Debo
admitirlo: me alegró mucho el episodio rocambolesco
protagonizado entre el Rey de España, Rodríguez Zapatero y
el disparatado caudillo venezolano. Mas no porque Juan
Carlos haya visto colmada, al fin, su paciencia e
imprecado a Chávez, poniéndole en su lugar. A mi modo de
ver eso fue secundario. Lo que verdaderamente me llenó de
gozo fue contemplar a todos los "dignatarios" allí
reunidos aguantarse la grosería y fanfarronería de nuestro
prócer tropical. ¡Ya
era hora! Los venezolanos tenemos casi una década
soportando los desplantes del eterno aspirante a dictador,
empeñado en erigirse a plenitud como tal, sin que en parte
alguna se haya levantado una sola voz de solidaridad hacia
la democracia y la libertad de este país.
¡Ya era hora, repito con alegría! ¿No fue acaso Moratinos,
el Canciller español, quien hace pocas semanas aseveró que
la reforma constitucional de Chávez, que liquidará
derechos fundamentales de los venezolanos, es "legítima"?
¿No ha sido acaso el gobierno de Rodríguez Zapatero el que
ha convertido la Embajada de España en Caracas en una
agencia de negocios? ¿Y qué decir de los gobiernos
latinoamericanos? ¿No fue acaso la Embajada de El
Salvador, país cuya democracia tanto le debe a Venezuela,
la que negó el asilo a los Comisarios Forero y Vivas,
condenándoles a la infamante "justicia" del régimen
chavista, que aún les mantiene en la cárcel?
¿Y qué han dicho Bachelet, Calderón, Lula y el resto de
mandatarios latinoamericanos acerca del sistemático
desmantelamiento del Estado de Derecho en Venezuela, para
no hablar de francos oportunistas como Kirchner o de
vasallos sin vergüenza como Morales y Ortega?
La democracia venezolana ha sido traicionada por el resto
de América Latina, y también por España. Hombres como Fox
y García alguna vez se atrevieron a plantársele a Chávez,
pero sólo porque fueron objeto de agresiones e insultos
personales directos y prácticamente intolerables. Mas
produce pena ajena contemplar a la Bachelet, por ejemplo,
cuando se topa con Chávez, o percibir el silencio
atronador que emana de la Secretaría General de la OEA,
encabezada por un personaje deleznable que formará parte
del elenco de los más tristes fantoches que han ocupado
ese jugoso cargo en Washington.
En lo años setenta, ochenta y noventa Venezuela fue
refugio para miles de exiliados y perseguidos de las
tiranías en toda América Latina. En mi Universidad, la
Simón Bolívar, hallaron trabajo y amistad decenas de
brillantes académicos del Cono Sur y otras partes que nos
llenaron y llenan de orgullo. Este país se prodigó en
ayuda para expandir la democracia a lo largo y ancho del
continente. ¿Dónde está el Rómulo Betancourt que se
enfrentó a Castro con todos los hierros para defender la
libertad? Lo que hoy vemos en los dirigentes
latinoamericanos es cobardía, oportunismo y corrupción
moral, pues carecen de principios.
¿Y no se suma acaso al miedo, al oportunismo y la
corrupción moral el hecho que Chávez es un gobernante de
izquierda? ¿Sería igual la actitud de otros en
Latinoamérica si el que pisotease la libertad y dignidad
de los venezolanos fuese, por caso, un político o militar
de derecha? ¿Existe una doble moral en todo esto, que
protege a la izquierda a toda costa? Hoy la prensa y
televisión españolas se rasgan las vestiduras ante lo
acontecido la pasada semana en Chile. ¿Pero no
fueron El País, El Mundo y La Vanguardia por años
complacientes hacia Chávez y su socialismo refrito?
La "cumbre" de Santiago fue una maravilla: lo tenían
merecido.