Dos
prestigiosas empresas encuestadoras de EEUU, Gallup y
Rasmussen, reflejan en sus más actualizados informes (que
pueden consultarse en: www.realclearpolitics.com) una
ventaja de alrededor de cuatro puntos a nivel nacional al
precandidato Demócrata sobre su rival, el Republicano John
McCain. A pesar de su triunfo sobre Hillary Clinton, del
viento que sopla en contra de una nueva victoria
Republicana, y del favoritismo abrumador de los medios de
comunicación hacia su persona, Obama no logra todavía
desprenderse de modo contundente de su contrincante. Ello
sugiere prudencia en los pronósticos, pues luce probable
que la elección presidencial de noviembre resulte reñida.
Que los Republicanos anden preocupados es natural, dadas
las circunstancias, pero tengo la impresión que también
existen desconcierto e incertidumbre en el bando
Demócrata. Hasta el New York Times, diario que ha
abandonado cualquier semblanza de equilibrio en esta
contienda, cuestionó amargamente a Obama en un reciente
editorial por su acelerado retroceso sobre temas que se
creían esenciales para su mensaje de cambio. Lo más
llamativo e importante tiene que ver con los vaivenes de
Obama respecto a Irak.
Como se recordará, Obama había hecho de una pronta
retirada de las tropas estadounidenses un compromiso
medular de su proyecto político. Sin embargo, en una
alocución matutina del pasado día jueves 3 de julio, Obama
anunció que seguramente “refinará” esa postura, que los
ajustes se harán después de un próximo viaje a Irak hacia
fines del verano y de sus consultas entonces con los
comandantes militares en el terreno. Este paso atrás en
torno a un asunto que como ningún otro despierta las
pasiones de la izquierda norteamericana, desatando con
furia el síndrome de desquiciamiento anti-Bush, suscitó de
inmediato la ira de la militancia Demócrata y sus aliados
comunicacionales. De manera que, como ya nos tiene
acostumbrados, Obama organizó otra rueda de prensa en la
tarde de ese día para aclarar lo que había querido
realmente decir en la mañana, enredándose otro poco en el
camino.
Es comprensible que el candidato Demócrata intente
preservar cierta flexibilidad, moderar sus originales
posturas radicales y aproximarse al centro político. Lo
que no obstante despierta interrogantes es si detrás de
sus movidas de ajedrez existe alguna espina dorsal
coherente, un eje inequívoco de principios y una postura
estratégica, o se trata meramente de las jugadas de otro
político pragmático. En el caso de Obama, que ha procurado
presentarse al electorado como una especie de mesías, no
contaminado por las prácticas tradicionales y maniobras
del pasado, y como un agente de transformación rodeado de
un aura de santidad, la acusación de que es tan humano,
calculador y cínico como el resto tiene poderosos efectos.
Los Republicanos no han perdido tiempo para aplicarle a
Obama el mismo tratamiento de zigzagueante oportunista que
dieron a John Kerry, y creo que de nuevo el candidato
Demócrata genera razones para ello.
Obama ha argumentado que las decisiones de Bush han
acrecentado los peligros y hecho más vulnerable a EEUU de
lo que ocurría antes del 11 de septiembre de 2001. Ahora
bien, ¿cómo se compagina esa aseveración con el hecho
innegable que no se han producido nuevos ataques
terroristas masivos en suelo norteamericano, y que Bush,
digan lo que digan, ha venido cumpliendo con éxito la
principal misión que la historia decretó para su mandato?
Los vaivenes de Obama sobre Irak tienen su raíz en la
realidad del éxito del dueto Bush-Petraeus y de los
admirables iraquíes que están pacificando su país. ¿Lo
reconocerá así eventualmente el candidato demócrata? Lo
dudo…