresponden con el sentido histórico de la modernidad. El primer factor necesario como para impulsar y articular esta transición ya está presentes: los jóvenes y sus extraordinarios liderazgos. El segundo de ellos ya se avizora: la modernización de los partidos políticos y su adecuación ideológica y orgánica a una sociedad moderna, no corporativa, clientelar ni estatólatra. El más importante de ellos ha dado prueba no sólo de madurez cívica, paciencia y tenacidad sino de una extraordinaria capacidad de recuperación: la sociedad civil.

 

            Son signos auspiciosos que apuntan hacia un magnífico futuro. Deben ser leídos e interpretados correctamente por nuestras élites. Refrenando simultáneamente sus naturales impulsos corporativos. Deslastrándose de las viejas ideologías y preconceptos. Y abriendo sus corazones a una Política con Mayúsculas para así construir una Patria con Mayúsculas.

 

            A ella nos debemos.

sanchez2000@cantv.net

 
 

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