Inicio | Editor | Contáctenos 
 
 

Maquiavelo y EE.UU. 
por Aníbal Romero  
miércoles, 21 julio 2008


El capítulo XVII de El Príncipe está dedicado a “Las ventajas del ser amado o temido”. Allí dice Maquiavelo que “Los hombres temen menos ofender a quien se hace amar que al que inspira temor; porque la amistad es sólo un lazo moral, lazo que por ser los hombres malos rompen en muchas ocasiones, dando preferencia a sus intereses; pero el temor lo mantiene el miedo a un castigo que constantemente se quiere evitar”. Deseo aplicar este precepto al actual panorama internacional y la política exterior de Estados Unidos.

Tres constataciones son cruciales: 1) Vivimos en tiempos de predominio del romanticismo político, de la tendencia a subordinar la razón a las emociones, a analizar la política desde una perspectiva sentimental, y a restar relevancia a la presencia del mal como factor de la existencia humana, a lo que se suman el relativismo moral y el deseo de igualar todas las posiciones en la medida que “sean sinceras”. 2) El romanticismo político presume que las guerras son fenómenos ajenos a la historia real; más que errores las considera aberraciones. El ejercicio de la política, a su vez, es interpretado como expresión de una buena voluntad. 3) El romanticismo político vive de la ambigüedad, su valor es el sentimiento y su enemigo la decisión. Decidir es un pecado pues exige actuar, y lo que hoy importa es “entenderse”.

Por ello, y precisamente en un mundo en el que los desafíos del mal, encarnados en el radicalismo fundamentalista, el mesianismo político y el terrorismo crecen, la única superpotencia y exclusiva instancia portadora de un principio de orden internacional, los Estados Unidos, país que de paso es bastión de libertad y democracia, se ve cuestionado por casi todos, y la actual campaña electoral se asemeja a un concurso de relaciones públicas global. El universo cultural entregado al romanticismo político espera que el Presidente de Estados Unidos se comporte a la manera del Jefe de la Cruz Roja, o del Secretario de la entelequia llamada ONU, y aspira que no sea un estadista sino un curandero de almas, una especie de emisario de la virtud en lugar del severo y vigilante protector de la nación frente a sus implacables enemigos.

Estas fantasías, nutridas por medios de comunicación masivos e influenciados por una izquierda que perdió la brújula, han servido para distorsionar el significado geopolítico de las acciones de Washington en el Medio Oriente, para minimizar las amenazas a la libertad, y para inflar de modo absurdo e insensato las expectativas en torno a la figura romántica y mesiánica de Barack Obama y lo que podría ocurrir en el mundo si llegase a alcanzar la Presidencia. Todos olvidan lo que pasó cuando el “perverso” Nixon fue sustituido por el “virtuoso” Carter. Todos se entregan a la ensoñación según la cual lo que debe buscar el conductor de la superpotencia que sostiene la libertad es el beneplácito de los europeos y los latinoamericanos, de los intelectuales parisinos y los universitarios berlineses y mexicanos, como si la Presidencia de EEUU fuese una obra caritativa o una competencia de bondad.

Maquiavelo reiría y sufriría a la vez ante tal ingenuidad. Con facilidad comprobaría que las ilusiones que hoy dominan el mundo, que pretenden que el Presidente de EEUU debe ser amado en lugar de ser temido, y que convierten la política internacional en una versión de Alicia en el país de las maravillas, resultan de una pasmosa ignorancia de la historia, así como del desgano vital producido por una prosperidad carente de fibras morales.

 
 

© Copyright 2007 - WebArticulista.net - Todos los Derechos Reservados.